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El reto presidencial después de la luna de miel


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03/10/2013

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Por costumbre después del inicio de toda administración gubernamental, cuando se han rebasado los resabios de la competencia propia de la campaña política, los gobernantes gozan de aquel privilegio que se ha dado en denominar la luna de miel.


Un espacio de tiempo en el que sociedad, observadores y analistas, los grupos de influencia,  pero sobre todo la clase política, otorgan al nuevo régimen un plazo para acomodarse y asentarse.

Naturalmente la luna de miel, sirve para dar cauce a los proyectos que emanan de las promesas de campaña, ahora bien no cabe duda que en esta ocasión, en el inicio de la administración del Presidente Peña Nieto, tanto las formas como los tiempos han sido muy diferentes a lo normal, se aceleraron en función de su propio animo reformador.

Empecemos por señalar que la conformación del pacto por México, resulto ser una herramienta extraordinaria de acuerdo político, un parteaguas que modifico la forma del dialogo entre los partidos políticos y el gobierno.

No solo porque como mecanismo aperturo la posibilidad de que los partidos opositores, tuvieran voz y voto en la elaboración de la agenda política y gubernamental, sino porque de alguna manera también les resto el ánimo radical que normalmente queda después de la derrota.

Si bien es cierto que el pacto por México a quien más beneficia es al gobierno, porque a través de este se comenzaron a lograr cosas que en las últimas décadas eran impensables, no por eso hay que restarle la ganancia que también reciben sobre todo Acción Nacional y el PRD con su participación en el esquema.

Sin embargo la esencia del pacto por México se diseño para facilitar el tránsito de las reformas propuestas por el poder ejecutivo, la laboral, la educativa, la financiera, la energética y la hacendaria.

Un paquete no solo muy agresivo para transformar el status vigente, adicionalmente visto desde el ámbito de la negociación política, la apertura de muchos frentes de negociación en simultáneo.

Situación que independientemente de los valores y conceptos de cada una de estas propuestas, implico una exigencia permanente de los partidos de oposición para incluir una profunda reforma política.

Porque si los panistas y los perredistas entendieron que el camino hacia su recuperación electoral no podía ser a través del enfrentamiento, también comprendieron que había que frenar la posibilidad del retorno de la presidencia imperial priista.

Hay que reconocer que el talante del Presidente Peña Nieto, a pesar de los augurios previos a su toma de posesión, está muy lejos de la intención del restablecimiento del autoritarismo.

Por el contrario, el Presidente ha privilegiado el dialogo y los acuerdos, la búsqueda incansable de los consensos, que ya en varias ocasiones hemos mencionado, a veces exagera en la búsqueda de la innecesaria unanimidad.

Con estos antecedentes a manera de resumen, lo que usualmente llámanos la luna de miel, como sea transcurrió en los parámetros normales, pero no duro el tiempo en que normalmente se desarrollaba.

Antes de cumplir el primer año de su mandato, el Presidente comienza a sufrir los estragos del desgaste del ejercicio del poder, con cifras de aceptación por debajo que sus antecesores en las mismas fechas, en conclusión la caducidad de esa  luna de miel.

Naturalmente los temas que han provocado esta situación están plenamente identificados, los principales son la propuesta de reforma hacendaria, que como ya comentamos en la columnas anteriores se convirtió en una pesadilla, las manifestaciones del magisterio y la viralidad en las redes sociales.

Eso todavía sin contar que todavía no se resuelve el tema de la inseguridad y que estamos al borde de entrar a un proceso de recesión económica, que definitivamente se convertirá en el principal problema para el gobierno por todo lo que eso implica en función de la gran cantidad de sectores que afecta.

Cada asignatura tiene por supuesto sus propias características, sin embargo para efecto de este análisis resalta más el efecto de las mismas que los detalles que las originan.

Porque el problema para el régimen en adelante, no es solo poder sacar adelante su agenda, sino revertir la mala imagen que va en aumento y no se ve una estrategia diseñada para resolverla.

Porque ya no se trata solamente de un asunto mediático o mercadotécnico, sino de funcionalidad, de practicidad que por obligación no puede orientarse a intentar generar expectativas que no van a poder cumplirse.

El reto está en que hacer campaña y gobernar son dos cosas totalmente distintas, en una se promete y en la otra hay que cumplir y eso es lo que no está sucediendo.

El ánimo reformador del régimen está enfrentando la propia incapacidad de sus operadores, caso concreto en la reforma hacendaria que de origen resulto ser muy deficiente, al grado que esa sola situación da al traste con todo lo que se había logrado positivamente.

En este caso como en algunos otros ya señalados, se ha hecho evidente que algunos colaboradores del Presidente no han estado a la altura de sus responsabilidades, ya sea técnica o políticamente, es cierto que quien más sobresale desde esa perspectiva es Luis Videgaray, por la importancia de su cargo, como por lo que se esperaba de él.

Pero eso no limita el pobre desempeño de otros funcionarios como Emilio Chuayffet, Ildefonso Guajardo o Mercedes Juan, Secretarios de Educación, Economía y Salud respectivamente, solo por mencionar a los más visibles.

De tal suerte que para el Presidente hoy hay dos asignaturas, por supuesto que una es tan importante como la otra ya que no se pueden desligar, hacer que su agenda de reformas funcione y en simultáneo que eso al menos no siga lesionando su popularidad.

Aclarando que cuando hablamos de popularidad no nos referimos a la radicalización de las redes sociales, sino específicamente al análisis serio del desempeño y resultados de su gestión.

De entrada porque la aprobación de las reformas no garantiza por definición una transformación positiva, porque la resolución de los problemas de la inseguridad y de la recesión económica no aguanta más tiempo.

Desde nuestra perspectiva, en el Presidente hay gran voluntad y conocimiento del ejercicio político, tal vez entonces el problema sea de reordenar la agenda y muy probablemente de cambiar funcionarios.

No se trata de volver al México posible en vez del deseable, sino de replantear los escenarios conforme la realidad, al final de cuentas todo se concentra en el mismo tema, la negociación política, solo que en este caso esta no está siendo suficiente para sostener un mínimo de aceptación.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Política   ·   Gobierno   ·   Enrique Peña Nieto   ·   Partidos Políticos

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