. Ahora bien, apenas comienzan a aparecer los créditos de la
misma cuando se cae en la cuenta, por si no se ha hecho antes, de que
nos han contado la vieja historia de siempre, sin añadir ni un ápice
que pueda pasar por algo novedoso o que suponga una nueva visión de
una sociedad tan corrupta y corrompida que, cuando uno de los
adolescentes dice que le están desmontando la casa porque es la ley,
su amigo, otro adolescente, le responde con una palabra bien sencilla
y expresiva: “chorradas”. Efectivamente ya ha quedado corroborado
antes el entendimiento que hay entre el personaje que busca venganza,
a través de un grupo de obesos pistoleros, y la policía. El toque
amargo, que sirve también para corroborar todas las historias de
desamor y de soledad.
Pero
esto es lo marginal, el toque social del film, pues su meollo está
compuesto por la amistad de dos chicos de 14 años que descubren, un
día, una canoa en lo alto de un árbol. Ese árbol está en medio de
una isla en el caudaloso Misisipi. Y, por supuesto, los chicos
piensan en quedarse con la embarcación. El problema es que está
ocupada. Y de aquí arranca toda la acción: una historia de amistad,
entre los dos adolescentes, entre estos y el dueño de la arbórea
embarcación; y la historia de amor y desamor que todos llevan a sus
espaldas: la búsqueda de una mujer, por parte del dueño de la
embarcación; tal vez la de los padres que no conoció por parte de
uno de los chicos; y del cariño, por parte del otro, que no logra en
casa; y que de hecho terminará en divorcio y en el desmantelamiento
de la vieja casa familiar. En medio de todo esto, frases sin acabar,
situaciones ambiguas, contradicciones entre unos y otros, el primer
amor, el primer desengaño, etc. Y una amistad a prueba de bombas.
El
innegable mérito del director, Jeff Nichols, es mantener la atención
durante una hora y media contando algo que todos sabemos; pero que
aparece, al menos mientras dura la proyección, como algo totalmente
novedoso. Eso sí: no nos ahorra ni un tópico;amores desgraciados,
amistad más allá del peligro de perder la vida, abnegación por
quien parecía un egoísta, etc. No obstante, la película, y ahí
reside su gran mérito, está muy bien narrada, cuenta con unos
excelentes actores, y una fotografía preciosa. No está nada mal
para pasar la tarde y olvidarse de toda la corrupción que, con sin
cazarrecompensas ni yates colgados de árboles, nos rodea. Una
película entretenida, y que se deja ver. Pero nada nuevo bajo el
sol.