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30/08/2013

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Es innegable que, no siendo muy severos, se termina de ver la película con una sonrisa de oreja a oreja, o, como mínimo, con una leve sonrisa. Ahora bien, apenas comienzan a aparecer los créditos de la misma cuando se cae en la cuenta, por si no se ha hecho antes, de que nos han contado la vieja historia de siempre, sin añadir ni un ápice que pueda pasar por algo novedoso o que suponga una nueva visión de una sociedad tan corrupta y corrompida que, cuando uno de los adolescentes dice que le están desmontando la casa porque es la ley, su amigo, otro adolescente, le responde con una palabra bien sencilla y expresiva: “chorradas”. Efectivamente ya ha quedado corroborado antes el entendimiento que hay entre el personaje que busca venganza, a través de un grupo de obesos pistoleros, y la policía. El toque amargo, que sirve también para corroborar todas las historias de desamor y de soledad.


Pero esto es lo marginal, el toque social del film, pues su meollo está compuesto por la amistad de dos chicos de 14 años que descubren, un día, una canoa en lo alto de un árbol. Ese árbol está en medio de una isla en el caudaloso Misisipi. Y, por supuesto, los chicos piensan en quedarse con la embarcación. El problema es que está ocupada. Y de aquí arranca toda la acción: una historia de amistad, entre los dos adolescentes, entre estos y el dueño de la arbórea embarcación; y la historia de amor y desamor que todos llevan a sus espaldas: la búsqueda de una mujer, por parte del dueño de la embarcación; tal vez la de los padres que no conoció por parte de uno de los chicos; y del cariño, por parte del otro, que no logra en casa; y que de hecho terminará en divorcio y en el desmantelamiento de la vieja casa familiar. En medio de todo esto, frases sin acabar, situaciones ambiguas, contradicciones entre unos y otros, el primer amor, el primer desengaño, etc. Y una amistad a prueba de bombas.

El innegable mérito del director, Jeff Nichols, es mantener la atención durante una hora y media contando algo que todos sabemos; pero que aparece, al menos mientras dura la proyección, como algo totalmente novedoso. Eso sí: no nos ahorra ni un tópico;amores desgraciados, amistad más allá del peligro de perder la vida, abnegación por quien parecía un egoísta, etc. No obstante, la película, y ahí reside su gran mérito, está muy bien narrada, cuenta con unos excelentes actores, y una fotografía preciosa. No está nada mal para pasar la tarde y olvidarse de toda la corrupción que, con sin cazarrecompensas ni yates colgados de árboles, nos rodea. Una película entretenida, y que se deja ver. Pero nada nuevo bajo el sol.



Etiquetas:   Cine   ·   Corrupción   ·   Amor   ·   Amistad

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