.C. con la muerte de Cleopatra y el
final del reino de los Tolomeos, incorporado al naciente Imperio Romano.
Fueron ellos los que los crearon y sostuvieron por interés cultural y
por razones políticas. Se trataba de conseguir el reconocimiento del
carácter helénico del reino egipcio, que tenia una personalidad
histórica y cultural muy acusada, y de ocupar, dentro del mundo de las
letras griegas naturalmente, un puesto de primera fila, paralelo al que
deseaban tener en política internacional. El que los reyes y las reinas
fueran o terminaran, en general, siendo grandes aficionados a las
letras, es algo más que una consecuencia natural de la existencia de una
gran colección de libros y de la personalidad y fama de los poetas,
filólogos y científicos que vivieron en el Museo. Es un determinante de
la monarquía tolemaica.
La pervivencia de ambas instituciones hasta el siglo IV d.C.,
atravesando las peripecias naturales de un período tan largo, en el que
se produjeron graves incidentes en la ciudad, cuyos habitantes, siempre
fueron proclives a las revueltas callejeras, y que no volvió a ser ni la
residencia de una corte rica ni la capital de un estado independiente,
solo se puede explicar por el prestigio cultural de que gozaron. Los
romanos las admiraron como monumentos tan increíbles como las pirámides.
Pero, por su estrecha relación con la dinastía, es explicable que se
creyera la leyenda de la destrucción de la Biblioteca en los últimos
años de la existencia del reino. Se trata del posible incendio de la
Biblioteca y de la quema de algunos o la mayoría de los libros en la
llamada Guerra de Alejandría, durante el ataque del general egipcio
Aquila contra César, que se había hecho fuerte con escasas tropas en los
recintos del palacio. El general romano ordenó incendiar unos barcos
que había en el puerto para evitar que cayeran en manos de los egipcios,
que, de adueñarse de ellos, cortarían la comunicación con el exterior y
la posibilidad de recibir refuerzos. El incendio, avivado por un fuerte
viento, podría haber alcanzado a algunas instalaciones de tierra,
quemando libros depositados en el puerto, e incluso haberse extendido a
la Biblioteca. César en la Guerra Civil
habla de la quema de los barcos, pero no hace la menor alusión a la
destrucción de la Biblioteca o de los libros. Tampoco menciona el
incendio de los libros de la biblioteca La Guerra de Alejandría,
escrita probablemente por Hircio, amigo de César, como continuación de
la obra anterior, aunque dice que César ordenó derribar unos edificios
fronteros al palacio para dejar un espacio libre entre éste y el resto
de la ciudad en poder de los enemigos. Tampoco hace
mención del incendio de la Biblioteca ninguna de las obras conservadas
de Cicerón, contemporáneo del acontecimiento, y resulta raro que no le
arrancara ningún comentario un hecho de tal magnitud como la
desaparición de la Biblioteca más importante, con mucho, creada por el
hombre, donde estaba recogida la casi totalidad de la cultura griega,
tan admirada por él. También sorprende que Estrabón,
que vivió en Alejandría a los pocos lustros de estos hechos, y que debió
de trabajar en la propia Biblioteca recogiendo materiales para su obra,
no haga ninguna referencia a su incendio o a la destrucción de una gran
cantidad de librasen su detallada descripción de Alejandría y del
Museo. Tampoco se menciona nada de esto en La Farsalia de Lucano,
39-65 d.C., donde se hace una impresionante descripción poética del
incendio, que saltó, desde los barcos, a causa del viento, a las casas
próximas y cuyas llamaradas brincaban por encima de los tejados como
estrellas fugaces sin encontrar materia combustible.
La primera noticia conservada de la quema de los libros como
consecuencia de la acción militar aparece en Séneca, muerto en el año 65
d.C., en De tranquillitate animi, <> y añade <