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Tamorlán la última esperanza de la Europa medieval


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06/10/2013


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EL CAUDILLO MONGOL QUE FRENÓ EL AVANCE TURCO CONTEXTO: EL PELIGRO OTOMANO EN LA EUROPA DEL S.XIV


A finales del s.XIV el dominio turco en la Europa Oriental empieza a adquirir unas dimensiones preocupantes en diversos territorios del Imperio Bizantino como Hungría, Dalmacia o Albania, además de Constantinopla que sufría desde hacía tiempo frecuentes y prolongados asedios. 

Tras la decisiva derrota de Kosovo el 28 de junio de 1389, donde murieron los líderes de ambos ejércitos, tanto el príncipe serbio Lazar Hrebeljanovic como el sultán Murad I, la dominación otomana cobra un nuevo empuje conquistando gran parte de los Balcanes y del Imperio Bizantino que se vió, desde entonces, reducido al área que rodeaba a Constantinopla suponiendo un gran acoso para sus moradores.

Los turcos avanzaban y saltaron las alarmas en todo el mundo cristiano.

LA CRUZADA DE NICÓPOLIS Habian motivos suficientes para organizar una expedición militar,- el Papa Bonifacio IX la bendijo como Cruzada-, contra el nuevo gran sultán otomano Beyacid I conocido en Occidente como Bayaceto, hijo y sucesor de Murad I.

Todas las fuerzas disponibles de los ejércitos cristianos apoyaron al rey de Hungría Segismundo. Se sumaron los Caballleros de San Juan de Jerusalén, los genoveses, los venecianos, y unos 10.000 hombres que envió Carlos VI de Francia. 



El choque bélico se produjo en septiembre de 1396 en Nicópolis, y el desenlace fue fatal para el ejército Cruzado, quedando de esta forma libre el camino para los turcos hacia el centro de Europa.

La victoria del sultán Bayaceto, nuevo señor de Turquía, y la derrota de Segismundo, rey de los húngaros y de un grupo de caballeros representativos de distintos reinos cristianos, hacía vislumbrar un temible panorama.

Las consecuencias inmediatas suponían la caída del Imperio griego de los bizantinos y el peligro inminente para los reinos cristianos de Occidente.

La Europa occidental personifica la amenaza turca en la expansión del sultán Bayaceto del Imperio Otomano.

LOS REINOS CRISTIANOS AMENAZADOS Comenzaba así una prolongada decadencia que se tradujo en unas serie de  Guerras Otomano-bizantinas que conllevaron la conquista de los turcos de todos los territorios que habían pertenecido al dominio bizantino que culmina en el s.XV en la toma de Constantinopla.

Los siguientes lugares en peligro, por proximidad eran Nápoles y Sicilia y por ende el mar Mediterraneo y las costas de España. 

En nuestra península, el rey Enrique III de Castilla y León, quien por cierto apoyaba las pretensiones pontificias de Benedicto XIII (el Papa Luna), estaba sensibilizado con el problema otomano y lo plasmó en la Crhonica del Rey enumerando los señores franceses que fueron apresados tras los horrores de la batalla. 

TAMORLÁN EL CAUDILLO MONGOL QUE FRENÓ EL AVANCE TURCO En este contexto, y así las cosas, ocurrió algo inesperado.

Surgió en Asia un nuevo poder militar y político que desbarató los planes del Gran Turco Bayaceto. Su representante es el conocido Tamorlán ( Tamerlan o Timur Lang) quien, según los textos castellanos, aparece formando un nuevo imperio mongol con sucesivas conquistas bélicas que incorporan, a veces por las armas o mediante acuerdos, reinos existentes, y también kanes o gobiernos de los señores locales.

En pocos años, Tamorlán impone su poder  en una extensa parte de Asia Central y trae otra vez el recuerdo del gran emperador y caudillo mongol Gengis Kan (1162-1227) del que se cree descendiente. Tamorlán rey de Transoxiana —hoy Uzbekistán— y conquistador de Khwarizm, Mongolistán, Azerbaiján, Alepo y Damasco, se convirtió , pues, por disesiones internas, en el gran enemigo de Bayaceto, y aún siendo ambos musulmanes, lucharon entre sí.

Ocurrió lo inesperado.

El caudillo mongol Tamorlán venció a Bayaceto y a los suyos en la batalla de Ankara el 20 de julio de 1402.

Se cuenta que el vencido sultán fue conducido ante Tamerlán y que su orgullo le impidió pedir clemencia a su verdugo. Siendo encerrado en una jaula, Bayaceto espero en vano la ayuda de sus hijos ocupados en ponerse a salvo y mantener la situación.

El rey mongol pretendiá exhibirlo en su palacio de Samaranda como trofeo de guerra. No pudo cumplir su deseo  ya que el mismo dia  en que iba a ser trasladado lo encontraron muerto en su celda de hierro.

Con el triunfo de Ankara disminuyó la presión bélica, pero el avance de los musulmanes por aquella frontera no terminó, sencillamente se hizo algo más lento. Genoveses y venecianos podrían por unos años seguir con sus negocios en la región, aunque los encuentros locales continuaron. En los reinos de Europa corrió por entonces una misma pregunta:

¿Quien era el tal Tamorlán y qué representaba su nuevo y creciente poder para la Europa de la Cristiandad? ¿PodrÍa el poderoso gobernador mongol volverse contra ellos en su sed de conquistas?

Tamerlán el Grande autoproclamado sucesor de Gengiskán fue el último de los conquistadores asiáticos y el último gran representante del poder nómada quien con sus ejércitos y en nombre del Islam arrasó y conquistó ciudades desde la India a Moscú.

Pero a pesar del éxito de la batalla de Ankara por parte del poderoso gobernador mongol, no duró mucho su presencia en el escenario de sus conquistas. Esto sumado a  la inexistencia de otros poderes que pudieran aprovechar el eclipse otomano aseguró la supervivencia del Imperio del turco Bayecid tras su muerte y después de un breve período de disgregación y crisis.



Seguía existiendo un gran sentimiento de peligro en toda la cristiandad, y ese sentimiento se hace notar especialmente en Castilla que teme que con la euforia de las victorias turcas se organice un ejército en el norte de Africa que acuda en ayuda del reino nazarí de Granada.

Castilla tenia fronteras desde hacía siglos con los árabes occidentales del reino de Granada pero el monarca Enrique III necesitaba obtener información de primera mano sobre el nuevo escenario musulmán en tierras lejanas y por ello envía dos embajas diplomáticas al palacio de Tamorlán en Samarcanda.

Este viaje perseguía estrechar relaciones diplomáticas con este gran conquistador y constituye una de las obras medievales más importantes de relatos. De ella os hablaremos en un próximo artículo.

Tras años de enfrentamientos, se produjo finalmente la caída de Constantinopla en 1453 ante el imparable ímpetu de los nuevos sultanes turcos otomanos y sus ejércitos  comandados al  fin por el animoso sultán Mehmet 1453, tercero de los hijos de  Murad II, quien tomaría  la capital  del Imperio Bizantino desmembrándolo definitivamente.

Texto de Ampa Galduf/Arquehistoria



Etiquetas:   Edad Media   ·   Europa
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