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Movilización estudiantil, lo que viene (II de III)


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06/10/2013


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Tras las convocatorias lanzadas por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para movilizarse contra la injustificadamente llamada “reforma educativa”, organizaciones sociales de toda índole decidieron adherirse al llamado del magisterio. Particularmente relevante fueron las acciones orquestadas por la comunidad estudiantil de diferentes escuelas públicas de educación media superior y superior, en cuanto al impacto y trascendencia que dichas convocatorias tuvieron en el seno de esas comunidades; acciones traducidas en jornadas de información y en el cierre parcial o definitivo de las casas de estudio.

Las movilizaciones, respuesta inmediata a la escalada de violencia mediática y estatal dirigida a los profesores, son un fenómeno, querámoslo o no,  coyuntural. Un acto reflejo necesario, pero momentáneo, efectista y de corto alcance. He ahí su debilidad y, por ello mismo, el peligro de que la movilización estudiantil desaparezca en los laberintos de la coyuntura es una realidad tan indeseable, como deseable sería la conjuración de ese peligro.

El difícil pero necesario paso en el proceso de movilización debe desembocar en la superación de la coyuntura misma; dicho proceso debe solventarse en  la constitución de  un actuar político permanente por parte de los estudiantes movilizados. La construcción de una personalidad política propia para la movilización estudiantil, lo suficientemente sensible para actuar en determinadas coyunturas, pero sólidamente constituido para no depender de ellas, es el nuevo reto que se perfila en el horizonte de la protesta social universitaria.

La construcción de ese liderazgo propio entraña la idea de su autonomía. Las últimas movilizaciones realizadas por los estudiantes se dieron a raíz de las convocatorias lanzadas por la CNTE, es decir, la movilización estudiantil se articuló bajo la batuta magisterial, con agendas nacionalmente relevantes y de interés público, pero que son, al fin de cuentas, bandera de un sector específico de la sociedad.

La problemática juvenil reviste una naturaleza propia. El nulo interés del Estado por darle trámite a la enojosa realidad que viven millones de jóvenes mexicanos, señaladamente los universitarios, debería ser motivo suficiente para el desarrollo de una agenda propia, plural y representativa de sus demandas y reivindicaciones.

Ahora bien, la creación de una eventual agenda política propia, por parte de la movilización estudiantil, no debe entenderse como una medida de aislamiento frente al dinamismo de la realidad mexicana, sino como el reforzamiento y consolidación de un actor político despreciado y devaluado para el Estado mexicano. Se trata de alcanzar la madurez necesaria para ser considerados como actores políticos de propio y pleno derecho, con liderazgos e inercias propias, receptivo y solidario con otras luchas y expresiones políticas, pero lo suficientemente maduro como para no subordinarse a ellas.

El movimiento estudiantil, en el supuesto de considerarse consolidado ya como actor político autónomo, deberá reafirmar su identidad apelando a las particularidades que presenta en la actualidad, especialmente en lo que respecta a sus liderazgos y su principal característica: que no existen. A diferencia de los movimientos políticos convencionales, cuyos liderazgos emanan de procesos bien delineados y definidos, frutos de una organización más o menos establecida, dentro del movimiento estudiantil, articulado de una manera mucho más dinámica, la horizontalidad descarta los vicios de los liderazgos convencionales, pero desarrolla otros tantos que sólo la autocrítica podrá corregir.

En materia comunicativa el reto es aún mayor. Los medios masivos de difusión mantienen un control que parece indisputable; sin embargo, el movimiento #YoSoy132 demostró el potencial que puede desplegarse en redes sociales para la difusión de material informativo alterno al de los grandes medios. La creación de una agenda propia del movimiento estudiantil, a cuya construcción se den cita las múltiples voces que conforman el crisol universitario, no servirá de mucho sino se difunde con oportunidad y amplitud.

Por último, el movimiento estudiantil, apoyado en las redes sociales, debe trascender los muros universitarios y transmutarse en un movimiento más amplio, fijar la mira en todos aquellos jóvenes para quienes el Estado ha negado, sistemáticamente, un espacio en la educación o en el mundo laboral.

Como se ve, los retos para el movimiento estudiantil son amplios y complejos; no obstante, las últimas movilizaciones han dado cuenta de la madurez y nivel de organización de los universitarios, que, aunque modesto, puede dar pie a algo mucho más grande y ambicioso.







Etiquetas:   Movimiento Estudiantil   ·   Juventud   ·   Universidad   ·   Estudiantes   ·   CNTE

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