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Lo político no es generador de grietas, es la acción que visibiliza el conjunto de grietas existente en una comunidad política, que pretende, desde la construcción de un orden de sensibilidades, constituir la idea de homogeneidad en la misma, y este orden implica la negación de la capacidad de constituirse como seres con logos a la mayorías excluidas, el kirchnerismo, como movimiento complejo, contradictorio, recuperador, pero que da un conjunto de nuevos significados, a las tradiciones populares, a través de su acción de gobierno genero la re-aparición del demos en el espacio público en la disputa por la constitución de un nuevo marco de interpelación democrática en una sociedad, constituyéndose como sujeto presente a lo largo del cuerpo social.
Esta intervención del demos es visto por los sectores dominantes como la intervención del okhlos (la turba), sujeto dominado por las pasiones, no poseedores de la racionalidad política, de esta manera se pretende realizar la separación entre lo político y lo social, como esferas destinadas a no estar comunicadas. Frente a las lecturas de los entramados de derecha, frente a la aparición del okhlos, las clases dominantes pretenden constituir la realización pacifica de un gobierno basado en el gobierno de los sabios, mediocracia basada en la subjetividad consumidora y consensual, buscar constituir la opinión de una sociedad post-democrática, por lo cual, intentan buscar constituir la imagen de un buen rey democrático, capaz de calmar las pasiones de las “jaurías humanas” y preservar al demos de la posibilidad de caer en ellas. Ahí la necesidad de constituir una figura pre-democrática, instituir la figura de un auctor, es decir, una figura que es garante, a través del dominio de la capacidad de discernir el sentido del mundo, en medio del ruido producido por la aparición democrática del demos, para apaciguar el ruido de la querella, realizar el acto de unión entre los “ciudadanos”, ya no leídos en clave del conflicto fundante, sino homogenizado, en una sociedad donde lo político, leído en la clave enunciada en el primer párrafo, sea retirado de la acción política, para “pacificar” la sociedad en virtud de la instalación de un nuevo consenso republicano, armonizar la sociedad dividida. Esta acción de expulsión de lo político de la política, encarada en la noción de “fin de la política”, para ser solo un acto de tecnócratas, sustracción de lo político. Como dice Ranciere en su texto “En los bordes de lo político”, al momento de debilitarse lo político, cuando los partidos de los ricos y el partido de los pobres dicen mas o menos lo mismo, cuando la elección es solo un espacio del marketing, lo que se manifiesta no es el “consenso”, sino la exclusión; no la racionalidad social sino el odio hacia el Otro, ruinar para excluir, ya que no todos son considerados como subjetividades con logos capaz de intervención en la arena del debate, es el retorno a lo mas arcaico, lo que precede a todo juicio: el odio desnudo al otro. Igualmente hemos asistido, al renacimiento del pensar que la igualdad como la presuposición, el axioma como punto de partida de apoderarse de los bienes universales, y la capacidad de que esa palabra, invisibilizada por los espacios hegemónicos, encuentre un espacio de disputa, una brecha para ser parte activa de una construcción de un nuevo espacio de recepción y constitución de un espacio de debate sobre los quienes son las subjetividades de romper el mal constitutivo de muchos sectores intelectuales, el desprecio. Desde el poder real, el del partido de los ricos, el temor a la brecha es el temor al partido de los pobres, el temor a lo político como regulador de la acción democrática, en ese conjunto de intereses perdidos, ellos buscan constituir ese buen rey democrático o quizás un auctor, que hable en nombre de otro minoritario, mientras esconda la grieta que existe y existirá en una comunidad política, construir ese consenso que excluya del debate a ese otro que es solo okhlos para constituirlo en un demos que acepte el régimen de sensibilidades de la clase dominante.