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Septiembre y la memoria larga de Chile


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16/09/2013


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Septiembre es duro de cruzar, porque este mes se produce el choque entre lo que hemos sido como nación y lo que pretendemos ser. Es necesario sanear la memoria larga de Chile, para enmendar en forma democrática nuestros errores y construir una sociedad en que nadie sea excluido, perseguido o exterminado por pensar distinto. El Nunca Más exige abrir heridas y ese ejercicio se da cada Septiembre. El siguiente artículo, escrito en el Bicentenario, queda como una reflexión más para el mosaico de múltiples visiones y sensibilidades que conforma nuestra identidad. Publicado el sep 07, 2010 - Gran Valparaíso)A 40 años..40 años han transcurrido desde el día en que la ciudadanía chilena votó democráticamente para elegir un Presidente de la República que postuló una vía democrática al socialismo, en el contexto bipolar e imperial en el cual dos superpotencias se atribuían el derecho a imponer su orden en sus respectivos hemisferios.Cuando Salvador Allende pronunciaba su discurso en los balcones de la Universidad de Chile, en Estados Unidos Richard Nixon ordenaba a Henry Kissinger que tomara las medidas que fuesen necesarias para impedir que Allende llegara al gobierno.


La historia ha ido decantando las falacias, las mutilaciones a la verdad que se prolongaron por más de 20 años. La desclasificación parcial en Estados Unidos de sus propios archivos secretos, sumado al desarrollo de juicios que resultaron hitos representativos de un oscuro período de avasallamiento de las libertades públicas, fueron permitiendo que Chile asumiera la realidad del régimen militar, de los grupos fácticos ligados al dictador que dirigieron la represión despiadada, con tortura, exilio, desapariciones y exclusiones permanentes de la historia oficial de esas víctimas ignoradas.



La evolución de la transición ha significado develar gradualmente la verdad histórica, pero como su lectura se ha terminado realizando al trasluz de situaciones de un presente en que las percepciones de la opinión pública se mezclaron con hechos cuestionables de otra índole, como lo han sido los casos escandalosos de corrupción durante gobiernos democráticos, ello ha hecho que el impacto de esa verdad histórica se desperfile o que hayan sido los propios gobiernos democráticos los que le han bajado el perfil, en aras de compromisos de gobernabilidad que se suscribieron de manera tácita o explícita, de espaldas a las víctimas y sus familias.



Los instrumentos de reparación a las víctimas aparecen manchados también por corrupción, en muchos casos, al haber sido concedidos o utilizados de manera ilegal, con situaciones de fraude, cuestiones que enlodan la legitimidad de los abusos denunciados por las reales víctimas del período represivo, todos los cuales se acercan a una edad que bordea las siete décadas, resultando patético que la solución biológica mencionada alguna vez por un ex-Presidente termine siendo una verdad inexorable.



En el curso de la historia, los más jóvenes, los que ni siquiera alcanzamos a votar 40 años atrás y que fuimos de igual forma protagonistas de un sueño popular, hoy ya tenemos sobre 60 años y mucho hemos cambiado.

Chile ha cambiado porque el mundo y las personas han cambiado. Las utopías movilizadoras hoy son piezas de museo de la memoria. La realidad es mediática, coyuntural y despiadada.

Cuando se rememora un momento histórico como el del 4 de septiembre de 1970, cuesta no ser tildado de nostálgico. Sin embargo, en una mirada medianamente objetiva de la historia de estos cuarenta años, se observa que nuestra sociedad ha progresado indudablemente en el plano material, pero con un gran déficit espiritual y de ética pública.

El llamado del Presidente de la República en el Bicentenario, a recuperar una mirada de largo plazo, exige sincerar las mediocridades y vilezas con que hemos escrito episodios vergonzosos de nuestros 200 años. Gestos de reconciliación necesarios que han partido, en cierta medida, en este Bicentenario al rendirse homenaje a los Padres de la Patria, reconociendo las odisea patrióticas de los hermanos Carrera y de Manuel Rodríguez, frente al autoritarismo personalista de un Bernardo O`Higgins, Director Supremo, que marco quizás  el derrotero pendular de Chile, entre liberales, conservadores y autócratas de turno.

Ojalá la memoria larga de Chile sincere esos hechos que nos avergûenzan y que no nos dejan resolver el presente con mayor justicia y equidad.

Hernán Narbona Véliz,  Periodismo Independiente, Atacama, 4 de Septiembre de 2010.





Etiquetas:   Comunicación   ·   Democracia   ·   Dictadura   ·   Historia   ·   Sociedad Civil   ·   Salvador Allende

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