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El Estado doblegado


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26/08/2013

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Hace solo unos cuantos meses, sobre todo a raíz del cambio de gobierno federal, las expectativas apuntaban en todas direcciones, hacia un escenario en el cual México podría experimentar un resurgimiento.


Basadas sobre todo en la confianza internacional respecto de una transformación, misma que tomando en consideración la estabilidad económica nacional, permitía suponer un mejor aprovechamiento de las condiciones del país.

Los argumentos sobre los cuales se fundamentaba dicha apreciación,  partían de dos premisas básicas, la proyección económica y las reformas constitucionales expuestas por el Presidente Peña Nieto.

Incluso el afamado columnista del influyente diario norteamericano The New York Times Thomas Friedman, bautizo estas perspectivas como el “mexican moment” que coloquialmente se denomino como el MeMo.

Sin embargo con el correr de los meses, el “mexican moment” ha ido perdiendo tanto la fuerza, como sus posibilidades reales de convertirse en un motor de cambio.

Porque son precisamente los factores que en su momento permitieron albergar esa esperanza, los que hoy muestran un comportamiento contrario, cuyo resultado por ende revierte la intención.

Empecemos por el tema económico, al inicio de la administración el pronóstico de crecimiento para este año se fijo en el 3.5 por ciento, al iniciar el segundo semestre del año se ajusto a un 3.1 por ciento.

Pero ahora el gobierno ha tenido que reconocer que el crecimiento cuando mucho llegara al final del año a un 1.8 por ciento, es decir la mitad de lo esperado y por supuesto absolutamente insuficiente.

De hecho el mismo Secretario de Hacienda Luis Videgaray, lo ha calificado de mediocre, argumentando que los factores de influencia internacional no tuvieron el comportamiento esperado.

Estamos hablando básicamente e la lentitud de la recuperación del mercado norteamericano, de la desaceleración en general de la economía mundial, y por supuesto de nuestra dependencia de la situación en Estados Unidos.

A lo anterior habría que sumar, la lentitud del ejercicio del gasto público en la primera mitad del año, la caída de la producción petrolera y la crisis que atraviesa la industria de la construcción.

Claro que el mismo Videgaray afirma que la única forma de darle la vuelta a los pronósticos negativos, es aprobar las reformas propuestas por el gobierno, para que estas sean el mecanismo desde donde se pueda revertir la situación económica.

Desafortunadamente aun suponiendo que esta fuera la fórmula mágica para encontrar las soluciones, es el mismo gobierno el que no es capaz de acertar a impulsar decididamente sus propuestas, toda vez que en el ejercicio político el Estado se doblega ante las presiones.

No puede haber mejor ejemplo para esta afirmación, que los acontecimientos recientes relativos a la reforma educativa, cuando precisamente se acababa de presentar la propuesta de reforma energética y está por hacerse lo propio con la fiscal.

Como sabemos los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, secuestro los dos recintos legislativos obligando a Senadores y Diputados federales a tener que sesionar en espacios alternos.

Y finalmente el bloqueo al aeropuerto internacional de la ciudad de México, que no solo provoco un caos histórico, sino que además fue la medida desde donde se doblego al Estado mexicano.

Porque como parte de las negociaciones para desbloquear los accesos al aeropuerto, en la cámara de Diputados se elimino la votación referente al tema de la evaluación de los maestros, la piedra angular de la reforma educativa.

Por tanto y en base a la presión, el CNTE logra eliminar lo que ellos consideran una amenaza contra sus intereses, mientras que el régimen no es capaz de imponer el orden para proceder de acuerdo a su propia agenda.

Siendo así no puede esperarse que en lo que respecta a las reformas energética y fiscal, las cosas vayan a ser diferentes, porque si los maestros fueron capaces de lograr torcer la mano del gobierno bloqueando el aeropuerto, solo faltaría imaginar lo que pasaría en torno de las otras reformas mencionadas.

Si los maestros pudieron movilizar mas menos a doscientos mil de sus miembros, López Obrador lo hará con más de un millón, por tanto si el efecto de la presión del CNTE logro echar abajo la parte fundamental de la reforma educativa, la suerte de la energética no puede tener muchas esperanzas.

Bajo estas consideraciones el Estado queda secuestrado en razón de sus propios intereses, ante el temor de utilizar la ley para refrenar estas movilizaciones que afectan instituciones estratégicas.

Porque pareciera que al régimen le preocupa más no ser visto como un gobierno represor, en lugar de dar cauce a las reformas que el mismo ha definido como esenciales.

Incluso tomando en cuenta que para efectos prácticos, con los votos de sus legisladores y en alianza con los de Acción Nacional, tendrían mayoría calificada para hacer los cambios constitucionales propuestos.

Visto así, de muy poco sirven los planteamientos de carácter técnico, las negociaciones políticas legislativas, cuando lo que se impone es la presión de grupos sociales.

Naturalmente no podemos estar en contra de la libre expresión, sin embargo cuando está atenta contra el desenvolvimiento social y afecta la convivencia, el Estado tiene que imponer sus prerrogativas.

Para gobernar no se puede quedar bien con todos, el ejercicio del poder implica garantizar las condiciones de esa convivencia, en todo caso si existen como en este caso inconformidades, están deben de dirimirse por las vías adecuadas.

De otra forma se desnuda una debilidad que genera un antecedente sumamente peligroso, porque en adelante nada podrá hacerse si de por medio existen elementos de presión pública.

De hecho en los acontecimientos narrados de la semana pasada, se pudo ver ya una suerte de competencia relativa al tema electoral, por un lado la actitud del Jefe de Gobierno de la capital, Miguel Ángel Mancera, manejándose en los límites de la ley, para no ser el culpable de la represión y la ausencia del gobierno federal.

En todo caso más allá del aspecto jurisdiccional, la falta de presencia del Estado mexicano solo puede traducirse  en el temor a tomar medidas drásticas aun justificadas.

Se trata pues de un juego de doble cara en el que de todas formas el régimen sale perdiendo, ni logra procesar sus propuestas, ni tampoco es capaz de mostrar el musculo que se requiere en este tipo de ocasiones.

Lo que finalmente solo puede llevar a pensar que de seguir así las cosas, no habrá reformas y el Estado quedara lamentablemente doblegado.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Educación   ·   Política   ·   Cámara de Diputados   ·   Partidos Políticos   ·   Cámara de Senadores   ·   Reforma Energética

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