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La Sindicaradura


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21/08/2013


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  España parece un país de mentira, inventado. La realidad es a veces lo más aproximado a la ficción. No a una ficción novelada, sino a la esperpéntica propia del comic. Méndez y Totxo parecen personajes de tebeo, grotescos, ridículos, poco veraces, imposibles. Nos aventuramos a inventar esas realidades paralelas fruto de una creatividad que busca superar los límites de lo cotidiano y no reparamos en que con seres como estos la diversión está asegurada. Ya se ocupan de inventarse el entretenimiento del cuento sindical con el pretexto de la defensa del trabajador. Son los únicos que se divierten en este drama.

   La diversión de la corrupción impune explica que en tiempos del nefasto Zapatero, la huelga general fuera dirigida contra los empresarios y no  contra el PSOE, verdadero causante de las ruinas que hasta hoy día nos han victimizado. La realidad supera a la ficción y además, es lo más triste, cuela.

   Méndez y Totxo parecen los Pepe Gotera y Otilio de la casta política, chapuzas  de una historieta que podría titularse La Sindicaradura.

   Si estos chulos mantenidos, encima tan mal encarados, fueran obligados a vivir sólo de las cuotas de los afliados, se afanarían en dar un verdadero servicio social a los trabajadores; la sopaboba los ha acomodado para convertirse en vagos sostenidos por el esfuerzo de los españoles. No es de extrañar que además muerdan la mano que les da de comer. No sé si serán malnacidos, pero obvio es que son desagradecidos.

   La sindicaradura se ha divertido demasiado a costa de la desgracia de los trabajadores. Sabemos ahora que UGT financiaba con un fondo europeo a desempleados, el panfleto y las actividades sectarias que regurgitan para seguir existiendo sin dar palo al agua. El sindicalismo mayoritario en España apesta a corrupción y el hedor es público ya. Eso no es de tebeo.

http://www.libertaddigital.com/organismos/ugt/



   UGT y CCOO son organizaciones extemporáneas que guardan relación con el parasitismo generalizado que se practica en las repúblicas bananeras contra el pueblo. No es extraño el atropello en cuantas concentraciones radicales se manifiestan los liberados, atacando el equilibrio democrático y montándose las juergas piqueteras con una caradura propia de los delincuentes que se saben a salvo de las consecuencias de sus actos. Una república bananera sería perfecta para imponer la dictadura del proletariado. España, que pasa de esas movilizaciones de nostálgicos parasitarios, no se deja.

    El berrido unísono de los parias de la Tierra ha asolado la paz social de un país que intenta sobrevivir a los buitres que lo minan. Junto a las administraciones públicas, el sindicalismo sobre ponderado ha supuesto un tráfico de dinero público que ha desaparecido en tejemanejes que, de ser descubiertos, darían cuenta exacta del calibre delictivo de tan innecesarios lastres.

   El sindicalismo es una necesidad social en defensa de los derechos del trabajador. Habrá sindicalistas honrados y comprometidos, pero el sindicalismo mayoritario español es el causante de una sociedad desequilibrada, esquilmada, perjudicada y traspuesta en manos de una mafia respetada cuyas actividades deberían ser causa carcelaria. Empezar a descubrir la financiación irregular de UGT en Andalucía podría ser el primer paso que emprendería un largo viaje que revele el libertinaje de unos matones radicícolas que han lastrado a todo un país con sus muchos chanchullos exentos de auditorías y control presupuestario.

   De la estafa cooperativista de la PSV no hay rastro pasado. Todo tiene un precio para dar carpetazo. Sin embargo es segura inmundicia la huella que se habrá dejado desde entonces, a poco que se inicien investigaciones paralelas a lo sucedido en Andalucía.

Que estos listos mangan no pilla por sorpresa, quitando a los necesitados lo que les viene en gana. Eso no es preocupante en comparación con la intención de romper la paz social con tal de seguir chupando del bote. España no puede permitirse sinvergüenzas de ese cariz y es posible que persiguiendo legalmente estas corrupciones generalizadas de algunos sindicalistos, nos ahorremos disgustos de mayor calado en un futuro.

   Durante ocho años, el feroz sectarismo de alguna izquierda propició repartos a diestro y siniestro para reforzar grupúsculos de intereses partidistas y usarlos como arietes contra el cada vez más perjudicado equilibrio socio-político. El gobierno de Zapatero dosificó dividendos descarados entre prosélitos de causa radical, con escandalosas provisiones que han empobrecido la economía sin que recabemos en los verdaderos causantes de los males que padecemos.

    Los alaridos de los acostumbrados corruptos, los verdaderos de continuo y sin punición, pueden tornarse en un enmudecimiento acorde a la vergüenza que podría suponer descubrir que estos liberados, supuestos adalides de la justicia social, representan el mayor germen de corruptelas encubiertas que muy seguramente  pueden remontar a muchos años atrás las actividades que no sólo constatarían simples irregularidades. No sería de extrañar que los personajes de tebeo como Méndez y Totxo pudieran acumular causas penales a poco que se investigue lo que esconde la extensa y gruesa red de una mafia sindical que ya bastante daño ha causado al tejido empresarial.

   Son los esbirros de un poder atrincherado. Brazo radical del PSOE durante el anterior gobierno zapaterista y atentos correligionarios ante la expectativa golpista de cara a  nuevas oportunidades para trincar de los presupuestos generales del estado siendo repartidor el  socialismo. Juntos conforman un frente popular listo para actuar contra los intereses de España. Como siempre que ha gobernado la trampa izquierdista de majaderos que se han llenado los bolsillos vaciando los de los ciudadanos, han ganado las comparsas sindicales tan afines a ideología como a la amoralidad que han permitido robos permanentes disfrazados de legalidad.

   Por una vez sería saludable para la democracia que estos expertos berreadores contra los que no son de su cuerda aprovechada, se sienten en los banquillos de los tribunales a rendir cuentas sobre tantos años de enriquecimiento ilícito. No deberían escatimarse medios policiales y judiciales para intervenir las sedes y escudriñar-seguro que no habrá necesidad de tanto celo- las múltiples añagazas que han permitido un robo de gran escala, usando el dinero de los ciudadanos para reforzar la estafa sindical de la que se viene sospechando, pese a que disfrutan de una permisividad fiscal a la que debería haberse puesto coto hace mucho tiempo.

    No sería ni un ápice de represión obligar a que se cumpla la ley, aflorando los trapos sucios de unos grupúsculos financiados para seguir enrareciendo la paz social, con el fin de vivir del cuento de carácter vitalicio. No sería un ápice comparado con la coacción que ejercen a diario.

    Méndez y Totxo son personajes histriónicos, de tebeo. Aparentan ser legales, regulares, pero las apariencias no engañan. Son esperpénticos de una realidad  sangrante, como el oscuro juego de engaño que representan: diversión, choriceo, comilonas, la vida padre de los listos parias de la Tierra a costa de los sufridos trabajadores… las verdaderas víctimas de estos asalariados del miedo y de la confusión social.



Etiquetas:   Sindicato   ·   CCOO   ·   UGT

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