El día partía con una llovizna intermitente en la costa, el mar estaba agitado, pero despertaba con una motivación distinta a la climática, una reunión que me llamaba la atención, un interés, una imagen, un ideal que se transformaba en acción, y una curiosidad respecto a lo que venía. Manejando por las calles mojadas, con un mar queriendo escapar de su encierro y mi curiosidad en aumento, me dirigí a un céntrico café. El agua caía cada vez más fuerte y mi entusiasmo se confundía en ideas que no dejaban de fluir.




