. Ha
recibido quejas por cientos de quienes ven en la transmisión de unas tardías y
pocas "imágenes prohibidas", una estimulación de odiosidades y un
sesgado enfoque de estos indesmentibles testimonios.
Uno no puede en conciencia
pretender coartar la libertad de estos quejidos o conocer la placenta uniforme
que les da el origen. Sin embargo, cuesta creer que nadie con cristiana precisión,
podrá insistir en que el programa puede ser comparado con el sistemático
arresto y reclusión en "cuarteles" clandestinos o, con la cobarde e innecesaria
tortura de detenidos indefensos. Tampoco se puede con decencia, establecer un
paralelo con la hoguera humana de jóvenes y desarmados protestantes. Ni mucho menos afirmar que es más "provocativa" que lanzar en la vía publica, los cuerpos desangrados de profesores secuestrados y degollados por corvos y empleados del
FISCO o, más odioso, que el entierro de seres vivos y amarrados de las muñecas
en hornos abandonados. Crímenes por lo que ex funcionarios de la policía pagan
sentencias judiciales. No, estos individuos harían mayor contribución a la civilización
humana, si abrieran los bolsillos y cerraran muy bien las bocas.
Chilevision,
cualquiera sea su intención, solo cumple con el deber de una estación que como
todas las demás, han postergado inexcusablemente por décadas su obligación de
informar. Esta presentación audiovisual
profusamente documentada, crea un innecesario nuevo debate en el periódico y
bien poblado de otros numerosos distractores, pero aun así, gana merecida atención de las nuevas
generaciones.
"Imágenes prohibidas" en la voz de Benjamín
Vicuña, un joven actor con ilustre descendencia y quien solo gateaba cuando aún
salía humo de los disparos del golpe, nos trae el material imposible de
reemplazar aun con la más elocuente narración de lo sucedido y que hoy demandan
entre otros, nuestros hijos y nietos.
Es muy fácil
encontrar un hilo para analizar la intención o la naturaleza del mensaje, pero más
fácil aun, es concluir que profesionalmente, el periodismo desde entonces, se
ha practicado sobre una circuncisión vocacional irresponsable y por completo
tan indigna como impune, pero con clara muestra de clínicos signos vitales en los hombres y mujeres del teatro que
dan esperanzas.
En la prensa
todos estos años la carta a Mariano Rumor, o el encabezado de un periódico
títere en el tumulto atroz de los estertores del golpe, nos muestran a un
Eduardo Frei Montalva, quien en la decencia transversal del hombre y la mujer
chilena anterior al Golpe, parece imperdonablemente justificarlo. Pero no lo
hacen para decir como debieron, que su patriótica ingenuidad le dejaría colgado
desnudo de una escala “A”, sin autopsia para borrar la mano asesina de las
mismas bestias.
Han pasado 40
años, y aún se encuentran católicos "bien paridos" que comulgan los domingos,
haciendo de la eucaristía un involuntario circo. Han pasado 40 años, y aun sin
vergüenza alguna se "sorprende" espectadores con "Imágenes
prohibidas del Golpe". Han pasado 40 años y aún se mezclan, el legítimo
derecho de la propiedad privada claramente nunca amenazada por las jóvenes
víctimas de la sistemática masacre, y el asqueroso comportamiento de aquellos
monstruos, con y sin uniforme, que
quemaron, enterraron, des aparecieron, asfixiaron, degollaron y electrocutaron
compatriotas indefensos.
No, no es digno
de un creyente o de un ateo confundirse tanto. Así como no es posible imaginar
un mundo sin diferencias, tampoco es sano suponer otro mundo con semejantes
igualdades de inconsciencia.
Un
pronunciamiento militar, como les parece conveniente etiquetarlo, no tendría por
qué proteger animales que sin Dios ni ley, tomaron con criminal alevosía la vida
ajena en sus asquerosas manos. Sobre todo, si como balbucea un cómodo Francisco
Javier Cuadra, ex vocero y ministro de Pinochet , "las instituciones no
son responsables de los excesos". Argumento débil que pretende
gratuitamente justificarlos.
Las nuevas
generaciones, deben saber que los mismos
que hoy se oponen a las manifestaciones callejeras por los saldos de "violencia",
aun después de 40 años solo se dividen ligeramente entre quienes definen
tortura y muerte de seres humanos, como una acción "inevitable" o por
completo necesaria.
Estos programas
inconfundiblemente vienen a entregar algo de justicia para esas madres, esposas,
esposos, hijos e hijas de víctimas del Golpe. Estos no vienen a estimular
odiosidad entre gente decente. Muy por el contrario, nos acercan a recuperar el
paso extraviado de una nación de hermanos con una historia y un futuro común. Tampoco
es una excusa para sacar las castañas con la mano del gato, esta discusión no está
destinada a favorecer a la actual clase política, rara mezcla de izquierdas o
derechas con idéntico perfil que están sacando provecho y Dios se apiade de sus
almas. Es un paso de progreso en el re encuentro con valores otrora
proverbiales del pueblo de Chile, caracterizado por su hospitalidad, su amor
por la familia y su tradicional masona y
judeo-cristiana solidaridad.