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La estrategia,
muy bien orquestada por la cadena desinformativa, consiste en inyectar a diario temas polémicos
que desvían la atención de los permanentes fraudes y de un verdadero saqueo al
bolsillo de los consumidores y, desde luego, al impacto gradual pero silencioso
y severo que este tiene en el porvenir de su grupo familiar.
Con un hilo
perverso e invisible de oportunidades lucrativas para legisladores influyentes
de la centro izquierda, y programaciones televisivas que no educan, ni informan y solo
entretienen a los consumidores, finalmente consiguen este efecto alienador del
2013. Un estado cívico geo-anímico
ubicado en el mismo centro de ninguna parte, el que solo sirve para entregar en
boca de charlatanes y demagogos el
resguardo de un pueblo, hasta ahora, financieramente a la deriva, confuso estafado
e indefenso.
Uno puede
entender que con el pluralismo
ideológico tan singular de una nación alejada de todo, sea más bien sencillo
generar una imagen subjetiva del bienestar común donde el espacio para
realidades no exista ,pero sí un desmedido martilleo oportunista de
nacionalismo. Ahí es donde la emoción se inunda con un desarrollo que no acepta
el raciocinio, pero que las encuestas como árboles frondosos no dejan ver: un
bosque desregulado de consumo, uno mucho peor que ese de los tiempos del anotar
con el tenedor y la libreta.
En el mundo
actual, la vorágine universal de novedosas tecnologías está hoy al alcance de
todos, es solo otro inevitable paso al desarrollo de un mundo posterior al
matrimonio de la revolución industrial y la revolución francesa. Ese que
condenó a este globo poblado por billones
a un inevitable ciclo de producción y consumo inseparable. Cualquier país o conjunto de países que
desafíen esta ecuación, por ahora,
estará sentado en una bomba de tiempo a la espera de su autodestrucción,
como ha ocurrido y ocurre en economías aisladas, cualquiera sea su demografía,
sus coordenadas geográficas o la
naturaleza de sus socialistas intenciones, incluido los EE.UU, donde para no
herir a nadie ni siquiera los extremistas del Tea Party ultra derechista llaman
a Obama comunista.
Dicho esto y con el categórico ejemplo de un
monstruo manufacturero como La República Popular China, la que al amparo de un
modelo mixto comunista-capitalista surte al mundo entero prácticamente solo, del
más vasto abanico de productos para el consumo jamás visto antes por la
humanidad, es inútil seguir discutiendo del anacrónico antagonismo de estas
corrientes ideológicas destinadas al complemento. Chile es el perfecto ejemplo. Nadie en realidad
busca otra cosa que regulación, fiscalización y penas de cárcel para el que
viola la confianza y por ende la libertad de los consumidores, una mecánica
tributaria que no descanse en el consumo y obligue a pagar impuesto a las
empresas. Y un Estado competitivo,
robusto y eficiente que dicte políticas públicas de alternativa y que no se
limite a escribir cheques para el híper crecimiento parasitario de las empresas
privadas en todas las áreas de la economía.
Entonces, en vez
de dedicar el 100 % del tiempo y la totalidad del potencial intelectual a
pretender perdón, o lo que es peor, olvido, en lo que debería concentrarse la
discusión pública es en el pentagrama de interacción financiera que tiene a
pocos en la ACUMULACION y, al resto, en la más atroz y usurera garra del
endeudamiento.
Es por supuesto
imposible determinar el universo relativo de familias que no están obligadas a
comprar al crédito y que aun así no les sobra mucho para la inversión o el
ahorro. Pero habría que ser ciego o de plano mal intencionado para no entender
que aún después de ese bendito quintil semi acomodado, tenemos una población
que al menos supera los 10 millones de compatriotas a merced de un mercado tan
todopoderoso como despiadado.
Perturba la
indolencia lo mismo que lo hace la
ignorancia de aquel que elude un diálogo serio, y va por ahí escupiendo el
slogan de todo tipo de curiosas candidaturas. La verdad es que no estamos a
punto de ser Cuba ni mucho menos los Estados Unidos. Lo que es más, no debería ni preocuparnos:
los países tienen tan ociosas comparaciones como las personas y nadie nos puede decir lo que
no le estamos preguntando. Además ni aquí ni en cualquier otro sitio alguien
quiere volver al pasado. No porque no se debiera, es simplemente porque no se puede.
El tic tac del Big Ben es apenas un
boleto idéntico para todos, el que únicamente contiene el viaje de ida en distinto
asiento y le llamamos tiempo. La historia la hace el hombre, tanto como la historia lo hace a él.
El mundo en el
cual vivimos es un ecosistema’ social cuyo punto de origen convencional es el
final del paleolítico superior, ahí donde brota sedentario el primer
acercamiento evolutivo del actual concepto de
sociedad. Aún si uno quisiera buscar en los griegos la explicación del
mundo de hoy, es más bien en Jesucristo donde nace la revolución del que tiene
menos en oposición al que tiene más, cosa que por otro lado es bíblica. En esta era de milenaria influencia del judeo
cristianismo, es muy difícil entender o pretender un mundo en el cual no surjan
de vez en cuando voces que levanten un sin número de formas de protesta por justicia
social. Pero en Chile no se trata solo de eso. Es una guerra desigual de
opuestos intereses sin la mediación moderadora ni el arbitrio de un texto
constitucional inequívoco con origen democrático.
En síntesis, más
que intentar tapar el sol con un dedo, lo que se debe buscar es un equilibrio
de oportunidades con un mapa claro que
indique la ruta. Una ruta constitucional, sin lagunas de ambigüedad, que
reconstruya el principio de legalidad y que nos rescate de esta aberración
jurídica convenientemente sujeta a ilegítimas interpretaciones.
Un cambio en paz
,pero un cambio brusco del debate que nos saque del escenario rotativo de
ordinarias mutuas recriminaciones, todas politizadas y destinadas exclusivamente
a eternizar el epicentro del desastre en la economía de millones y el apaleo de
fortunas para muy pocos.
Nadie hoy en
Chile debería poder comprar el porvenir de otros, como ningún chileno debería
tener la necesidad de venderlo, según lo estampara J.J. Rousseau. Nadie debería
seguir pagando por cualquier cosa inmortales e impredecibles intereses y multas
en cualquier tipo de necesarias o innecesarias cuotas.
La historia podrá
tener un infinito ángulo de diferentes puntos de vista, pero el resultado está
ahí nos rodea y nos moldea. No es deshaciendo la historia como se corrige el
rumbo, es podando aquello que impide cambiar la historia de lo que viene para
el futuro común. Eso a menudo se llama independencia, si en la victoria no se
distinguen grupos. El bienestar, a juicio también de Ortega y Gasset, es donde
el homo se despega de su probable origen animal. Cuando para comer busca el
gourmet y no solo ‘algo con que matar el hambre. Donde el caballero busca
Casimir y la dama las sedas, y no ‘algo con que taparse. Pero este bienestar
debe obtenerse de un modo tan civilizado como obediente del interés ajeno y
para eso debe existir una ley pareja que otorgue cárcel mandatoria para quien lo
viole
La gente merece
un régimen de protección y no este desamparo que muchos cínicos o ingenuos
llaman El Modelo. Ellos, la gente, deben saber que no tienen por qué pagar de más, ni tampoco trabajar por menos. Y por último, que no deberían conformarse con parecer
porque hay de donde conseguir cómo equilibrar el bote. Que sigan remando por un
Chile tradicional solidario y hospitalario
y no esta consecuencia de un adoctrinamiento hueco que nos transforma en
una odiosa caricatura de pedantes discriminadores que le piden, a pesar de
todo, al mundo entero que sigan su desigual "ejemplo".