.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-228493-2013-09-07.html">http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-228493-2013-09-07.html)
el pasado Sábado en Página 12 bajo el título de “Obamatitis”. No tanto por el
contenido, un análisis (poco acertado y con muchos baches, en mi humilde
opinión) de la situación en la que se encuentra Barack Obama tras la Cumbre de G-20 EN
San Petesburgo. Lo que me hizo ruido fue el término “falso progresista” que utilizó el autor para calificar al
Presidente de los Estados Unidos. Pongamos las cartas sobre la mesa: Obama, de
quien tengo una opinión intermedia tirando a buena, jamás se presentó como un “progresista”
(digamos más bien de izquierda, porque yo creo firmemente que el famoso
“progre” es de derecha) y cualquiera puede comprobar esto si lee sus discursos
de campaña donde desde el vamos quedó claro que era un político más bien
centrista con una fuerte identificación Liberal (de EEUU, no de Hayek y
Friedman). Este supuesto presidente negro y revolucionario, una suerte de
mezcla de Martin Luther King y el Che Guevara, solo podía ser el deseo de todos
los intelectuales y figuras que se encuadran dentro de una progresía nacional que
hace 10 años ha ganado una sorprendente e inexplicable – por lo limitado de sus
pensamientos- notoriedad en las agendas pública y política. Tras leer la
columna de Bruschtein y hacer un veloz repaso mental de esta década kirchnerista,
me di cuenta que el “falso progresismo”
existe pero no justamente en los Estados Unidos sino aquí en nuestro país –
fenómeno que además se extiende a varios de nuestros países vecinos-. Y no
hablo solamente de los militantes del partido gobernante, pues esto sería
faltar a la verdad. Hay veces que al coro progresista se suman integrantes de
otros partidos tanto contrarios como más o menos cercanos al oficialismo.
El progresismo es un fenómeno que siempre busca ser
complejo, pero que es mucho más simple de analizar y definir de lo que parece.
Podemos decir que se reduce a las personas que dicen poseer un discurso cercano
a la centro-izquierda y que apoyan fervientemente el discurso que enaltece la
democracia representativa y popular. Agrego que su prédica suele ser
nacionalista al extremo y a favor de una mayor incidencia del Estado en la
sociedad, que suele venir acompañada por la veneración de una figura
presidencial fuerte y vertical. Queda en claro que su discurso democrático y
popular queda reducido a la nada misma cuando se cumple el último punto
mencionado: el gobernante se termina convirtiendo en el pueblo mismo y la idea
de la representación se va directo al tacho de basura. Vemos que es un discurso
engañoso y contradictorio, que expone una serie de valores como fachada pluralista
pero que oculta atrás de esta su verdadero rostro. Esta – si se quiere-
ideología, afloró con el retorno de la democracia en el año 1983 y terminó de
consolidarse durante los dos gobiernos de Carlos Saúl Menem. Como bien dicen
los hoy críticos de Jorge Lanata: “Era
fácil ser progre en los 90’. Ahí todos éramos progres”. Y en algo tienen
razón, aunque se olvidan de un pequeño detalle: la situación política, económica
y social actual es exactamente la misma pero con una fuerte dosis de maquillaje
que por suerte ya se está terminando de correr por completo. Cuando esta cobertura
del progresista comienza a corroerse, quedan al descubierto sus verdaderos
pensamientos. Desde su estruendosa victoria en el año 2011 con el 54% de los
votos, el kirchnerismo no ha hecho más que ayudar a eliminar el velo “progre”
que lo recubría. Consecuentemente el mismo proceso está sucediéndole a todos
sus militantes (tanto los fanáticos rabiosos como los no tanto) que comienzan a
ver cómo, ante el atento ojo de la sociedad, siempre terminan apoyando una
serie de medidas y discursos que no son exactamente lo que ellos siempre
dijeron defender. Se produce la famosa ruptura entre realidad y discurso que
hace volar por los aires un de ratos efectivo pero, a fin de cuentas, endeble
disfraz. En este punto voy a profundizar, explotando una serie de
contradicciones groseras, para dejar bien en claro el tema central de este
artículo. Este es el “falso progresismo”
que tenemos en la Argentina, el que posee como gran corriente de expresión al
gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
El progresista es un ser bastante particular. Comienza
diciendo que le importan los derechos humanos y que la lucha de las Madres y
las Abuelas de Plaza de Mayo no se puede manchar con nada. Pero cuando se hace
evidente que ambas organizaciones están no ya manchadas sino cubiertas por el
dinero sucio del gobierno y el uso partidario que este les da, decide
radicalizar su postura y mirar para otro lado. Su justificación, claro, es que
“los pañuelos no se manchan” y sirve para justificar una malversación como la
llevada adelante por fundación Sueños Compartidos dirigida por Hebe de Bonafini
y los hermanos Schocklender , que terminó siendo una constructora subsidiaria
de un gobierno de turno.. La única línea que repetirán va a ser la ya
mencionada y lo harán hasta el hartazgo. Si es por ellos las Madres, las
Abuelas y hasta Cristina Kirchner pueden ser cómplices de un asesinato y aun
así seguirán siendo intocables y puras.
El repertorio de estos seres humanos no termina allí. Cuando
el gobierno nacional decidió ascender a Cesar Milani como Jefe del Ejército, lo
hizo a sabiendas de las graves acusaciones que pesaban en su contra. Tras
recibir una enorme presión de parte de la sociedad en general y de varios
medios de comunicación, decidió suspender la discusión sobre el pliego de
Milani hasta nuevo aviso. Los números comenzaban a bajar y las caretas
comenzaban a correrse, por lo que la Presidenta decidió que no convenía seguir perdiendo votos. Fue
extraño y divertido, porque el progresista pasó de decir que “no se puede
acusar a nadie sin pruebas concretas” al silencio absoluto en un lapso muy
corto. Durante varias semanas, defendió a un militar sobre el que pesan
sospechas y contra el que hay pilas de evidencia respecto de su nefasto rol
durante el Operativo Independencia (1975) y la posterior dictadura
cívico-militar. Si la designación hubiese sido realizada por un político del
signo contrario, de seguro que por una vez habría llegado a un acuerdo con los
progres. Nuevamente asistimos a una exaltada defensa de “todo lo hecho por el
kirchnerismo en materia de DD.HH” y la ya típica mirada hacia el costado cuando
la realidad golpea fuerte. Mejor es armar un mundo de fantasía antes que
descubrir qué uno ha sido engañado. Pero esto es mucho peor que eso: hemos
comprobado que en los tiempos que corren, cuando se trata de defender al
caudillo propio no hay contradicción que asuste al progresismo que se adapta a
cualquier situación como un hábil camaleón. Y lo hacen con la más plena y
cínica conciencia. El ejemplo más triste de esto es Estela De Carlotto que -
embelesada por la figura presidencial y por el lugar central que el
kirchnerismo le dio desde que llegó al poder- defendió a Milani públicamente (http://www.lanacion.com.ar/1603081-estela-de-carlotto-defendio-la-designacion-de-cesar-milani-confiamos-en-la-presidenta)
cuando las Madres de La Rioja vienen pidiendo hace años juicio y castigo.
Además relativizó el “Nunca Más” de la provincia del Norte diciendo que no
todos los que están allí mencionados son asesinos. Y lo peor es que dijo que
tiene que haber pruebas, cuando ella se pasó más de 6 años diciéndole a
Ernestina Herrera de Noble que era una apropiadora de bebés sin tener la más
mínima prueba (pero sí la orden del gobierno al que responde como un soldado).
Hay algunos casos que son mucho más recientes nos pueden
ayudar a seguir explorando el progresismo nacional y popular. Hace mucho tiempo
que estos individuos atacan al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
Daniel Scioli por impulsar la “mano dura” como política de seguridad. También
por ello siempre han sido muy criticados Mauricio Macri y Francisco De Narváez
y debo decir que coincidí siempre con estas expresiones en su contra. Con el
Juez de la Corte Suprema de la Nación Raúl Zaffaroni como estandarte, el
kirchnerista siempre se autodenominó “garantista”. Es más la administración de
Cristina Kirchner, así como la de su difunto marido, siempre se jactó de no
reprimir la protesta social. Para ellos la inseguridad siempre fue una
sensación y una manera de estigmatizar al que menos tiene. Todo muy hermoso
hasta aquí, pero de nuevo la realidad es otra. El gobierno nacional ha federalizado
la represión sin ningún pudor y nuevamente sus militantes han elegido ignorar
esos sucesos y seguir diciendo que la represión no es ordenada por el gobierno
desde hace más de 10 años. Demás está decir que muy recientemente una zona
liberada por la Policía Federal permitió el asesinato del militante del Partido
Obrero Mariano Ferreyra, cuya figura fue hipócritamente utilizada por el
gobierno para despegarse de un caso en el que sus huellas dactilares están por
todas partes. Pero el progresista repite que los asesinos de Ferreyra fueron
los miembros de la patota sindical de Pedraza que – para ellos, aunque bien
saben que es una gran mentira- nada tenía que ver con el gobierno ni hacía
negociados con el Estado Nacional. Volviendo al comienzo del párrafo, la mano
dura ha sido muy criticada por el progresista más allá de que no sea una
crítica honesta. Por ello mismo es tal vez entendible que este no ponga reparos
en el envío de Gendarmes al Conurbano Bonaerense, sabiendo que el hecho es una
manera muy cruel de estigmatizar al pobre y de someterlo al prejuicio y la
violencia de ALGUNOS (no todos) de los soldados que han hecho desastres en la
zona desde que comenzó el Cinturón Sur. Pero nada de esto parece molestar al
militante, que va a elogiar el accionar de Gendarmería diciendo que “los
vecinos dicen que todo está más seguro ahora”. Es decir, una gran vaguedad que
carece de toda precisión y realismo, y que además no incluye a los sectores más
necesitados (nadie va y les pregunta a ellos que opinan de los soldados
enviados por Cristina Kirchner). El progresista aplaude una decisión que es
grave y discriminatoria, demostrando que dentro de sí reside un fascista que
tiene una gran atracción por la mano dura y el militarismo. Otro ejemplo que
nos va a ayudar a comprender aún más la naturaleza de estas personas, es la
designación de Alejandro Granados como Ministro de Seguridad de la Provincia de
Buenos Aires. Este señor, hasta hace unos días Intendente de Ezeiza, es
conocido por sus famosos dichos hace unos años, en los que predicaba acerca de
la necesidad de matar a los ladrones que lo asaltaron una vez y de que todos
estemos armados porque estamos en plena guerra (vaya uno a saber con quién o
con qué). Dice que disminuyó a casi cero la delincuencia en su municipio, pero
la realidad es que con sus “Escuadrones de la Muerte” (vecinos y demás yerbas
armados) lo único que ha aumentado es la violencia, las ejecuciones y las
torturas así como la connivencia con sectores corruptos de la policía que
trabaja en la zona. Para más información, lean este artículo de Horacio
Verbitsky – otro icono progre, para que vean que no discrimino por ideología –
donde explica muy bien quien es Alejandro Granados: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-228564-2013-09-08.html).
Página 12, gran medio progre si los hay, en los 90’ criticaba a Granados por su
menemismo y por ser un retrógrado. Hoy se encarga de elogiar los “bajos índices
de inseguridad que logró en Ezeiza” y nada dice acerca de todo lo que acabo de
enumerar. Por supuesto que el progresista acompaña esta postura y en esta no
está solo: tiene la compañía de la centro-derecha y derecha nacional. Algo sin
duda ideal para no sentirse solo y con frío.
Siguiendo por la misma línea, colisionamos con el proyecto
del primer candidato a Diputado Nacional por el Frente Para La Victoria Martín
Insaurralde para bajar la edad de imputabilidad a los 14/16 años. Todo lo que
se pueda decir acerca de esta barbaridad esta dicho, así que no voy a redundar
en ello. Puedo sumar que los tratados internacionales a los que adherimos en el
artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional son la gran traba para esta
idea: uno de ellos dice que se es niño hasta los 18 años y que hasta allí
corresponde el trato como tal. Alcanza también con decir que tiene el apoyo del
PRO, de la UCR y de De Narváez quien gentilmente - y en una buena chicana- le envió a Insaurralde su
proyecto que es exactamente el mismo que el propuesto por el candidato del FPV. Nobleza obliga, tanto dentro como fuera
del kirchnerismo ya salieron varios a decir que no votarían jamás un proyecto
semejante, aunque uno nunca sabe. Tal vez los tenemos en dos meses
defendiéndolo porque se incluyeron en él “reformas democratizadoras e
inclusivas muy importantes”, algo que se comprueba en las recientes
declaraciones de Daniel Scioli y Juliana Di Tullio que intentaron defender
aunque sea de costado a su compañero que venía siendo golpeado por varios popes
del gobierno (Aníbal Fernández, Kunkel…). Más allá de las opiniones
individuales, no hay ninguna duda de que semejante iniciativa no puede hacerse
pública sin el apoyo de la Presidenta. Y el Intendente de Lomas de Zamora se
encargó de reafirmar su postura en lo de Mirtha Legrand (ay ay ay), donde
bastante cómodo estuvo, aunque esto tampoco pareció moverle el amperímetro al
progre que hace poco festejaba las escupideras populares con la foto de la nonagenaria señora. El otro día en el programa 678 e habló
del tema y ante el silencio de la mesa, la panelista Cynthia García tuvo un gran
gesto, el único de todo lo que vi y escuché de ella en estos años, y expresó su total disgusto respecto de la idea. Todos los demás periodistas que estaban allí
sentados, que siempre dicen que son de izquierda y plurales, hicieron silencio.
Ninguno se atrevió a agregar algo, tal vez por miedo a recibir una represalia
desde arriba o porque en el fondo tan en desacuerdo con el lomense no están al
fin y al cabo.
Otra gran muletilla del progresista es su lucha contra las
corporaciones. Hoy dicen que Clarín es la gran “corpo maligna” y que es el
enemigo a vencer. Que colaboró con la dictadura y que su CEO Héctor Magnetto
y Ernestina “deme a su bebé” Herrera de
Noble deben ser juzgados y condenados. Pero si llevamos el tiempo atrás hasta
2003, nos daremos cuenta que Clarín fue socio del gobierno de Néstor Kirchner y
también del de Cristina Kirchner hasta su pelea en el año 2008. Durante todos
esos años, los progres vieron como el gobierno que ellos apoyan llenó al Grupo
Clarín de beneficios que lo terminaron por consolidar como el gran monopolio mediático
nacional. Y en todo ese tiempo no dijeron ni una palabra al respecto. Mientras
Clarín hiciese kirchnerismo explícito, no había crimen durante la dictadura (y
fuera de ella también) que valiera. Eso sí, cuando la sociedad comercial se
terminó por la negativa del gobierno a darle el famoso y tan mentado “Triple
Play”, ahí recuperaron la memoria. El progre tiene una gran variedad de
discursos, pero al parecer también un grado de amnesia muy avanzado.
Sumemos a este tema a Chevron, la corporación trasnacional
de la familia Rockefeller, que está enfrentando un juicio multimillonario de
parte del Estado por daños ambientales y humanos en el Ecuador de Rafael
Correa, otro gran ícono progre amado por la “nueva izquierda latinoamericana”
(José Nátanson dixit). Tras la
recuperación de parte del Estado de la mayoría de las acciones de YPF, la
progresía nacional – sin distinción partidaria- festejó que nuestro petróleo
nunca jamás volvería a ser de nadie más que de nosotros mismos. Se enarboló la
bandera de la soberanía nacional que tanto atrae a la izquierda boba y todos
cayeron bajo el embrujo nuevamente (Ley de Medios, AFJP, Retenciones Móviles y
la lista sigue). El cartel de La Cámpora diciendo que la compañía nunca más iba
a ser de empresas como Chevron (créanme, su nombre estaba bien grande y
resaltado entre varios) fue el acabose de los progresistas. Maldita realidad
entonces, pues el kirchnerismo corrió velozmente a los brazos de esta otrora
imperialista corporación y le ofreció un acuerdo imposible de rechazar que nos
retrotrae a las viejas épocas cuando las petroleras dominaban el mundo. Los
paupérrimos números en materia energética llevaron al gobierno a entregar la ya
vapuleada soberanía nacional y al progresismo a pensar en cómo avalar este giro
de 180° en materia discursiva. Y no debe sorprendernos que hayan encontrado la
manera de hacerlo. Comenzaron a acusar a todo el que criticaba los daños
ambientales producidos por el fracking de utópicos reaccionarios (lean el último
artículo de Scaletta y las dos geniales respuestas contrarias a lo que dice: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-7068-2013-09-08.html)
y algunos – y aquí hablo por experiencias personales- llegaron a decir que
nosotros si tanto nos quejábamos que pusiésemos la plata de nuestro bolsillo y
listo. Juro que me dijeron esta línea textualmente. También que esto era un acuerdo que beneficiaba a las dos partes y que no se entregaba nada a nadie. Expertos petroleros
y amigos de la destrucción de los recursos naturales propios en un solo
movimiento. Un argumento similar utilizaron para en su momento (allá por 2008: http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/13/noticia_0025.html)
apoyar el veto de Cristina Kirchner a la Ley de Glaciares que favoreció de
manera directa a la Barrick Gold, otra de las más grandes y poderosas
corporaciones mundiales que tiene una doble coincidencia con Chevron: el estar
manchada con sangre y tener fructíferos negocios con el kirchnerismo.
Como si esto fuese poco, se agregan a la olla popular los
gobernadores que pertenecen al PJ-FPV. Es realmente imposible – no para el
progre, claro está- sostener que el kirchnerismo es un partido de izquierda
cuando sus principales aliados (y por ende los más beneficiados con fondos
públicos y elogiados en actos oficiales por la Presidenta) son señores feudales
tan retrógrados y dictatoriales como Gildo Insfrán, Jose Luis Gioja, Eduardo Fellner,
Gerardo Zamora, Milton Capitanich, Juan Manuel Urtubey, José Alperovich, Maurice
Closs, Sergio Urribarri, Daniel Scioli y la mayoría de los Barones del
Conurbano que son todo menos democráticos, plurales e inclusivos…Ya sabemos que
los gobernadores de Formosa y Chaco tienen un problema serio con la comunidad
originaria QOM y hacen todo lo posible para correrlos o eventualmente borrarlos
definitivamente del mapa. De Fellner podemos decir que hasta la ultra
kirchnerista Milagro Sala lo repudia públicamente por su accionar represivo
sobre toda manifestación que no le guste en tierras jujeñas (y sobre otras
cuestiones también). El primer mandatario de Santiago del Estero va aún más
lejos y es socio de la mayoría de los grandes terratenientes de la provincia. Junto
con ellos persigue y mata a los
integrantes del MOCASE que viven refugiados en el monte santiagueño, en
condiciones realmente inhumanas. Las vidas arrebatadas de Miguel Galván y
Cristian Ferreyra confirman estos datos
(miren este documental de la excelente Revista Crisis para obtener una visión
más completa de esta dura realidad: http://www.youtube.com/watch?v=ygHFBFw4FN0
) ¿Qué tiene para decir la izquierda nac&pop de esto? “Es un tema complejo”
o “una cosa son las provincias y otra el partido a nivel nacional”. Con esto
último yo les preguntaría como se arma un partido nacional sin considerar a
todas sus provincias aliadas, pero bueno mejor no hacer que se hundan todavía
más en sus insoportables redes de excusas.
No puedo dejar afuera de este largo catálogo de fallidos
progresistas-oficialistas la reacción que tuvieron cuando sucedió el crimen de
Once. Fue lamentable ver como los militantes que siempre hablaron de los
trabajadores y sus derechos, salían a culparlos a ellos repitiendo el discurso
de un Ministro trasnochado y delincuente como Schiavi (el che pibe de Ricardo
Jaime que asumió – y siguió con el esquema previo- cuando al cordobés fanático
del dinero ajeno y del oro tuvieron que sacarlo del medio porque era
insostenible) donde el ciudadano común, que hace más 20 años debe viajar en
trenes en pésimo estado físico y técnico y que no cumplen con los estándares
mínimos de un buen servicio, tenía la culpa por esa “costumbre de los
argentinos de amontonarse en el primer vagón para querer bajar primero” y que
“hubiese sido menos grave si era un feriado” (http://lapoliticaonline.com/noticias/val/80264/schiavi-si-esto-pasaba-ayer-la-tragedia-era-menor.html).
Y lo dijo con total impunidad y seguridad como si tuviese la razón absoluta.
Ningún progre alzó la voz contra la corrupción en el área de transporte y en
los negocios de los hermanos Cirigliano con la administración kirchnerista. La
defensa a personajes sombríos como Julio De Vido, Juan Pablo Schiavi y Ricardo Jaime
fue cerrada y se dio el caso por terminado. Otra frase que dijeron fue:
“heredamos esto de los 90’, y ahora por lo menos la gente viaja porque tiene
trabajo cuando antes no lo tenía”. Coincido con esta pseudo izquierda en que
Menem destruyó los trenes nacionales, pero el kirchnerismo no hizo más que
profundizar aquel modelo privatizador pero poniéndole un maquillaje llamado
“subsidios” (cuyo costo, dicho sea de paso, recae en su mayoría sobre los
sectores con menores ingresos). Ni una mención acerca de este preocupante dato
tampoco. Se repetía el esquema del asesinato de Mariano Ferreyra: de repente
los dos ex Secretarios de Transporte eran ajenos al gobierno y toda la culpa
era solamente de ellos sin involucrar a la Presidenta ni a Néstor Kirchner que
básicamente fueron siempre sus jefes (recomiendo la lectura de El Rekaudador de Omar Lavieri). Para el
militante enfervorizado, el que culpaba al gobierno era – y sigue siendo- un
apátrida y un golpista y todo familiar y sobreviviente de la tragedia que se
expresase siguiendo esta línea sin dudas estaba pago por la “derecha rancia y
clarinista” y era un traidor más del montón. Un bonus track: cuando renunció
Schiavi, un auditorio lleno de militantes lo despidió con una ovación. Y
también aplaudió cuando De Vido dijo con tono culposo que nadie lo felicitaba al
Ministro por la cantidad de veces que el tren llegó a destino (?) como si esto
fuese un logro maravilloso (http://www.perfil.com/contenidos/2012/03/08/noticia_0017.html),
cuando en realidad es lo que debe suceder normalmente. Pero así es el
progresista al fin y al cabo: declama muchas cosas desde la izquierda y lo
popular, pero sus acciones son completamente al revés de sus dichos.
Y para terminar, la sección que más me gusta: la de
internacionales. Aquí es donde se puede apreciar la verdadera cara del progre
sin ningún tipo de matices o de maquillaje corrido que lo haga zafar, al menos
circunstancialmente. Tomemos un ejemplo concreto y reciente: la cruenta guerra
civil en la que Siria está sumida hace varios meses. Los dos bandos, el del
Presidente Bashar Al-Assad y el de los rebeldes (conflicto que se puede reducir
en la milenaria confrontación entre Suniitas y Chiitas), están matándose sin
cuartel ni piedad. La ONU acaba de acusar a los soldados y milicianos de Assad de
haber perpetrado 7 masacres y a sus enemigos de una. En el medio está la gente
común, el pueblo que poco y nada tiene que ver en un conflicto que siempre es
en su nombre pero es tan solo otra lucha sanguinaria por el poder. El
progresista lo único que tenía para decir era que los rebeldes eran mercenarios
pagos que querían derrocar a Assad que para ellos es una especie de Bolívar
sirio (ídem Khadaffi en Libia y Saddam Hussein en Irak). Cuando Obama anunció
que podría bombardear Siria por el uso de armas químicas de parte de las tropas
del gobierno contra su pueblo, toda la progresía nacional e internacional salió
a decir que era un genocida y que los problemas en cada país deben ser
resueltos sin la intervención de nadie. No estoy poniendo en duda que los
Estados Unidos sean un país terrorista ya que coincido con escritores como Noam
Chomsky que dicen exactamente eso, sino que yo no estoy dispuesto a defender a
un asesino por el solo hecho de repudiar a otro. Ni el gobierno nacional ni sus
militantes ni nadie de la izquierda nacional se pronunció en contra de la
carnicería que lleva adelante el dictador en su país. No está mal ser contrario
a las intervenciones, más si vienen de parte de los EEUU (Irak is always on my
mind…) pero esto no debe llevar a ensalzar a un asesino del mismo calibre que
es contrario a cualquier tipo de discurso centrado en la democracia, el
pluralismo, la libertad y los derechos humanos. El progre aquí tiene dos
flancos muy débiles: primero el defender a un dictador que ataca a su propio
pueblo sin ser castigado por ello y segundo el avalar las más de 5000 muertes
por mes que se producen en Siria. Ambos puntos están conectados por la
mentalidad estancada en la Guerra Fría que poseen estas personas y por ese iracundo amor por los caudillos fuertes,
nacionalistas y totalitarios que ya mencioné en esta nota.
Por lo pronto esto es todo respecto a los progresistas. Pero
no hay que dejar de estar atentos a los sucesos tanto internos como externos
para seguir nutriendo nuestra base de datos. El “falso progresismo” existe en
nuestro país y es el que nos gobierna hace más de diez años. Y debemos admitir que
nunca deja de sorprendernos.