Todos los días nos enteramos de casos de trata de personas, en todas las latitudes de la orbe, en que las víctimas, la gran mayoría, son personas jóvenes, en un rango aproximado de los 12 a los 18 años de edad. Nuestro país, hoy en día, ocupa deshonrosos niveles en el mundo, que indican el altísimo índice de trata de personas: primer productor y segundo consumidor en pornografía infantil; y las acciones administrativas, judiciales y policiales para combatir el delito dejan mucho qué desear, por decir lo menos.



