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El decepcionante Secretario de Hacienda


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12/09/2013

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Hace unos meses, sobre todo cuando Enrique Peña Nieto era Presidente Electo y a través del equipo de transición, perfilaba a sus colaboradores más cercanos, se notaba y por mucho que los dos puntales de su gobierno serian Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong.


A la postre uno resulto ser Secretario de Hacienda y el otro de Gobernación respectivamente y efectivamente, en ambos el Presidente descarga la mayor concentración de poder y operatividad.

Al grado incluso que trascendió desde los círculos más cercanos al círculo rojo del régimen, que los dos eran desde el principio, proyectos para la próxima sucesión presidencial.

Situación que por supuesto ha provocado si no un enfrentamiento abierto, si una lucha de equilibrios hacia el interior del gobierno, una competencia por la influencia y la imposición de sus perspectivas, de sus visiones políticas y administrativas.

Aunque cada uno tiene responsabilidades definidas, su poder trasciende a sus encargos primarios, cada uno por su lado pretenden tejer una red de alianzas y complicidades en todo el espectro gubernamental.

Es por ello que en casi todas las Secretarias de Estado y en las dependencias del gabinete ampliado, esta la mano de cada uno, ocupando posiciones para sus allegados, que son colaboradores que obedecen a cada proyecto.

La intención es la de conseguir la mayor influencia posible en todas las áreas, contar con el privilegio de la información y por supuesto ejercer controles más allá de sus espacios.

Sabedores ambos que a su superior jerárquico le importa y mucho, más que la eficiencia en sus encargos, la capacidad de negociación con las fuerzas políticas y los poderes facticos, la habilidad de la interlocución y el convencimiento.

Sin embargo al momento de enfrentar los retos particulares propios de sus asignaturas, Videgaray está saliendo mal parado, no solo en materia de resultados sino peor aun en la percepción de su desempeño.

Videgaray arriba a la Secretaria de Hacienda, con el privilegio de la cercanía personal al mandatario, después de años de ser su hombre de confianza, incluso en algunos temas, su principal operador.

Por ello y dadas las circunstancias de su ascensión, es este espacio nos atrevimos a calificarlo en su momento como el Vicepresidente de facto del gobierno, el funcionario más poderoso del nuevo régimen.

Aunado a ello hay que apuntar que de Videgaray se construyo una imagen de inteligencia y sobrada capacidad técnica, mas con tendencia a la tecnocracia que a la política.

Sin omitir por supuesto su carácter severo con tintes autoritarios, un molde muy al estilo de su maestro y mentor Pedro Aspe Armella, Secretario de Hacienda del gobierno de Carlos Salinas.

De cualquier manera en Videgaray se veía o más bien se quiso ver, al funcionario  serio, austero y prudente, capaz de solucionar y transformar, de implantar formatos para la evolución gubernamental, al hombre idóneo para corregir y mejorar.

Sin embargo las dos primeras grandes pruebas que ha tenido que enfrentar, la situación económica nacional y la propuesta de reforma hacendaria, contrastan con esa imagen y le otorgan una calificación muy decepcionante.

Primero está por supuesto el dramático descenso en las expectativas de crecimiento económico, que del tres punto cinco por ciento se reducen al uno punto ocho.

Estamos hablando de un déficit primario del producto interno bruto que raya en promedio en el tres por ciento, que se trata de ocultar con la presentación de un déficit operativo ajustado, que no es más que una administración del flujo de caja.

Estrategia que no debe sorprender, porque si se recuerda fue muy similar a la que utilizo en su momento su mentor y maestro Pedro Aspe, con los resultados que todos conocemos.

Como herramientas para resolver la coyuntura Videgaray propone dos acciones, un endeudamiento del cuatro punto uno del Producto interno bruto, lo cual no puede ser realmente una solución, a pesar de que la cifra no sea tan elevada.

Sin embargo sin un proyecto de inversión pública que fomente el desarrollo, el sentido del endeudamiento representa un grave peligro al largo plazo, más aun cuando las condiciones de crecimiento son tan desfavorables.

Porque aun y cuando en este momento el país es capaz de sostener ese nivel de deuda, volver a la estrategia de hipotecarse no puede ser un buen presagio, sobre todo si es va a ser la única solución para salir al paso de la crisis.

La otra acción y que en simultaneo es el segundo gran reto para Videgaray, es precisamente la propuesta de reforma hacendaria, de su autoría, porque se trata de una herramienta de política tributaria y no de desarrollo económico y social.

No se puede pretender por lógica deductiva, fomentar el crecimiento en las condiciones actuales, con un endurecimiento de la política fiscal, no solo es un contra sentido, es un despropósito político.

La propuesta de reforma hacendaria, que ya hemos explicado se queda corta en la intención integral, y como hemos dicho en repetidas ocasiones es una miscelánea fiscal mas, atenta gravemente contra la clase media.

En ella se incumple la promesa de que paguen más los que más ganan, la de incorporar a la economía formal al gran porcentaje de agentes que se mantienen al margen de la ley.

En concreto, veamos estos ejemplos, al aumentar el impuesto sobre la renta de manera general y no en orden progresivo, no hay la equidad que se ofreció en el pago de impuestos, esta medida va directamente en contra de quienes ya pagan y ahora tendrán que contribuir más.

El incremento va en un rango que considera a aquellos con ingresos a partir de los cuarenta mil pesos mensuales en adelante y ahí se detiene, no aumenta conforme el ingreso es mayor.

En conclusión pagaran la misma taza, el que gana esos cuarenta mil pesos, como el que gana millones de pesos, de tal suerte que a quien se afecta directamente es solo a clase media.

Porque adicionalmente a ello hay que sumar, la disminución de deducciones y la implantación del impuesto al valor agregado a las colegiaturas y a la renta y venta de inmuebles, que por supuesto son aspectos que de nueva cuenta a quien golpean es a la clase media.

En el caso del impuesto a las colegiaturas, Videgaray logro unir a tosa las fuerzas políticas, incluida la priista en contra, lo que llama poderosamente la atención porque se supone que por definición los legisladores de su partido, tendrían que apoyar la propuesta sin ninguna discusión.

Al grado incluso que ayer en su comparecencia en la cámara de diputados, hay que decir como dato adicional que Videgaray es quizá el único Secretario de Hacienda en los últimos cincuenta años al menos, que antes de ocupar ese cargo, había sido legislador federal,  ante la presión de los partidos, tuvo que aceptar que el impuesto a las colegiaturas tendrá que revisarse.

Un duro golpe para su imagen y para su posición, sobre todo por la abierta negativa de los diputados federales priistas encabezados por Manlio Fabio Beltrones, de apoyar tal medida, no solo por impopular, sino por improcedente.

Visto así lo que Videgaray pretende es que sea la clase media, el segmento social el que cargue con todo el peso del financiamiento público, sin tocar como se ofreció a los más ricos, como sucede en las grandes potencias económicas.

Independientemente de cómo se vote la propuesta de reforma y que modificaciones llegue a tener, lo que resalta es pues que el planteamiento de origen, de la autoría del Secretario de Hacienda, es totalmente inadecuado y poco oportuno, lo que sumado a lo que parece una franca incapacidad para resolver el tema del déficit y el proceso de crecimiento, lo convierten lamentablemente, con todo y su cercanía al Presidente y su poder, en un decepcionante Secretario de Hacienda.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Política   ·   Impuestos   ·   Crisis Económica   ·   Gobierno   ·   Partidos Políticos   ·   Reforma Hacendaria

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