De “círculos rojos”, conspiraciones, y el poder real

Lo político contiene niveles de racionalidad y de pasiones que embargan las geografías donde los sujetos intervienen, una geografía donde las representaciones espaciales donde el pensamiento político se sostiene, una dimensión donde el conjunto de pronunciamientos sobre lo teórico forman sus conceptos, distribuyen los actores, organizan las acciones y diseñan la política, en el conjunto de términos de colaboración y de conflicto, de orden y desorden, de jerarquías y de igualdad, de inclusión y exclusión, limites de los niveles de la participación, representación, espacios geográficos donde se expresa la articulación de los diferentes niveles del poder.1

 

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Pero también de repente se constituye un espacio oculto, marcado por los secretos, quizás, el lugar donde el mundo de la conspiración se desarrolla, lugares donde reina el espacio del secreto, la palabra circulando en formulas de susurras, sin saber, si poseen el poder de verdad, si contienen en si la capacidad de un sujeto que la enuncia, el lugar donde el imaginario se instituye como el espacio que condiciona las geografías de lo político, como el jugador mecánico de ajedrez descripto por Benjamín en sus “Tesis sobre la Filosofía de la Historia”, el espacio de la conspiración forma parte del imaginario político, aunque el tema de la conspiración si bien esta acompañado por connotaciones negativas, la misma posee como contrapartida la posibilidad de la santa conjura.

“Si existe una sombra amenazante, existe también una sombra amenazante, existe también una sombra para librar su combate. Sólo el complot parece en condiciones de desbaratar al complot. El secreto, la máscara, el juramento iniciatico, la comunidad de espías, la actuación oculta, en síntesis, todo lo que se denuncia y teme en el otro, vuelto contra éste se reviste de improviso de una sombría y poderosa atracción.”2

El relato conspirativo se desarrolla con una serie de tópicos guía: la lucha por la dominación del mundo, un imperio de tinieblas, cuya función es constituir en las sociedades una especie de sociología, siguiendo a Girardet, de la angustia, un mal que ronda por las sociedades, en las sombras, pero que a través de algunos relatos existe la posibilidad de darle un rostro humano, de esta manera se puede realizar el proceso de expulsión del misterio, exponiendo a plena luz y a la mirada de todos a través del acto de la denuncia, por lo cual se puede enfrentar y desafiar.

El mito del gran complot tiene como función generar un intento de explicación del funcionamiento, emergencia de determinados acontecimientos, el mundo se desarrolla en función de una grilla, con pasos, etapas, finalidades y medios, a través de la explicación de las manos invisibles que mueven la rueda de la historia, el mundo vuelve a poseer un grado de inteligibilidad.

“el mundo de las cosas tiende a restablecerse cierta forma de racionalidad o, por lo menos, de coherencia”3

Con el desvelamiento de los hilos ocultos de la trama de la sociedad, aparece la figura del Salvador, poseedor de una pureza de origen, y que permitirá el retorno al retorno de la edad de oro.

Si como afirma Horacio González, la esfera pública como aquella exigua proporción que se deja percibir, lo que no puede ser explicado, debe ser buscado en los espacios ocultos del poder, un lugar donde determinados sujetos son poseedores del conocimiento que se mantiene fuera de los excluidos, percibiendo que poseen un don la posibilidad de la dominación sobre los destinos ajenos.

El mundo posee un lleno de significaciones, y estos sujetos son los poseedores de las claves interpretativas, un espacio donde los elementos fuera de lugar vuelven a tener un orden.4

Mauricio Macri, hace unas semanas, en una entrevista menciono la existencia de un “circulo rojo” que actuá dando ordenes a un conjunto de opositores políticos, un espacio de poderosos, sin nombre, pero con capacidad de influencia, sin embargo mantiene la lógica de filosofía de la conspiración, sabe de su existencia pero mantiene la incertidumbre sobre los nombres, pero lectura para generar la angustia en amplio sectores de la sociedad.

Pero de repente, apareció la figura que decodifica el mensaje de lo oculto, la candidata a diputada nacional Elisa Carrio, quien no solo confirmo la existencia de un espacio de complot, sino que desde su papel de poseedora de las claves de interpretación para dar significados, pretende develar a la sociedad quienes son y los medios por los cuales ese espacio “conspirativo” pretende constituir sus fines en la sociedad argentina, pero con algo central a diferencia de la mención de Macri, los conspiradores, cuya identidad se desvela, están incorporados en los limites de la geografía del desarrollo de lo político, o sea no hay una exterioridad ajena.

Quizás, el retorno para desvelar el “misterio” no sea necesario contratar a un conjunto de actores para que representen a los ojos de los reyes la tragedia que se cierne sobre Noruega, sino una lectura de la historia, y se vera que el “circulo rojo” si bien esta afuera de los limites de espacio político, siempre busco que el mundo de la política fuera un “puesto menor”, conspirando o de manera directa.

1Ver GALLI, Carlos, Espacios políticos. La edad moderna y la edad global, Nueva Visión, Buenos Aires, 2001

2GIRARDET, Raoul, Mitos y Mitologías políticas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1999, p 17

3GIRAEDET, op. Cit., p 53

4Ver GONZALEZ, Horacio, Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios, Colihue, Buenos Aires, 2004

UNETE



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