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En la recesión aumentar impuestos es un error


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27/09/2013

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En opinión de los principales analistas económicos nacionales e internacionales, México está al borde de una importante recesión, independientemente de los factores que ocasionan este fenómeno, sean internos o externos, el pronóstico es real y tangible.


Según los principales teóricos económicos, existen diversas formulas primero para contener la recesión y otras menos incluso para revertirla, sin embargo todos ellos coinciden en que lo que no se puede hacer en ese escenario, es aumentar impuestos.

Como ya lo hemos comentado en repetidas ocasiones, la propuesta de reforma hacendaria planteada por el poder ejecutivo federal, se contrapone a los postulados esenciales para resolver este tipo de crisis.

El ánimo fundamental de la iniciativa tiene un carácter recaudatorio, que impulsara un ejercicio de revisión fiscal sumamente agresiva, pero solamente a quienes son los que tradicionalmente pagan impuestos.

No hay pues una verdadera estrategia, al menos no se ve, que busque incorporar a quienes transitan en la informalidad, porque de las buenas intenciones se pasa a las amenazas y de ahí a la simulación.

Si recordamos que en la década de los ochentas los países denominados los tigres asiáticos, lograron darle la vuelta a una situación económica precaria, para transformarse en potencias, también habría que notar que eso se logro bajando los impuestos.

Adicionalmente a la reducción de las tasas, estas naciones implementaron un régimen fiscal en extremo simplificado, esto fue lo que favoreció el incremento de la recaudación.

Es decir, que en vez de que pocos pagaran mucho, a cambio muchos contribuían poco, pero el incremento del volumen logro un aumento exponencial de los ingresos gubernamentales.

Con esos excedentes esos países, destinaron importantes recursos al fomento de la inversión productiva, que además de generar empleos lograron que sus empresas pudieran insertarse con ventajas en el mercado exportador.

Esa dinámica genero riqueza y eso impacto por consiguiente en el mercado interno, toda vez que las familias podían gastar más, no solo se trato de un asunto de aumentar el nivel de vida, sino de lograr mayores flujos de circulante.

La lección de los países asiáticos ha sido ponderada en las últimas décadas, pero en términos prácticos pocos han querido adoptarla, caso concreto la situación en Europa, donde los gobiernos se inclinaron hacia el populismo.

El gasto excesivo del aparato burocrático ocasiono la quiebra de varias naciones de la comunidad europea, situación que sirvió como antecedente de la actual crisis mundial.

Lamentablemente pareciera que en nuestro país, esas experiencias no están siendo tomadas en cuenta, no porque se trate de un asunto de falta de información o ignorancia, simple y llanamente por una cuestión política equivocada.

Más aun cuando hay que reconocer que en México, el manejo de las finanzas públicas en la última década resulto adecuado, razón por la cual pudimos enfrentar el embate de las crisis globales sin que eso significara una tragedia.

Precisamente por ello llama poderosamente la atención este intento de viraje al menos retrograda, mediante el cual se pretende solucionar la emergencia de la recesión, a través del endeudamiento público y el aumento de impuestos.

Porque la propuesta de reforma hacendaria del régimen, limita la capacidad de consumo, tanto como la de la inversión privada, en conclusión pareciera que la intención manifiesta es que los agentes productivos y las familias gasten menos en ellas, para poder pagarle más al gobierno.

Entonces lo que el gobierno pretende y no explica claramente, es que la sociedad haga un profundo sacrificio sin una retribución a cambio por ello, mientras que en contraste el gobierno ni transparenta ni hace eficiente su propio gasto.

Bajo este escenario habría que preguntarse dónde quedo el ánimo político del régimen, cuando se suponía que el retorno del priismo al gobierno implicaba un manejo experimentado y eficiente.

Se entiende que en ocasiones los gobiernos deben asumir medidas impopulares con el costo que significan, justificadas cuando estas son necesarias para el desarrollo del país.

Pero en estas condiciones ese pretexto dista mucho de la realidad, no estamos hablando de capacidad negociadora ese es otro tema, sino del fondo y la esencia del objetivo.

Al régimen del Presidente Peña Nieto y al personalmente se le reconoce la apertura al dialogo, el talante conciliador y la búsqueda de consensos que construyen gobernabilidad, aunque a veces como ya lo hemos apuntado se exagera buscando la unanimidad.

Sin embargo a pesar de ese reconocimiento en cuestión de oficio y estilo personal, propio de un Presidente educado en los más estrictos cánones de la política tradicional mexicana, a su administración les está fallando el aspecto técnico.

De momento dejaremos de lado las reformas educativa y energética para centrarnos en este análisis en la hacendaria, que es sin duda la que representa en el corto plazo el mayor obstáculo.

Porque sin lugar dudas es la que por sus efectos inmediatos, tendría el mayor impacto negativo en el desarrollo nacional, porque así como está planteada de origen no solo no resuelve los problemas torales que tendría que atender, sino que vendría a complicar más la situación.

Visto así el trabajo legislativo respecto de esta reforma tendrá que superar los aspectos de la competencia partidista, dejando de lado los intereses de las fuerzas políticas en materia electoral, para poder encontrar un equilibrio.

De otra forma si se logra imponer la fuerza del estado, la mayoría parlamentaria de la que goza el Revolucionario Institucional, los efectos serán a corto plazo recontra producentes.

No se trata en esta reflexión de proponer un escenario catastrófico, simplemente basándonos en las estadísticas y las coyunturas actuales, comparadas con episodios del pasado, pero sobre todo considerando los postulados de la teórica económica, elevar impuestos en épocas de recesión, no es más que el antecedente de un muy mal presagio.

Solo resta esperar que la discusión legislativa imponga esos criterios con responsabilidad, que los mismos diputados priistas asuman el compromiso a favor de sus propias causas, aunque eso suene materialmente imposible en un sistema que funciona en la plena sumisión.

Porque si no lo hacen, estarán contribuyendo a favorecer de nueva cuenta una alternancia en el poder, que tanto esfuerzo les costó recuperar, no es pues una circunstancia de soberbia sino de sentido común elemental.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Economía   ·   Política   ·   Impuestos   ·   Crisis Económica   ·   Gobierno   ·   Partidos Políticos   ·   Reforma Hacendaria

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