Ardían sierras, campos, animales, casas, proyectos, sueños… Crecían focos de impotencia, indignación, tristeza, miedo, resignación… Se agotaban los recursos físicos y mentales de voluntarios que arriesgaban demasiado obteniendo muy pocos resultados frente a los fuertísimos vientos, frente a las enfermas intenciones de prender más y más fuego, frente a la desidia -otra vez- de funcionarios públicos que recuerdan la gravedad de estos siniestros únicamente cuando están fuera de control. Y es entonces cuando aprovechan cámaras y micrófonos para figurar, es entonces cuando surgen las habladurías, las demagogias…




