. Casi un año antes, en agosto de 2012, el Pentágono anunció una
licitación para la compra de un número importante de programas especializados en violar o destruir redes de computadoras y centros de control
de probables oponentes.
Para entonces, la
Secretaria de Estado de los Estados
Unidos, Hillary Clinton había confirmado oficialmente, que los especialistas
norteamericanos habían pirateado muchos de los sitios web vinculados con Al-Qaida. El anuncio fue la primera
confirmación de que los Estados Unidos utilizaban en provecho propio el ciberespacio.
Como es obvio de la declaración se deduce, que esta labor no solo es de carácter defensivo, sino también ofensivo.
A primera vista, las acciones de Washington, parecieran contradictorias, pero en
realidad repite tal política respecto
a los medios de comunicación, es
decir, al tiempo que trabaja en la creación de su propio sistema cibernético de
seguridad, de forma paralela invita a
Moscú a subirse al vagón de un tren en marcha, o sea, participar de
sistema preestablecido acorde con
los parámetros de occidente. “Si
quieres la paz, prepárate para la guerra”, en otras palabras., prepárate para
la guerra cibernética.
En la actualidad, por todos lados
se habla del desarrollo de la carrera cibernética armamentista. De acuerdo a
algunos expertos, las implicaciones del uso de los ilegales y maliciosos
ataques cibernéticos, entre ellos, los utilizados con fines terroristas, pueden
ser equivalentes al daño que puede
propiciar el uso de armamento
convencional, e incluso armas de destrucción masiva. Por esa razón, muchas voces en el mundo exigen prohibir la militarización del ciberespacio,
así como usarlo para socavar los gobiernos y las economías de otros países. Así
mismo, los extremistas a través de las redes sociales, intentan sumar cada vez
más partidarios potenciales, y una parte de la Red Informática Mundial se convirtió en una
incubadora de ideas
El año pasado, Moscú propuso
cooperar en la esfera de la seguridad cibernética, particularmente en el análisis de amenazas, intercambio de
experiencia, defensa de la infraestructura critica y las posibilidades de que
las armas cibernéticas cayeran en manos
terroristas. Sin embargo, los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se
opusieron, temiendo que las propuestas rusas terminaran aumentando la
censura y control estatal del internet.
Por su parte, mientras los diplomáticos
intentan impedir el advenimiento de una era de caos en el espacio de internet,
los militares toman medidas concretas
para su dominio. La administración de
Obama ha logrado avanzar mucho en esta
dirección. Así, en junio de 2009, se anunció la creación de que un comando
militar cibernético, como parte de un mando estratégico, cuyo principal objetivo es
contrarrestar las amenazas a la información de seguridad nacional estadounidense.
Bajo su liderazgo, alega que están funcionando
hasta mil piratas informáticos. Según
una orden ejecutiva de la Casa Blanca el Pentágono logro el permiso para
liderar a una especie de operaciones cibernéticas preventivas en territorio extranjero.
Se suma a ello, los esfuerzos que
despliegan expertos de la OTAN en el
ordenamiento de los aspectos jurídicos internacionales que plantea la guerra de
la información moderna, actividad esta,
que despierta suspicacia. Ello es así, por cuanto la idea real está orientada a justificar legalmente ataques cibernéticos en
plantas de energía nuclear, presas, diques, etc, a pesar de que la problemática
de la seguridad de la información, obliga a un abordaje donde toda la comunidad
internacional está llamada a
intervenir y no países en forma
unilateral o agrupaciones regionales.
Al respecto la Federación de Rusia
hace rato ha hecho público, la
urgencia de combatir los peligros de la
guerra cibernética, insistiendo en la
necesidad de establecer una estrategia común para enfrenarla. Frente a dicha
propuesta, Washington y la OTAN, sin
negar su importancia, en realidad han
tratado de erigirse en los líderes
en la carrera armamentista de la información. El ataque al sistema informático de la planta de energía
nuclear de Bushehr, en Irán, así como la campaña en Internet para desatar un "revoluciones de
color" e impulsar, la "primavera árabe", es un claro intento de
utilizar la carta de Internet, a favor de sus intereses geopolíticos. Sin embargo, acontecimientos
posteriores, como cuando piratas
cibernéticos no identificados, asestaron un golpe significativo a los bancos y
corporaciones estadounidenses,
demostraron que incluso Estados desarrollados en términos informáticos,
incluyendo algunos países occidentales, pueden ser afectados.
En este contexto, adquieren
relevancia, los materiales publicados por el diario brasileño O Globo, basados en la información
suministrada por el ex oficial de la
CIA, Edward Snowden, quien revelo que una serie de países de América Latina en los
últimos cinco años, fueron objeto de escuchas
telefónicas por parte de los servicios secretos de los Estados Unidos, sin
importar la lealtad y la cercanía de las relaciones de algunos países,
(Colombia, Chile o México) con su “hermano del norte”.
En respuesta, Brasil y México
exigieron una explicación oficial a Washington. Nicaragua y Bolivia ofrecieron asilo
político a Edward Snowden. Caracas fue incluso más lejos, pues el gobierno recomendó a sus ciudadanos dejar de usar Facebook y
exigir de los Estados Unidos compensación por los daños
sufridos a su intimidad personal.
En virtud de lo resumido, queda
claro que la guerra fría no terminó en el año 1991, con la eclosión de la URSS,
sino que adoptó una nueva forma,
dependiendo de la capacidad de predominio que se tenga del ciberespacio, además
del control en las esferas económicas y
militares. Por tanto, hoy que somos testigos de “novedosas” revoluciones de
colores en todos los continentes, tenderemos
que admitir, que el otrora poderoso imperio soviético, también se
derrumbó, gracias a la embestida de los ataques informáticos. En consecuencia,
el futuro del mundo se resolverá, precisamente, producto del desarrollo de guerras
cibernéticas.
Por: Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones
Internacionales de la Universidad de Panamá.