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La Puta Guerra


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17/08/2013


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Estremece ser testigos lejanos de la masacre de civiles por un régimen de facto. Egipto es hoy el escenario del horror. Pero son hechos que se reiteran y que la humanidad no es capaz de evitar ni de remediar. Este artículo forma parte de mi libro Crónicas de Dos Siglos, publicado el 2010 y lo rescato hoy como un grito de impotencia ante tanta barbarie.


¿Cómo describir el espanto? ¿De qué manera resumir el terror que produce la maldad exacerbada? ¿Cómo asumir una escalada del horror sin límites? ¿Cómo refrenar los instintos de destrucción del hombre, de las civilizaciones imperiales que luego se precipitan en su propia decadencia?

La historia de la humanidad es la secuencia de sucesivos conflictos que han ido armando y desarmando los mapas políticos, mientras detrás de ello ha habido poblaciones desplazadas, genocidio, aniquilamiento, pillaje, ocupación, destrucción metódica, sadismo incentivado por el fragor de odios que se enquistan por siglos en el alma de la convivencia. Detrás del horror aparece la maquinaria bélica, las fábricas que proveen armamentos, los pertrechos, la tecnología focalizada hacia la muerte.  La guerra se ha enseñoreado en la historia del planeta, tanto que la paz parece un atesorado oasis entre tiempos de destrucción. Con centavos podría solucionarse el hambre del mundo, pero el camino de la humanidad ha sido dilapidar recursos y vidas en la destrucción constante.

En las últimas décadas la guerra ha sido permanente, ha asolado continentes, África está destrozada por las pandemias, por las guerras tribales, por sanguinarias invasiones que no admiten intervenciones de paz; en los Balcanes el exterminio étnico fue horrible y metódico. Las guerras civiles o guerras internas en América desgarraron generaciones sin que a la fecha haya existido ni siquiera una disculpa a las víctimas inmoladas. En Palestina la muerte se ha enseñoreado, la ley del Talión y los ataques suicidas, el muro del oprobio de Sharon lleva la marca del odio sin límites, la impunidad se impone.

Los esfuerzos de paz son fogonazos de esperanza a los cuales aferrarse. Lejos quedaron Camp David, los mártires de la paz repletan los mausoleos del planeta, la civilidad del planeta se estremece, pero al mismo tiempo se acostumbra peligrosamente a la violencia ambiental, trata de escapar inconscientemente del noticiero crónico del que nos hablaba Oscar Andrade.

La tortura como política de ocupación, imponer la bota del vencedor al caído, sin clemencia, sin la misericordia ni la protección, aplastar, eliminar al que piensa distinto, desalentar rebeliones, sofocar revoluciones, sospechar de civiles activistas, torturar, hacer desaparecer, borrar huellas, asegurar impunidad, todas prácticas que se repiten tanto en el fascismo, el estalinismo, el sionismo, el golpismo latinoamericano, el fundamentalismo de ultraderecha de los halcones del Pentágono o el fundamentalismo de los grupos terroristas islámicos.

¿Puede hablarse de guerras justas? Cada Estado tiene el soberano derecho a la autodefensa cuando se amenaza su territorio, su población o su institucionalidad. La Defensa Nacional disuasiva es un elemento básico para participar en la comunidad internacional con dignidad e independencia. El profesionalismo de las Fuerzas Armadas es fundamental para mantener la paz, para hacer respetar al Estado frente a sus pares. El Derecho Internacional es el recurso que atesora la humanidad para colocar límites al desquicio de la violencia, establecer cánones éticos mínimos cuando se lucha en contra de un enemigo. Estas normas de conducta son el baluarte para que las guerras no degeneren en la escalada del horror. Lástima que nunca se haya logrado una institucionalidad mundial con la fuerza necesaria para implantar estos principios jurídicos. Lástima que tengamos que presenciar la demencia y el crimen como expresiones cotidianas, sin que se respeten dichos principios fundamentales.

Los equilibrios de poder son una necesidad, los atropellos vienen siempre de situaciones imperiales, cuando el poder concentra capacidades ilimitadas de destrucción, comienza la situación de guerra focalizada, con acciones permanentes de fuerza para solucionar temas en los que podría haber habido caminos diplomáticos. El poder sin equilibrios, concentrado en corporaciones planetarias, por encima de los Estados, genera la potencialidad y probabilidad cierta de conspiraciones impensables para el sentido común que busca la armonía; acciones conspirativas tendientes a desestabilizar gobiernos poco amigos, son usuales en la política mundial, son instrumentos válidos y factibles para quienes ambicionan dominar y satisfacer sus intereses políticos y económicos.

Sin embargo, la civilidad del planeta, alejada de las disputas por el poder mundial, tratando de que se mantenga el Derecho Internacional como mínimas reglas de conducta frente a los conflictos armados, aspira a una Organización de Naciones Unidas de mayor relevancia, con una relativa independencia de los Estados hegemónicos. El Consejo de Seguridad es una delicada instancia que busca evitar las guerras y procurar la paz.

En el plano no gubernamental, en la sociedad civil del planeta, las redes van tejiendo una acción proactiva, con el convencimiento creciente de que no se puede dejar el gobierno del mundo a intereses corporativos mezquinos y se necesita una nueva concepción de soberanía popular para acotar, poner límites, a la gran influencia y recursos de los poderes transnacionales. Aprender a negociar equilibrios y armonías en un medio global, apostando por la paz, el medio ambiente del planeta, la dignidad de las personas, los derechos civiles, la defensa frente a abusos, la investigación y denuncia de situaciones de corrupción que son intrínsecas al autoritarismo y la democracia centralista, donde los grupos de poder buscan imponer sus intereses particulares. Estas son reivindicaciones de los pueblos del mundo. Los seres humanos que, movilizándose pacíficamente en todos los países al unísono, son capaces hoy de influir mayormente en las decisiones globales.

Es el despertar del humanismo planetario frente a la puta guerra y sus secuelas. Es la reacción social que se da en una conectividad espiritual profunda. Son tiempos de reacción frente a tanto mal extendido en el planeta, en todos los planos, pero fundamentalmente, son las fuerzas de la paz y del amor en contra de los jinetes de la guerra, la puta guerra que desmiembra, desgarra, aniquila, humilla, decapita, sodomiza, escupe y orina sobre la dignidad humana. La puta guerra que tiene tras de sí profundos intereses, la puta guerra que hoy privatiza sus tentáculos creando enormes ejércitos mercenarios subcontratados para dar protección y para torturar; la puta guerra que ofende la profundidad del humanismo, pisotea y flagela la infancia, va escalando en el odio y masacra los valores mínimos de la convivencia, anula la misericordia. Puta guerra que pisotea las naciones.

Valparaíso, jueves, 13 de mayo de 2004



Etiquetas:   Relaciones Internacionales   ·   Guerra   ·   Muerte   ·   Sociedad   ·   Paz   ·   Dolor   ·   Opresión   ·   Derecho Internacional   ·   Egipto

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