. A la vista de los acontecimientos pasados y presentes se confirma una vez más que no todos los españoles gozamos de la bicoca igualitaria en la que algunos políticos se refugian. Son numerosos los casos que demuestran las diferencias extremas entre unos y otros españoles. Particularmente entre los currantes del IRPF y los apoltronados en escaños.
Para muestra ahí tenemos el reciente caso protagonizado por el señor, José Antonio Griñán, ex presidente de la junta de Andalucía y de otros muchos ex cargos y poltronas políticas. Este señor goza de unos privilegios que para sí quisieran el resto de agobiados por el paro y por los impuestos. Según las pesquisas de la juez, Mercedes Alaya, el señor Griñán apunta como posible candidato a ser imputado en el escándalo de los ‘Eres’ andaluces. Previendo esta posibilidad, el también presidente del PSOE decidió abandonar la dirección de la Junta de Andalucía, pero no sin antes tramar la estrategia de ser nominado Senador por la propia Junta, para garantizarse el aforamiento que le aparta y aleja de la juez Alaya.
Por notorio, no voy a entrar en las ventajas o inconvenientes que en este caso le ofrece el aforamiento a Griñán para evitar la justicia natural y quedar sometido a los criterios del Tribunal Supremo. Cuando los políticos se refugian bajo el caparazón del aforamiento, parece claro que se trata de un privilegio que puede proporcionarles determinadas ventajas jurídicas. Por eso se enganchan a la prebenda. Pero en lo que sí quiero entrar es en la facilidad que tienen los políticos para elegir situaciones de privilegio cuándo y cómo les conviene.José Antonio Griñán, ante la posibilidad de ser imputado en el turbio asunto de los ‘Eres’, ha optado por seguir enganchado al cordón umbilical de la mamandurria política, a esa que pagamos todos. Ha renunciado a la presidencia de la Junta de Andalucía para encaramarse a un escaño del Senado. Todo en orden. Aquí no ha pasado nada. Si la decencia presidiría las conductas éticas, lo más honesto sería que el político Griñán hubiera abandonado todos los escaños políticos para afrontar sin privilegios lo que pueda resultar de las pesquisas judiciales de la juez Alaya. Concretando, debería situarse a la misma altura y condiciones de cualquier ciudadano de a pie. Pero aquí vuelve a fallar eso de ‘todos iguales ante la ley’. En todo este enredo, lo más injusto, sangrante, grotesco, desproporcionado y desigual es la gruesa capa de euros públicos con que se va a cubrir la espalda el señor Griñán. Según informan algunas publicaciones, el nuevo Senador socialista puede sumar hasta tres generosas remuneraciones. A la que le corresponde como Senador puede añadir la que le corresponde como expresidente de la Junta de Andalucía. Otra sería la que le corresponde como presidente del PSOE. O sea. En total un pastón millonario que a mí me gustaría atrapar. Y todo ello, tan sólo, por tener el privilegio de ser político.