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Quintana Roo regresa a la normalidad


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23/09/2013

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En el transcurso del día de hoy, se espera que si no todos, la gran mayoría de los maestros retornaran a las aulas en base al acuerdo que sus liderazgos reconocidos sostuvieron con el Gobernador del Estado.


A pesar de las buenas intenciones de gran parte del magisterio quintanarroense y la autoridad, no se puede descartar que persistan algunas células inconformes, sobre todo por la influencia que ejercen sobre estas, los enviados de Oaxaca y Michoacán precisamente para evitar esos acuerdos.

Sin embargo aun persistiendo en su intento, los radicales son los menos y eso significa una vuelta a la normalidad, lo cual tiene que verse como un muy buen comienzo en el camino de finiquitar esta controversia, que al final de cuentas es un deseo mayoritario.

Porque está perfectamente claro que los infiltrados, no solo no son de aquí y que sus objetivos nada tienen que ver con Quintana Roo,  solo persiguen abiertamente la radicalización, mantener vivo un conflicto que en términos legales y prácticos ya no tiene posibilidad de subsistencia efectiva.

Sobre todo con la reciente aprobación de las leyes secundarias correspondientes a la reforma educativa impulsada por el poder ejecutivo federal.

Una vez consignadas y promulgadas, se hace imposible abrogar dichas leyes, más aun cuando la herramienta para intentarlo fue sembrar el caos a través de manifestaciones que en su momento hay que reconocerlo, pusieron en jaque a las autoridades, principalmente la federal y la de la ciudad de México.

Claro que a pesar del caos causado, de la molestia colectiva que se origina en los bloqueos y los efectos que estos provocaron en la sociedad en su conjunto, a pesar de las severas críticas que recibieron ambas instancias gubernamentales, como debió de ser se impuso la ley.

Siendo así y sin que eso minimice el impacto de las manifestaciones, estas no lograron su objetivo a través de la presión, lo cual también tendría que entenderse como un antecedente positivo en lo subsecuente.

Esa tendencia también genero un gran impacto en Quintana Roo, que si bien resulto tardío en relación a los acontecimientos sucedidos en la capital del país, no por ello fue menos importante.

Al menos desde una perspectiva eminentemente local, con todo y que el conflicto se hubiera originado a miles de kilómetros de esta entidad, tradicionalmente pacifica.

De cualquier forma no se puede negar que en el transcurso del conflicto en Quintana Roo, existieron elementos de carácter local que influyeron en el proceso.

Los que aumentaron el nivel de la exigencia, con todo y que como ya apuntábamos, en ese momento las leyes respectivas ya se habían promulgado, como la dificultad para poder concluir la negociación.

Afortunadamente prevaleció la razón y ambas instancias tanto el gobierno del estado en la parte que le corresponde, como el liderazgo magisterial fueron capaces de solventar sus principales diferencias.

Derivado de estos acuerdos hoy retornaran a las aulas un gran porcentaje de maestros y alumnos, lo que puede favorecer que la discusión si es que así fuera, pueda continuar sin lesionar a los alumnos y sus padres.

Porque independientemente de la esencia de las demandas del magisterio, lo que contrasta sobre manera en estas circunstancias, es el hecho de que un diferendo laboral, alcance tales magnitudes, al grado incluso de poder en riesgo la convivencia social y su desarrollo.

Puede ser que la historia de este penoso acontecimiento todavía no haya terminado del todo, sin embargo es de reconocerse que el seguimiento de la misma transcurra bajo el predominio de la normalidad y el orden.

Donde las coyunturas tengan una atención particular y específica sin contaminar los demás aspectos de la vida cotidiana, sin que esto suponga atentar contra la libertad de expresión en la defensa de intereses.

Claro siempre y cuando en la dinámica de la defensa de esos intereses, el formato de manifestación no rebase los límites de la cordura, y como decíamos sobre todo no afecte a terceros.

Porque si por un lado, se tiene que permitir la expresión ciudadana, en el ámbito de la defensa de sus ideas, también la autoridad tiene la obligación de conducir estos fenómenos sociales, de forma que no rebasen el orden.

Esa línea por supuesto es muy delgada y cualquier acción de la autoridad en ese sentido, bien podría ser calificada como represora, lo que en una sociedad como la nuestra es un tema sumamente peligroso.

En el México de ahora la libertad de la que ahora gozamos, conseguida a través de la lucha de tantos años, es una facultad ganada, sin embargo su desarrollo está en pleno proceso de maduración y por tanto se tiene que ser sumamente responsable en su utilización.

Esto por supuesto infiere un gran reto para la autoridad de cualquier nivel y sin limitante de su filiación partidista, porque es parte del desarrollo de ese proceso al que nos referimos.

La ley se tiene que imponer y eso no es un asunto en el cual tengan que mediar los consensos, en nuestro país el gobierno se obliga a buscarlos en todo cuanto propone y hace, precisamente por el temor evidente a no parecer un régimen represor.

Consciente de que esa represión es la semilla desde donde puede germinar un malestar social incontrolable, porque este no necesariamente se traduce en los costos políticos y como estos influyen en los temas electorales, que es el tema prioritario de interés de las fuerzas políticas.

Peor aún, esa insatisfacción es el antecedente natural de la descomposición social que conlleva la falta de respeto al marco legal y las instituciones, que hoy parece ser un argumento muy atractivo para quienes buscan protagonismo en el desorden.

Bajo estas consideraciones, con absoluto respeto de las posiciones en conflicto, hay que saludar y acompañar positivamente el acuerdo mediante el cual, los docentes retornaran a las aulas.

Reconocer la voluntad de las partes, que aun sin concluir todavía sus negociaciones dan un paso responsable hacia la normalidad, esta como piedra angular de la convivencia social.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Política   ·   Sindicato   ·   Gobierno   ·   Reforma Educativa

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