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La Verdadera Doctrina del Perdon y sus Patologìas Modernas.


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09/09/2013

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Nuestro Cristianismo y su doctrina del perdòn, tanto a nivel popular como eclasiàstico, se ha ido desdibujando y degradando, hasta que ya no cumple la funciòn salvìfica y sanadora que tenia en sus origenes. El humanismo lo ha deformado con datos falsos ademàs del deterioro del tiempo.Hoy hablamos de tolerancia junto con el perdon cristiano, como si estuviesen relacionados desde el origen, y hemos agregado un error morrocotudo que se llama el amor incondicional, cosa que jamàs estuvo en la mente de Cristo y que nunca lo estarà.


El perdon fue una doctrina moral ya planteada en los tiempos de Moises, estableciendose el concepto de un perdòn divino basado en un sacrificio sustitutivo de dos  animales que se entregaban al sacerdote para su muerte, tras imponerle las manos del pecador en la cabeza y transferirme los pecados a los dos animales, uno se sacrificaba y el otro se dejaba en libertad en el campo.

Tal sacrificio de una vida era comprensible en el sentido que el pecador merecia la muerte por su pecado, y aunque no muriera el mismo moria su alma para Dios, una especie de muerte espiritual. 

De allì surge la idea de la muerte sustitutiva de Cristo a cambio de la muerte del pecador. Y para que esa muerte del redentor beneficiara al individuo, èste debia creer en Cristo y obedecer sus mandamientos, entre ellos, aprender a vencerse a si mismo y perdonar tambièn el mismo cuando fuese herido u ofendido por otro. 

Si no era capaz de perdonar a otros de corazòn perdìa el derecho de que Dios mismo le perdonara sus pecados y las puertas del Reino estarian cerradas para èl. Esa doctrina quedò estampada en el Padre Nuestro.

Por eso ante una pregunta de san Pedro a Jesùs, si acaso èl deberìa perdonar hasta siete veces una ofensa, el maestro le responde que HASTA SETENTA VECES SIETE. Eso fue un golpe para Pedro, un verdadero schok. Y para nosotros tambièn, pues significa SIEMPRE.  

Pero, Jesùs era un sabio que jamas pedirìa algo imposible a la naturaleza humana. Y agregò dos cosas que hoy se han  olvidado y que alteran profundamente las relaciones humanas, y que bloquean el desarrollo moral o la evoluciòn moral del alma humana.

Uno. Si tu hermano peca contra ti REPRENDELE, y Dos, si se ARREPIENTE, perdònale.

Es decir, la doctrina del perdon no tiene nada que ver con la tolerancia ni con el mero aguantar las ofensas ajenas. 

Reprensiòn significa RETAR, LLAMAR LA ATENCIÒN, CORREGIR AL NIÑO, AL ADOLESCENTE O AL ADULTO OFENSOR, NO TOLERARLO. Y hay màs, la palabra tolerancia no aparece nunca en la Biblia. Si aparece la palabra paciencia, y la esperanza de un cambio de corazòn y de condcuta del pecador.

Y allì viene la segunda cosa. El arrepentimiento. 

En griego METANOIA..Es decir, transformaciòn del pensamiento o cambio mental del pecador o del ofensor. Es la segunda condiciòn. 

Si no hay cambio mental del ofensor no hay perdon, no basta con pedir perdon, hay que cambiar de mentalidad, si eso no ocurre la ofensa se repetira hasta el infinito. Y es lo que pasa en la realidad de cada dia.

La gente de hoy pide perdòn pero no esta convencida interiormente de que cometiò un pecado y por lo tanto vuelve a delinquir, faltando a su palabra, delante de Dios y de sus semejantes.

El ùnico caso en que Jesùs atenùa el rigor de esta dura y clara  doctrina es el pecado por ignorancia, pero solo es una atenuaciòn, referida a quienes le provocan su muerte en la cruz, diciendo Padre, Perdònalos porque no saben lo que hacen. 

En el capìtulo 12, versìculos 41 al 48, del Evangelio de Lucas, se menciona la doctrina completa, El que peca sabiendo la voluntad del Señor, recibe màs azotes que aquel por no conocerla no hizo la voluntad del Señor.

Todo èste mal, entendido moderno daña la educaciòn de los hijos, de los alumnos en los colegios, y las relaciones humanas en todas partes. El perdon humano y el perdon divino no son incondicionales. 

El perdon es siempre condicional, nunca absoluto ni automatico. Las malas acciones repercuten en el universo, las malas palabras y los malos pensamientos tambièn, por lo tanto las ofensas directas o indirectas contra el orden cosmico y social producen efectos de corto y de largo plazo, y todo se paga. 

El universo debe permenecer en armonia y en equilibrio, y el que peca, ofende esa armonia, y debe pedir perdon y reparar el daño hecho al projimo y al cosmos. El no cumplir con estos preceptos de la moral universal tiene alterado al mundo y a la vida humana. 



Etiquetas:   Educación   ·   Religión   ·   Sociología   ·   Filosofía

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