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Periodismo ciudadano, la pesadilla de los poderosos


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31/08/2013


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He practicado por casi treinta años el periodismo de opinión, como analista político y social, revisando el devenir con una mirada libre. Hoy quiero comentar de periodismo ciudadano y me remontaré a mi experiencia, para visualizar la potencialidad de la actividad comunicacional por parte de la comunidad, la llamada sociedad civil. Habiendo vivido los tiempos del mimeógrafo, las linotipias o los diarios murales, hoy aplico entusiasta las tecnologías que permiten el cyberactivismo y el periodismo ciudadano.



 

El Periodismo crítico es peligroso en cualquier plataforma y época.

 

He sido columnista de diversos medios. Tuve estudios inconclusos de Periodismo como segunda profesión. Cuando ya terminaba mi primera carrera universitaria, en la Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile de Valparaíso, ingresé a Periodismo. Recuerdo que lo hice en el primer lugar de la promoción de 1970. Antes de eso, durante la reforma universitaria, había sido fundador y Director de la Revista de mi Escuela, por lo que, iniciar esta segunda carrera me resultó casi natural, algo que desde niño era mi motivación. Pero me tocó hacerlo en un período álgido de la historia, justo en el año en que la Unidad Popular llegaría al gobierno, tendría sus mil días y luego vendría una dura etapa para Chile. De mi tiempo, sólo algunos periodistas están funcionando en los medios. Muchos se quedaron fuera de Chile y algunos, como Mario Calderón, fueron asesinados por la dictadura.

Como dirigente juvenil, viví intensamente esa etapa, lleno de ideas y sueños. Durante la campaña de Allende, yo pertenecía al Comando de Prensa de la Unidad Popular y las columnas y poemas se alternaban para expresar la esperanza por una sociedad más justa y convencer a los pobladores y campesinos que se podía cambiar el sistema por la vía democrática del sufragio. La experiencia en el diario Venceremos fue de campaña, produciendo una publicación que se distribuía directamente en las barriadas, logrando neutralizar la propaganda de diarios que manejaba la derecha. Como profesional social cristiano, entendía que había que competir por las vanguardias del cambio con los no creyentes marxistas. Ser periodista era una forma de asumir ese compromiso, una forma de plantearse y participar. En las circunstancias que me tocó vivir, de ninguna manera habría concluido mi carrera. El gobierno militar intervino las universidades y mi nombre como exonerado político era uno más en las listas negras de ese tiempo. Cuando vino el golpe, al igual que muchos jóvenes de mi edad, con amigos y parientes perseguidos, recién casado y en espera del primer hijo, salí hacia Perú y, en definitiva, me radiqué en Buenos Aires. Al poco rato de llegar a la Argentina, moriría Perón y otro golpe de estado abriría un período de guerra sucia en Argentina, que sería tanto peor que el que había sufrido Chile.



Vivir esa etapa como inmigrante, cuidando la seguridad permanentemente, fue la regla para no vernos alcanzados por los coletazos de la represión y su coordinada acción regional. El único espacio de relativa libertad lo encontré en la Universidad jesuítica de El Salvador, en el barrio de Once, donde durante dos años pude cursar un postítulo en Relaciones Internacionales. Fue en Buenos Aires que escribí la mayor parte de mi primer libro, “Miedo al Miedo. Poemática para abrir nuestras ventanas” que daba cuenta de un decenio, 1973-1983, en el cual la muerte se había enseñoreado con las fuerzas sociales del cono sur. Éramos los enemigos.



En los ochenta, regresando a Chile, nuevas recesiones, protestas, rearticular el tejido social, recuperar la actividad de los partidos políticos, comenzar a pensar en la recuperación democrática como algo factible. El periodismo entonces fue una herramienta social. Tras programas radiales, comentarios, debates; tras seminarios que realizábamos con los trabajadores portuarios; bajo la premisa de paz, poesía y democracia, íbamos reencontrándonos con quienes habíamos sido adversarios, en una visión de futuro. Realmente, en ese período aprovechando la apertura, dispuse de tribuna en medios escritos y nunca fui censurado. La comunicación social significó participar en el periódico Nueva Voz, fundado por Gustavo Boye, quien fuera mi profesor en Periodismo. Algunas veces escribí en el Apsi, formamos parte de los ciudadanos que defendíamos el diario La Época. En los espacios ganados, siendo pocos los que se atrevían, podíamos difundir los avances de la civilidad, encontrando aleros en institutos binacionales de cultura, con la esperanza de encontrar la libertad al término del túnel. Como no mencionar Contacto Directo en Radio Recreo, Integración Latinoamericana en Radio Cooperativa, comentarios en el Canal 4 UCV TV, “Conversando al Ritmo de los Noventa” en Radio Valentín Letelier, “Con Buenas palabras" en Radio Congreso, fueron espacios ganados con coraje para poder recuperar las libertades públicas. Pero ¿quién se acuerda de eso? Los “progresistas” que aterrizaron en los noventa, desconocieron esa actividad de la civilidad o la menospreciaron porque no podían controlarla.



¿Cuántas veces se ha denunciado a los gobiernos de la Concertación por haber dejado morir a esa prensa libre y cualquier otro intento de periodismo que pudiera emitir críticas al actuar de los poderes públicos y privados?

Las más recientes publicaciones que han desaparecido han sido la revista “Siete+7” y El Periodista, pero antes cortaron al grupo que escribía en del diario La Nación y quebró el diario El Expreso de Viña del Mar, cuando le negaron el crédito para imprimir su diario, pese a que se vendía a cien pesos y estaba lleno de publicidad.

El periodista André Jouffé, en su artículo “La Concertación sin diarios” http://www.granvalparaiso.cl/publimedios/tenencia/sindiarios.htm  ha señalado una documentada crítica, enlistando los medios que se han perdido. “La DC, principalmente, ha sido tradicionalmente mala gestora de medios escritos. Perdió Zig.Zag*, un imperio editorial que pudo haber resucitado después del 11; “La Patria”, en Concepción; “La Unión”, de Valparaíso; “La Prensa”, “La Tarde”, “La Época”, de Santiago; la cadena Sopesur** (de Iquique a Coyaique); el “Canal 2 Rock and Pop” y las revistas “Ercilla”, “Hoy” y finalmente “Siete + 7”



Heroicamente se han mantenido el diario electrónico El Mostrador, el Gran Valparaíso, Huella Digital, Pero se mantiene la pregunta  ¿Por qué metódicamente se sigue canalizando publicidad del Estado al duopolio de la prensa en Chile y no se apoya a los medios independientes o locales?

Perspectivas del Periodismo ciudadano

Actualmente, a través de las nuevas tecnologías de información y comunicaciones, con la irrupción de los blogs, mezcla de página web, lugar de Chat y de interactividad por e email, existe una expansión del denominado periodismo ciudadano. Esto se evidencia en la participación de millones de bitácoras personales dando cuenta de noticias que se capturan en tiempo casi real y en debates referidos a problemáticas locales o globales.



Es un fenómeno indudable la creciente cantidad de visitas que reciben los blogs y la vertiginosa multiplicación de estos espacios de expresión personal en Internet, cuya gracia radica en su permanente actualización, en la posibilidad de interactuar y de expresarse e informar sin riesgo de ser editados, sin riesgo a ser censurados.



Un tema que incomoda a los gobiernos totalitarios y fundamentalistas, pues se prevé que este fenómeno es imposible de erradicar. Incluso, desde el ámbito del periodismo, se le ha bautizado con el nombre de reporteros ciudadanos o periodismo hecho por los ciudadanos.



Dentro de la sociedad, la energía que significa una ciudadanía debatiendo y consensuando ideas fuerzas, tiene la enorme amenaza de la anarquía que conlleva la inundación de miles o millones de opinantes dispersos, que cuentan con sus propios canales de expresión. La única forma que tiene la sociedad para capitalizar este fenómeno, es abrir canales cívicos de participación efectiva, lo cual implica repensar la democracia representativa actual para caminar hacia un sistema que utilice efectivamente las tecnologías de información, la banda ancha y la alfabetización digital para articular la participación ciudadana.



Será difícil para la Concertación salirse de la trampa actual que imponen los medios oficiales, que controlan las líneas editoriales de la televisión abierta, de las radios de cobertura nacional, aplicando la fantasía participativa de programas de debate que son un negocio más de las compañías de telefonía móvil.



Deberían cortar lazos con los intereses de los grupos económicos, avanzando en la implementación de un gobierno electrónico que significa que no sólo difumine información sino que someta a consultas plebiscitarias locales o nacionales los planes de acción en temas claves para las personas y la comunidad.



El periodismo ciudadano es la punta de un iceberg que tiene en su sustrato el magma social de una comunidad que exige cambiar su mala calidad de vida y no está dispuesta a seguir aceptando las mascaradas de la democracia representativa cupular y excluyente actual.

Si el gobierno de Michelle Bachelet lo entiende a tiempo, podrá captar estas potencialidades y sustituirá los estilos de la tecnocracia asesora actual, funcional a la influencia mediática, por nuevas directrices y nuevas estructuras de gobierno interior, que trasladen poder a las regiones y a las comunidades locales. Mientras tanto, el periodismo independiente resistirá en sus espacios de libertad y articulará movimientos sociales que crecerán en intensidad y complejidad, en un profundo cambio de cultura ciudadana, que puede convertirse en una gran oportunidad de profundización democrática y en un motor de cambios al sistema heredado que nos aflige.



Periodismo Independiente, 02/07/2006



 periodismo.probidad@gmail.com





Etiquetas:   Democracia   ·   Periodismo   ·   Sociedad Civil

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