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Educación de calidad: un reto para el desarrollo de México


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12/09/2013


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A partir de los años noventas, pero con mayor acentuación en la década anterior, los requisitos para alcanzar el éxito como país comenzaron a reacomodarse, pues distintas naciones de no gran extensión territorial y escasos recursos naturales, se destacaron por mostrar un avance significativo con base en la investigación e innovación.


Los países que han mostrado esta capacidad de evolución y desarrollo, se distinguen por haber privilegiado la educación de calidad, por haber invertido en el desarrollo intelectual de los ciudadanos. Son gobiernos que enfocaron gasto público, capital político y esfuerzo administrativo, en elevar la calidad y la visión de sus sistemas educativos.

Se trata de naciones que apostaron al potencial de la investigación, la innovación y el desarrollo de nuevas ideas, como directrices de política pública. Algo relevante, es que no lo hicieron a través de la importación permanente de talento humano, sino mediante el desarrollo de capital intelectual propio, de la formación idónea de sus jóvenes estudiantes.

Hay tres ejemplos que vale la pena destacar; el primero de ellos es Finlandia, un campeón mundial del progreso. País con cerca de seis millones de habitantes y que hasta hace pocos lustros vivía de la agricultura y la exportación de materias primas.

Hoy, según el Foro Económico Mundial y otras instituciones, ocupa los primeros lugares en competitividad; es de las naciones más democráticas; también de las menos corruptas; ocupa el primer lugar en los resultados de los exámenes internacionales PISA; y es quien cuenta con mayor número de investigadores científicos per cápita.

¿Cuál fue la clave del cambio finlandés? Educación para todos, de calidad; docentes de excelencia, profesores certificados internacionalmente; meritocracia educativa como requisito para progresar; innovación e investigación.  

El segundo caso es Singapur, un país que hace cinco décadas era una colonia británica y que al independizarse en 1965, contaba con un producto que no registraba ni la mitad del mexicano o argentino. Actualmente, tiene un ingreso per cápita superior a $50,000 dólares por año, superior incluso al estadounidense.

Singapur es cuna de grandes adelantos tecnológicos; los taxis y elevadores son algunos botones de muestra; ocupa los primeros lugares en exámenes internacionales de ciencias, pruebas donde los países de Latinoamérica ni siquiera se animan a participar; y es el país más globalizado el mundo.

¿Cuál es la esencia del progreso singapurense? Adopción del idioma ingles en el sistema educativo; internacionalización de la educación, tiene cerca de 100 universidades extranjeras en su territorio; escuelas vocacionales, acceso a la educación para todos; profesores de excelencia y con elevados ingresos, sujetos a evaluación y resultados medibles; e innovación, un alto registro de patentes.

Por último, aparece Israel, una nación que aún con las circunstancias militares y religiosas, encabeza la lista de empresas start ups impulsadas y los primeros lugares en compañías listadas en el Índice Nasdaq de empresas tecnológicas de Wall Street.

Israel, es el país que más invierte en innovación como porcentaje de su producto bruto en el mundo; vaya, tiene más empresas de tecnología listadas en el Nasdaq que todos los países europeos juntos. ¿Cuál es el secreto? Cultura de innovación y espíritu emprendedor, aspectos que se fomentan intensamente en el sistema educativo.

Como se puede apreciar, estas economías no sólo han incrementado su competitividad mediante el alza en la calidad de la educación, sino que como consecuencia lógica al aumentar el ingreso y la expectativa de remuneración de los individuos, también han logrado ampliar el nivel de bienestar colectivo.

Así, conforme los ciudadanos reciben educación de calidad, desarrollan mejores capacidades para innovar y competir, lo que ayuda a que obtengan un mejor ingreso personal, generando mayor bienestar y calidad de vida para las familias, con la correspondiente derrama para la economía local, nacional y demás.

En los mercados actuales, la globalización y la evolución tecnológica marcan una pauta importante, por lo que el potencial de beneficio favorece a las personas más calificadas. La dinámica de hoy, fomenta la creación de valor, otorgando altos ingresos, solamente a aquellos individuos con capacidad de generarlo y justificarlo, a aquellos que se diferencian por su capacidad de innovación, de aportar algo distinto.

Lo importante, es que si la política pública se encauza en tal sentido; buscando preparar a los ciudadanos con las aptitudes en innovación y desarrollo necesarias para competir en el entorno actual; el beneficio trasciende a la esfera personal y se generaliza a la sociedad, ganan la colectividad y la nación.

Entonces, si un gobierno busca elevar el nivel de bienestar en la población, si decide enfocarse en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, será necesario que invierta en educación de calidad, en la educación que se requiere para competir con éxito en la actualidad, pues es una llave importante para lograr competitividad y poder crear mayores oportunidades para el país.

En México, este escenario es tema que aún se encuentra pendiente, pues las cifras no permiten hablar de cantidad y menos de calidad. Según la OCDE, el 35% de los adultos entre 25 y 64 años de edad, apenas cuenta con educación secundaria o su equivalente, cifra muy inferior al promedio de referencia.

El punto, es que este rubro es uno de los pocos donde el dinero parece no ser el problema, pues el nivel de inversión que se destina a la educación, es competitivo internacionalmente; aún así, los resultados dejan bastante por desear. Sirva de segundo ejemplo, que la matrícula de jóvenes entre 15 y 19 años, es la menor de la OCDE. Además, dos de cada tres jóvenes, abandonan el sistema educativo en los cuatro años posteriores a la escolaridad obligatoria.

Vaya, es muy difícil pensar en educación de calidad para México, en educación competitiva para el entorno de actualidad, cuando se tienen este tipo de cifras. Y por supuesto que esta realidad se refleja en el bienestar común, pues más del 80% de los mexicanos con seis o menos años de escolaridad, se emplean en la informalidad y se ubican en los deciles más bajos de ingreso.

Claro que la contraparte cierra el círculo, pues las cifras también muestran, que la población que ocupa los deciles de mayores ingresos, es aquella que cuenta con 20 o más años de estudio.

Otro aspecto crucial, es que aunque la educación constituye tal referente de progreso, los números descritos contribuyen para ampliar la brecha de la desigualdad económica y social, pues mientras no se logre uniformidad y calidad, será prácticamente imposible que la gente más desprotegida, escale en la tarifa del ingreso personal. Es la realidad que persiste.

Tim Harford, analista del Financial Times, lo ha referido con determinación: “Mientras más desiguales se conviertan nuestras sociedades, mas nos convertiremos todos en prisioneros de esa desigualdad.”

La inversión en educación de calidad y con enfoque en la innovación; no sólo en cobertura y en cantidad de años; es muy interesante como política pública de largo alcance, pues no sólo atiende la parte social del desarrollo, sino que también contempla la mejora en competitividad y la creación de mayores oportunidades, lo que desemboca en potencial de crecimiento económico.

Ojalá que en México logremos la visión y el acomodo de los engranes necesarios para mejorar la calidad educativa, pues se trata de un motor importantísimo para el progreso de todos.

La educación puede concebirse como la mecha del progreso nacional. Contrario a quienes afirman que el mejor Secretario de Desarrollo Social es el Secretario de Hacienda; quizá junto con el de Economía; parece que el Secretario de Educación también debe competir por la nominación.

Andrés Oppenheimer, periodista y escritor destacado, lo traza con precisión para México y Latinoamérica: “Es hora de que cada palo aguante la vela de su propio progreso… romper nuestra ceguera periférica, y mirar menos al espejo y más por la ventana”.

Al comparar nuestra realidad nacional con los casos de éxito mencionados y con otros más del entrono global, resulta frustrante que teniendo potencial para sobresalir, permanezcamos paralizados por la falta de voluntad y consenso. Ojalá se privilegien los argumentos.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.





Comentarios por favor a: oscar.ahp@gmail.com

Twitter: @oscar_ahp



Etiquetas:   Economía   ·   Educación   ·   Pobreza   ·   Economía Informal   ·   Crecimiento Económico    ·   Reforma Educativa   ·   Desigualdad

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