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Walking on the moon: una borrachera de mentiras.


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14/09/2013


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Nuestros dirigentes políticos, quiero decir, los que ponen la cara por los verdaderos gobernantes, parecen estar metidos en un burbuja de euforia, por no decir en una borrachera absoluta. Los mensajes que se envían a la gente parecen salidos de una agencia publicitaria y no del análisis de los datos reales que la economía nos muestra cada día. Desde hace unas semanas se insiste en que la recesión está a punto de terminar y que eso es la antesala de la salida de la crisis que ya ha cumplido cinco años. ¿En qué se basan para darnos tan supuestas buenas nuevas? Pues en que el PIB va a dejar de caer en el próximo trimestre, eso es todo. Sobre esa pequeña flor quieren construir una primavera completa, esperando quizás que los ánimos de los votantes, medidos ahora por los índices de confianza en las encuestas, basculen hacia su natural posición de sostén de un gobierno que consiguió una mayoría de votos antes de poner en práctica, tenía que ser antes, su verdadera política. Es muy posible que las cercanas elecciones alemanas estén ayudando a que las instancias financieras europeas mantengan la ficción maquillando las cifras, mediante una inyección espuria de liquidez en los mercados financieros, liquidez que tendrán que retirar tras las elecciones alemanas y cuando Merkel tenga otra vez asegurado el mando único de Europa.


Esta crisis no es sino la consecuencia lógica de 25 años de neoliberalismo económico aplicados a rajatabla por las instituciones financieras internacionales y por los capitales globales. Desde mediados de los ochenta se han implementado las políticas de supuesta liberalización económica, de desregulación de los mercados internacionales y de apertura de las economías de los países en desarrollo. Todas estas medidas provocaron burbuja tras burbuja hasta crear el mayor latrocinio jamás imaginado por plutócrata alguno: la gran crisis de 2007. Es bien fácil de entender. Durante dos decenios se han estado creando capitales financieros sin base en la economía real. Por medio de un control de las estructuras legales y su adaptación a los intereses financieros se ha conseguido que quienes controlan esos capitales ficticios sean los dueños reales de la economía. El robo fue perfecto. Mientras una pequeña élite mundial que apenas llega al 2% de la población convertía el mundo en un casino global, ingentes masas de personas se dedicaban a la producción de riqueza real que pasaba a manos de aquellos mediante la ingeniería financiera y legal pertinente. Durante veinte años se han estado trasvasando grandes cantidades de riqueza de las manos de los que la producían a las garras de estos verdaderos vampiros postmodernos. Si en 1980 la desigualdad mundial podía medirse en una diferencia de 1 a 20 entre los pobres y los ricos, en 2007 se había llegado a la brutal cifra de 1 a 400. Y como han demostrado los análisis de grandes expertos como Stiglitz o Vinceç Navarro, esta desigualdad ha sido la consecuencia de aquellas políticas y la causa de esta crisis.

Sin embargo, como consecuencia de la dispar situación de clases sociales, los poderosos no solo impusieron el modelo que les hizo ganar tanto, sino que también han impuesto el modelo para solucionar la (su) crisis. Como afirmara Buffet, hay lucha de clases y la suya, los ricos, la está ganando. Todas las medidas implementadas para, supuestamente, salir de la crisis, no son sino un intento por conservar esa riqueza arrebatada al planeta y al resto de seres humanos. Veamos un ejemplo: la crisis comenzó por el sector financiero, elefantíasico en el capitalismo global, y la solución lógica habría sido una sistemática nacionalización y eliminación de instituciones que con sus políticas nos han puesto en esto. Pero la solución adoptada ha sido muy distinta. Nacionalización sí, pero de las pérdidas. Tras esto, inyecciones de dinero de todos para sostener las entidades financieras. ¿Por qué?, pues porque los capitales globales tienen su riqueza en esas mismas instituciones y han obligado a salvarlas a costa de los ciudadanos. En el mundo más del 25% de la riqueza global ha sido dedicada a este rescate. En España tenemos invertido en el sector financiero casi el 40% de nuestro PIB, con unas pérdidas consolidadas de más del 40%. Todo esto quiere decir que nuestras necesidades de financiación pública están hipotecadas durante los próximos 10 o 15 años por la salvación de las riquezas de las élites nacionales.

Nuestros gobernantes, instalados en la mentira necesaria para sostener su farsa, se han embarcado en un proceso peligroso que conducirá a una reacción social inmanejable por las autoridades y de difícil pronóstico sociológico. Ojalá esto derive en un proceso de transformación de la conciencia social, pero el riesgo de descomposición está ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, nuestros dirigentes siguen en sus paseos lunares, en sus borrachera de mentiras.



Etiquetas:   Crisis Económica   ·   Neoliberalismo

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