. Además, le compartí que al cierre de julio, las ventas al
mayoreo y menudeo presentan una baja respecto al año anterior, pues han
disminuido en 5.3% y 0.2% respectivamente.
Empero, no se trata de los únicos
datos que reflejan un comportamiento negativo en la economía mexicana. Para
muestra, conviene observar la expectativa sobre el número de trabajadores
permanentes asegurados ante el IMSS, misma que se redujo en cerca de 25% en tan
sólo cinco meses, de marzo al cierre de agosto. Así, se visualiza cerrar el
ejercicio con menos plazas de trabajo que en 2012.
Un análisis de esta naturaleza,
siempre debe ser integral, pero destaco el dato anterior, dado que sin empleo o
empleo estable, no hay ingreso familiar sólido, y sin éste, no puede existir el
consumo, lo que en automático impacta toda la cadena natural del mercado interno.
Se puede agregar, que la tendencia de largo plazo de distintas variables es a
la baja, tales como la Actividad Económica Mensual; el Indicador de Actividad Industrial;
y las Importaciones Totales.
Quizá las únicas tendencias alcistas,
se aprecien en la tasa de desocupación urbana y en la inflación, pues ésta última
registraba un pronóstico de 3.50%, pero debido a las consecuencias de los
desastres naturales que azotan al país, ahora se espera que termine en cerca de
3.65%. Si se compara el dato con que la Secretaría de Hacienda espera un
crecimiento económico anual de 1.7%; cifra que los analistas incluso ven
optimista; creo se cierra el círculo del panorama actual.
Vaya, por muy optimista que busque
ser el enfoque, no hay por donde rescatarle algo positivo a los números del desempeño
económico en 2013; es la realidad que vivimos. También mencioné que no se trata
de una catástrofe, porque ciertamente no lo es; pero que sí de una desmejora
respecto a lo que se tenía en 2011 y 2012, porque claramente lo es. Insisto,
son los límites de la cancha donde se está jugando el partido.
Al respecto, una de las medidas que
está proponiendo la autoridad federal, es contemplar la aprobación de un
déficit presupuestario para 2014, a fin de incrementar el estímulo de la
economía vía mayor gasto público. No obstante, como dicho déficit implica en
términos sencillos gastar más de lo que se tiene; lo que por supuesto implica
mayor nivel de deuda; los cuestionamientos no se han hecho esperar.
Durante el presente siglo, los
gobiernos panistas manejaron el equilibrio presupuestal como un dogma de fe, logrando
posicionar el argumento de que la no existencia de deuda era sinónimo de finanzas
públicas saludables. Debe reconocerse, que salvo contingencias justificadas, cumplieron
a cabalidad con esta visión. Hoy, basados en tal herencia, son los principales
críticos de la medida propuesta.
En realidad, el endeudamiento no necesariamente
es sinónimo de problemas financieros; al contrario, bien negociado y utilizado,
constituye una estupenda palanca de desarrollo. Considero que aquí está el
punto de todos quienes critican la propuesta, pues aún vivimos los fantasmas
del llamado viejo régimen, una narrativa donde la deuda siempre se hace
presente como un elemento negativo. Y bueno, quizá no falte razón.
La cuestión, es que las decisiones
de finanzas públicas, no deben tomarse con base en arquetipos. Así, de resultar
necesario incurrir en un déficit para producir un apremio contracíclico en la
economía, la decisión debe tomarse con bases técnicas, y no fundados en el
paradigma de que las finanzas equilibradas deben sostenerse a toda costa, incluido
el crecimiento del país. Claro, tampoco deberá recurrirse a él como solución
inmediata para un problema que no lo amerite.
Cierto es que un déficit como el
propuesto, no compromete la salud financiera del país, pues resulta fácil de financiar
y manejar, principalmente por la estabilidad macroeconómica y la calificación
de riesgo país que la nación posee.
Sin embargo, también es verdad que si
el país no realiza los cambios estructurales necesarios, un déficit permanente y
por ende creciente, no sería sostenible en el mediano plazo. Indudablemente, en
tal caso, sí se comprometería la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Sucede que en cierta forma, la
sociedad da por descontada una premisa básica: si la gestión del PRI no resulta
competente para generar mayor crecimiento económico, si no logra resolver éste gran
pendiente de los últimos lustros, tiene la obligación de al menos mantener la
economía igual a como se la dejó el PAN, no tiene derecho a empeorar las cosas.
Así de pragmático; de básico le decía.
En conclusión, el déficit
presupuestal solicitado, resulta lo suficientemente inofensivo como para
intentar bloquearlo, pero también lo suficientemente trascendental como para
descuidarse y no vigilar su destino y evolución en 2014. Más allá de dogmas, creo
que es la parte que nos corresponde exigir al gobierno.
Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de
análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.
COLUMNA VALOR AGREGADO - Comentarios en Twitter: @oscar_ahp