La revolución será en Octubre

La transformación de la Constitución Nacional como instrumento para la consolidación de los derechos solo se le puede permitir, con carácter de extraordinario, por mandato democrático y popular, a procesos políticos respetuosos de los valores fundacionales de la patria y que han impulsado y puesto en práctica iniciativas que expanden la base de derechos individuales o colectivos, con resultados positivos de carácter económico, político, cultural y social para el  ciudadano, elemento constituyente de la Nación.

 

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La primavera constitucional del 49

Basta con comparar el desarrollo del 2do (1946-1955) y del 3er (2003-2015) proceso de emancipación nacional para darse cuenta que los motivan los mismos principios políticos, que han obtenido logros de relevancia similar, que se encontraron con desafíos y amenazas análogas pero por sobre todas las cosas que han tenido la necesidad de consolidar el progreso alcanzado.

El 11 de Marzo de 1949 el joven pero profundo proceso peronista pudo aspirar al máximo logro político que un movimiento transformador desearía alcanzar: Una nueva Constitución Nacional.  Un Constitución que brindó una nueva guía a la sociedad, que aspiró a cerrar medio siglo de infamia y que continuó los mandatos de los padres fundadores de la patria a lo largo del 1er proceso de emancipación nacional allá por el 1810 ó el 1813 al 1816.  

Cada siglo de nuestra joven Argentina acobijó en sus inicios a la patria con la esperanza independentista, nacional y popular, y finalizó con procesos de sometimiento económico frente potencias o corporaciones extranjeras, algunos de ellos combinados con la eliminación física o socio-cultural de los elementos disidentes, ya sean valores o personas.

A diferencia del proyecto actual emancipador civil que transita la Argentina cada proceso en el pasado fue liderado por militares, preparados intelectual. Dirigentes que prácticamente desde jóvenes pudieron sintetizar, promover y aplicar procesos de transformación política, económica y social de superadores al vigente de su época pero sobre todos expansivo de los derechos, distributivo de las riquezas e igualitario respecto de las libertades entre la población.  El enemigo a dichos proyectos políticos oportunamente era identificable, ya sean países o personas con intereses contrapuestos, sin embargo, en el contexto moderno, las batallas se dan el campo económico y comunicacional contra un abanico amplio y poderoso decorporaciones apátridas que se soslayan bajo un sistema económico-social imperfecto: el capitalismo. ((1) ver: Conciencia y responsabilidad social: bases para un nuevo ajuste del capitalismo. La tercera emancipación nacional.)

La inconstitucionalidad en su máxima expresión

La primera Constitución Nacional tardó 40 años en conformarse pero retomemos la historia en un punto  donde se manifestó la necesidad de consolidar los derechos alcanzados al igual que en la coyuntura actual, el 11 de marzo de 1949. Oportunamente, y en pleno ejercicio de la democracia, se constituyó (reformó, reemplazó) una Constitución Nacional y que vería su fin más tarde, allá por el año 1956, luego del golpe de estado militar, revolucionariamente libertario,  del 1955.  Fue y es tan infame e inconstitucional ese período de la historia Argentina que no solo se “volteó” la constitución del 1949 sino que a lo largo de 30 años interrumpidos de mandato de facto-militar, pero en particular a lo largo de una década (1983-1994) democrática convivimos bajo una carta orgánica impuesta e ilegítima. A lo largo de ese lapsus constitucional se intentó fustigar y contener un proceso de expansión de derechos que ya había hechado raíces en la sociedad, que culturalmente se había arraigado dentro del sujeto social y que a lo largo de tres décadas se intentó someter a fuerza de sangre y fuego.

El moderno estado neoliberal incorpóreo y ausente a través de una nueva Carta Orgánica

No fue hasta el año 1994 donde fue posible garantizar una nueva constitución de carácter liberal que consolidó, no la expansión y puesta en práctica de los derechos del ciudadano sino, un esquema moderno de estado que permitieseincorporarse, valga la contradicción, de lleno en el sistema capitalista globalizador imperante en ese momento. Iniciativa que solo podría ser aceptada desde esa óptica en virtud de una sociedad sometida, degrada y dañada durante décadas. Fue tal el vaciamiento y sometimiento intelectual del país y de los ciudadanos que no supimos ni detectar, ni comprender sino hasta 10 años después, que ese era un paso hacia la extranjerización de las decisiones políticas, y por ende, hacia un nuevo sometimiento económico en primer lugar, pero cultural y social en un segundo orden.

Hacia un plebiscito constitucional

Es por ello que la hora de los libres toca nuevamente la puerta, 10 años de recomposición del tejido nacional demandan un paso ya no cuantitativo, sino cualitativo de máximo orden. Se ha aprovechado la carta orgánica vigente en su máxima expresión al punto de la inconstitucionalidad, no como un acto de injusticia sino por el contrario como el encuentro con el límite de la patria chica. Estamos frente a la posibilidad de elegir como ciudadanos qué tipo de país queremos, o mejor dicho que evolución social merecemos, por primera vez en 200 años. El proyecto político nacional y popular vigente manifestó que no impulsaría desde sus facultades permitidas y como gobierno, y dentro de sus capacidades,  una reforma constitucional dando libre paso a la iniciativa popular y retornando al pueblo lo que es del pueblo, el poder. La política como instrumento de debate, de participación social, junto a la juventud y en el marco de la era de la información como nunca antes en la historia de la Nación debería permitir organizarnos, reflexionar y promover ideas, consolidar los logros obtenidos pero orientar hacia un camino superador los destinos de la patria.  Es necesario recorrer un proceso de participación federal, social y con una profunda reflexión histórica para aprender de los errores cometidos, pero sobre todo para comprender que tenemos la responsabilidad moral e histórica de estar a la altura de las circunstancias y a un nivel de compromiso que nos permita conformar una nueva constitución nacional,no para minorías ni para mayorías, sino para todos y todas.

Si el presente es lucha, el futuro es nuestro.

Leo Bilanski

(1)    http://www.cecreda.com.ar/cecreda2012/index.php/informes/item/280-conciencia-y-responsabilidad-social-bases-para-un-nuevo-ajuste-del-capitalismo-la-tercera-emancipacion-nacional

(2)    http://es.wikipedia.org/wiki/Constitucion_argentina

UNETE



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