Tu libre albedrío y las elecciones

La libertad es compleja porque exige compromisos, porque el libre albedrío es la buena broma que nos juega Dios para ponernos en aprietos.

 

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La libertad está ligada al deber, a la irrenunciable misión que cada quien se impone y persigue como sentido de la existencia. Decidir es complejo y hay que hacerlo a conciencia. Cada vez que elegimos tomamos opciones, que tienen siempre sus costos y beneficios. Cuando se enfrenta una elección, es importante entender que detrás del sufragio hay un deber ciudadano que va más allá de los cálculos o conveniencias personales. Significa decidir qué es mejor para el país, qué es mejor para sus habitantes, qué camino conduce a mayor equilibrio, a mayor justicia, a menores costos para las mayorías.

El deber de sufragar es una necesidad de la sociedad y un tema de principios; significa el compromiso de emitir opiniones, debatir, conjugar visiones, aportar a circunstancias reales que nos tocan como comunidad. Elegir respecto a los espacios locales es una práctica real de democracia, en la medida que estamos enfrentando los problemas y no teorizando sobre ellos. Pero, cuando se enfrentan elecciones presidenciales el tema se distancia y el ciudadano se convierte en espectador, en mero televidente, que a lo sumo puede hacer zapping y esquivar la obligación de participar en el show, absteniéndose o arruinando su voto.

Cuando el sistema electoral entraba o impide que compitan los independientes y los partidos políticos monopolizan los espacios televisivos, el ciudadano se siente menoscabado y frente a esto hay una opción a irte con tu bronca para la casa, engrosando la masa de los que renuncian a su derecho a voto; o la otra, que es jugártelas por cambiar las cosas. Si el montaje comunicacional excluye la confrontación de ideas, si el debate elude reclamos ciudadanos profundos, queda en la garganta un grito apagado de frustración cívica. Y de la lectura presente surge una profunda desazón, la sensación de sentirse tratados por prestidigitadores del mercadeo, que tratan de colocar en el inconsciente colectivo una suerte de cuñas publicitarias que ofenden la inteligencia. En un grito exacerbado las minorías excluidas se expresan: "!Trabajo, Trabajo, Trabajo¡" ese mensaje que apenas alcanzó a pronunciar Sergio Velasco desde San Antonio, reflejando para la historia lo perverso y concentrador que es el sistema electoral vigente. Por el absurdo de una Constitución 2005, remozada por Ricardo Lagos, seguimos amarrados al pasado, necesitando abrir espacios para poder reiniciar el camino con una institucionalidad descentralizada y efectivamente democrática.

Creo que es importante estar informados para votar con inteligencia y compromiso al entrar a la cámara secreta. Hay mucho en juego, las sirenas de la publicidad engañosa nos atiborrarán de panfletos y palomas. En tu libre albedrío está la decisión. Vota sin miedo

UNETE



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