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Siria, punto de inflexión en las revueltas arabes


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13/09/2013


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Así  como  hace poco, las amenazas de Corea  del Norte tenían  al mundo  en permanente zozobra,  el volcán político y militar sirio,  ha  pasado  abruptamente a ocupar el centro de la crónica negra  internacional, imbuido en asimetrías de información y manipulación mediática. En efecto, sin pretensión de predecir  el futuro, pero con la intención  de disipar el humo que  existe sobre este galimatías  y  disminuir   la incertidumbre  existente, presentamos tres premisas y conclusiones, frente algunos silogismos aparentes, que a nuestro juicio,  operan como  pivotes  del debate.


Primer sofisma

Los Estados Unidos  aseguran,  que  los ataques a Siria no pretenden un cambio de régimen, sino, realizar  un ataque quirúrgico  punitivo  por espacio de  pocos días, que sirva para disuadir al gobierno, de  volver a utilizar armas químicas.

Primera premisa

El ataque  norteamericano de realizarse,  exigirá  muchísimo tiempo más. La tesis  que sostengo, se apoya en las  experiencias semejantes  anteriores como lo fueron: La campaña aérea de Kosovo en marzo de 1999, en la que participaron 600 aviones de trece países de la OTAN con bombardeos diarios contra  Serbia y Montenegro  que duraron  78 días. Los  incesantes  ataques  en  marzo de 2003, como parte de la “Operación Tormenta del Desierto”,  dirigida por  Estados Unidos y  sus aliados contra Irak,  a través de 43 días  y  la operación militar contra Libia  en marzo de 2011,  que necesito de  cinco meses y  20.000 operaciones aéreas,  norteamericanas, francesas, británicas y de otros dieciséis  países de la OTAN, para aplastar a  Gaddafi.

Primera conclusión

El ataque norteamericano de producirse, solo tendría sentido acorde con los intereses de la  Casa Blanca, si tiene  como objetivo táctico, la  creación de  condiciones favorables para invertir en el terreno, la correlación militar de fuerzas  a favor  de los “rebeldes”  y como  objetivo estratégico, el  derrocamiento de   Bashar al Assad,  tal como en Libia, fue  la defenestración de Gaddafi.

Segundo sofisma

Los ataques de los Estados Unidos contra Siria, de producirse,  constituirán una  “respuesta proporcional” y por tanto estarán  dirigidos  exclusivamente    contra las  plataformas de lanzamiento o sitios en que se sospecha,  se almacena armas químicas.

Segunda premisa

Esta falacia, no es consistente con la realidad, pues los misiles de crucero no se dirigirán a los objetivos anunciados, primero, porque  aunque Washington cuentan con tecnología para  atacar  nichos de armas químicas, de todas formas se corre el riesgo de que tales sustancias  se  puedan  esparcir al viento y segundo por los efectos colaterales que podrían tener la  afectación de instalaciones sensitivas (nucleares). En resumen, los ataques de consumarse, en realidad serán  directos contra el arsenal del régimen sirio, todo tipo  de  instalaciones militares y administrativas claves, (Ministerio de Defensa, cuartel general, el palacio presidencial), además de bunkeres, activos de control y refugios del comando, baterías de artillería y lanzacohetes que se utilizan   para disparar proyectiles químicos. 

Segunda conclusión

Además  de los objetivos militares antes  señalados, los ataques sin duda  priorizaran infraestructuras civiles que puedan tener  uso militar, tales como las  carreteras, puertos, aeródromos, pistas de despegues, helipuertos y aeropuertos  que  se identifiquen como  vitales en la estructura logística  de soporte, con que cuentan las fuerzas armadas sirias, para mantener como la tienen, en el terreno  militar,  una  ventaja  clara,  por la abrumadora superioridad aérea; que le permite no solo desplazar sus tropas por todo el territorio nacional, sino también atacar desde el aire a los “rebeldes” con un escaso riesgo. En conclusión, el  ataque se orientara,  a debilitar militarmente al gobierno sirio, al punto de que ni siquiera tenga posibilidades  de recibir ayuda militar externa y por ende, sostener una guerra de largo aliento.

Tercer sofisma

Existen pruebas  irrebatibles de que el ataque el 21 agosto pasado con armas químicas contra civiles inocentes,  fue ordenado directamente por  Bashar  al Assad.

Tercera premisa

Desde hace meses se  habla  del uso de armas químicas en Siria y  del accionar de la ONU para verificarlo. Ejemplo de ello, fue  la  denuncia contra los “rebeldes” hecha por el gobierno sirio, el 21 de marzo, que neutralizaron  Francia e Inglaterra, cuando exigieron  que también  se investigara en otros lugares, donde se sospechaba que el régimen las había utilizado. El uso propagandístico que  hacían ambas partes  del evento y de los decimosegundos hechos de esta naturaleza, hasta entonces denunciados,  lo zanjó la   ONU,  cuando admitió   que existían “indicios” de la utilización de este tipo de armamento, por parte de ambos bandos. En la actualidad, la diferencia y  novedad básicamente es la escala de su uso. De  29 víctimas en la primera oportunidad  a  1.300 muertos o más, que denuncia occidente  o los  355, que Médicos sin Fronteras reconoce. Ante la peligrosidad de las consecuencias  político-militares que  acarrearía  el grave y mortífero hecho, el régimen de Bachar al Assad y las fuerzas “rebeldes” han cruzado acusaciones sobre la autoría del ataque, incluida la  ejecución de  operaciones de bandera falsa, tipo  Maine (Cuba 1898) o el Lusitania (1915, Primera Guerra Mundial). En  respuesta, las   Naciones Unidas procedieron   a enviar  una misión  de expertos, encargada de investigar el uso de este tipo de armamento. Como es previsible, lo más probable será,  que  la organización, si bien constate el uso de armamento químico;  no le  sea posible determinar, ni la autoría, ni  los medios de lanzamiento empleados el  21 de agosto, en Al Ghuta oriental, (afueras de Damasco); tal como  ocurrió, con  investigaciones anteriores de su uso, el 19 de marzo en Khan Al-Asal y Uteibah;  y el 13 y 29 de abril en Sheikh Maqsood  y   Saraqib, respectivamente.

Tercera conclusión

Si bien es cierto que el  uso de armas químicas es  inadmisible y por tanto, sujeto a castigo ejemplar, no  es menos cierto, que en este caso el problema surge con los elementos de la prueba. Con respecto a este crucial detalle,  lo previsible es que  las Naciones Unidas,  no acuse directamente a alguna de las partes como responsable de los sucesos del pasado 21 de agosto. En consecuencia, ante el vacío que producirá, la ausencia de una  acusación oficial directa de la ONU, contra uno  u  otro responsable  y la dificultad de presentar pruebas, que con certeza absoluta, demuestren que  el ataque se realizo por  orden directa de  Bashar  al Assad; la sociedad internacional quedara a merced de  las evidencias  que   exclusivamente Estados Unidos  presenten (si es que lo hacen), basadas en  lo que  dicten sus fuentes  de inteligencia y de las de terceros (Israel), en que ciegamente confían; como si nunca hubiese existido el  precedente  iraquí, de hace una década.

Por: Euclides E. Tapia C. Profesor titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá



Etiquetas:   Naciones Unidas   ·   OTAN   ·   Conflictos Armados   ·   Armas   ·   Siria   ·   Pentágono   ·   Estados Unidos   ·   Armas Químicas

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