Progreso y transformación. Apuntes a partir de una lectura de Jim Morrison

La vida moderna es un viaje en coche. Los pasajeros sufren terribles cambios en sus apestosos asientos, o vagan de coche en coche, sujetos a la continua transformación. Opera un inevitable progreso hacia el principio (no hay diferencias en las estaciones término), mientras hendimos las ciudades, cuyos desgarrados traseros presentan una película de ventanas, señales, calles, edificios. A veces otras naves, mundos cerrados, vacíos, viajan a nuestro lado para adelantarse o quedarse completamente atrás.

 

. Los pasajeros sufren terribles cambios en sus apestosos asientos, o vagan de coche en coche, sujetos a la continua transformación. Opera un inevitable progreso hacia el principio (no hay diferencias en las estaciones término), mientras hendimos las ciudades, cuyos desgarrados traseros presentan una película de ventanas, señales, calles, edificios. A veces otras naves, mundos cerrados, vacíos, viajan a nuestro lado para adelantarse o quedarse completamente atrás.
Jim Morrison, “Los señores. Notas sobre la visión”

Los marcos de temporalidad que se instituyen en la modernidad y en la post-modernidad, se centran en torno a dos concepciones de lo temporal, linealidad en el devenir del tiempo, en el primer caso, y el la perpetuidad del presente, como eje que estructura un tiempo sin proyección de expectativas, en este último caso, el presente establece relaciones con una una idea incertidumbre frente al futuro, pero a su vez se instituye como expresión de una lejanía temporal de las cosas y subjetividades deviniendo.

En cierto sentido, la idea de temporalidad en la modernidad ofrecía certezas sobre las proyecciones que realizaban los sujetos hacia el futuro, constituyendo un conjunto de puntos de anclaje sobre los cuales se colocaban ciertos horizontes de expectativas, esto se podía observar, desde el acto cotidiano hasta en el acto político, en este sentido, el futuro no se configuraba como una totalidad incierta sino como un conjunto de puntos de llegada en continuo ascenso.

En las trazos de los dibujos urbanos de las ciudades actuales, podemos ver como ser configuran las lineas de expansión de las posibilidades presentes en esta idea de tiempo, caminos muertos, rutas alternativas, alimentos de sueños y pesadillas, el ritmo del progreso intercalado con la fragilidad de las elecciones tomadas, un conjunto de velocidades donde encaminamos los rumbos de la vida, sin embargo, la expansión, circulante de señales, avisos y ventanas, plantean el desgarramiento frente a esa sociedad que se instituye, un mundo enfrentado a la tensión entre las señales empíricas y la adivinación profética, un desgarramiento que se convierte en presencia en el acto de la observación en los resultados sociales, de ese imaginario instituido de la idea del progreso como elección sin paradas determinadas, acción que nos hace participes de la fragilidad de las proyecciones y transformaciones realizadas, que nos constituían como una subjetividad.

En la lectura de la poesía de Jim Morrison esta subjetividad desgarrada se expresa en el reconocimiento de la lucha entre ese progreso y las posibilidades expresadas en los mundos cerrados en el acto de elección, que se configuran como alternativos, nos encontramos con una idea de progreso que no se construye la idea de superioridad en el punto de lejano, sino en las diferentes estaciones previas, una idea de progreso que se constituye de manera lúdica, conteniendo la idea de la posibilidad del retroceso o el avance, donde la transformación esta teñida de la duda de la elección del mundo cerrado correcto.

En la Edad Media, una escuela de pensamiento judaica planteaba, para comprender la capacidad de incomprensión de la divinidad, la siguiente idea: en la figura divina, no solo están desarrolladas las elecciones hechas de la totalidad de los sujetos, sino también se desarrollan, adquieren sentido, lo no elegido, tanto por los sujetos habitantes del mundo sino también de los sujetos que estuvieron expuestos a la posibilidad de ser si se hubieran tomado determinadas decisiones, y a su vez la transformación del desarrollo subjetivo de quienes fueron posibilidad, que en la mente de la divinidad son existencia.

En la mente de la divinidad se constituyen como sujetos de existencia la totalidad de los mundos abiertos por el solo hecho de la existencia humana, nuestra existencia no es solo lo mejor de los mundos situados entre el perfecto bien y el perfecto mal, espacio de decisión de la autonomía de la libertad humana, sino solamente uno mas dentro las multiplicidad de elecciones de los sujetos, es decir expresión de la autonomía total del sujeto libre.

Como espejo de esta lectura, la tensión de lo subjetivo en la poesía de Morrison, se establece en la idea de las consecuencias fruto de esa posible multiplicidad de acciones.

En esta acción donde esta presente la transformación de la subjetividad encuentra una tensión expresada en las posibles configuraciones de la idea de progreso, en Morrison no entra en contradicción la importancia de la consecuencia del acto humano, la acción realizada, de manera consciente o inconsciente, esta destinada a producir un conjunto posible de consecuencias, ellas están pre-anunciadas en el acontecimiento, efectos que actúan no solo sobre el sujeto actuante sino sobre el conjunto de la sociedad.

En este sentido, se produce la significación de la imposibilidad del cierre al mundo que contiene un conjunto de otras posibilidades, un desgarramiento que se produce en la proyección sobre el resto de mundo del acto de elección, ya que en la misma la subjetividad se enfrente a la posibilidad de encerrar ese espacio de avance o de retroceso.

El automóvil metafóricamente actuá como imagen del progreso, y su capacidad de observación de las potencialidades a ser desarrolladas en el conjunto de consecuencias en el acto de elección, el afuera existente transcurre como en la proyección de una película, avanzando, desplegándose mas allá de la posibilidad de la construcción de un relato de misma, es una vuelta a pensar la idea de progreso sin importar las estaciones intermedias, es decir, no importa el devenir de un relato donde existe una trama marcada con un principio, el desarrollo y un final, o las tramas mas modernas, donde las temporalidades de la narración se articulan en un constante ir y venir, superponiéndose, conociendo que en algún momento de la misma llegaremos a presenciar el fin.

El tiempo mirado por desde la ventanilla del coche, se nos presente como una presencia de la multiplicidad de posibilidades donde están inmersos los sujetos, un tiempo donde siempre la subjetividad esta sometida a un proceso de transformación, un juego continuo de presencias y ausencias en el mundo, de lo oculto y lo desvelado, del ruido y el silencio, el sujeto avanza, transformando el espacio, pero también se encuentra emergiendo transformado, cubiertos por lo cotidiano, donde lo racional y lo irracional están en juego constantemente, dando cuenta de las fragilidades de la existencia del ser humano en el mundo.

A nuestro lado, están las posibilidades, lo cerrado y lo abierto, en un movimiento de continuo de acechamiento sobre el sujeto, abrimos para cerrar, y nos enfrentamos a la idea del no retorno, es en ese momento, se produce la toma de conciencia donde el sujeto se enfrenta desgarrado frente la posibilidad negada por el mismo, y en la proyección retrospectiva nos encontramos con la posibilidad de lo cerrado, el juego de lo que posiblemente hubiera ocurrido se escurre en la razón del ser, ya que la misma proyección incluye no solo las transformaciones a las que estuvimos sujetos, se convirtieron en el devenir de nuestro estar en el mundo, sino la mirada que ejercemos sobre ese pasado se transforma en un proyecto de articular lo que podría haber sido, aun conociendo el resultado de una elección, es el intento fallido de reconstruir la responsabilidad.

La mirada retrospectiva se convierte en ese acto tomar conciencia de la incapacidad de la vuelta atrás, acto de conciencia que produce el cierre de los mundos contenidos en los acontecimientos pasados, solo nos queda el juego mental de los contra-facticos, pero solo es un ejercicio del ahora.

Igualmente el acto de abrirse al existente contiene en su seno la acción de lo responsable en el ejercicio de la elección, aunque nos enfrentemos a muchas de las posibilidades cerradas, que dejan su marca en la cotidianidad, aunque no impliquen actos de elección racional, la mayoría de nuestras elecciones cotidianas no están marcadas por el actuar racional, el acto de ejercer un detenimiento para pensar las consecuencias de la elección, constitutivo del desgarramiento subjetivo con el tiempo, es el ejercicio de aceptar la responsabilidad de los actos realizados en el tiempo pasado, y que constituyen e instituyen nuestra presencia en el mundo en transformación.

UNETE



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