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Cuando eramos niños y hacíamos algo mal o algún daño a alguien, pedíamos
perdón y ya estaba todo arreglado. Podíamos pasar a otra cosa,
aliviados, sin culpa y tan amigos.
Pero
de mayores la cosa no es tan fácil aunque como digo, quisiéramos que lo
fuera. En mi trabajo me encuentro frecuentemente con personas que han
dañado a otras, a veces con la palabra, otras por inacción, y
habitualmente con violencia de diversas formas.
En
algunas ocasiones puedo presenciar cómo los agresores intentan pedir
perdón a las víctimas. En algunas de ellas esa petición de perdón se
queda en un pseudo-reconocimiento del error cometido, lo cual no es sino
una nueva agresión a las víctimas.Para
que pueda darse el verdadero perdón (que es un derecho de la víctima y
no algo automático consecuencia de la actuación del agresor) el
reconocimiento tiene que ser auténtico y genuino. Sólo así es útil y
agresor y víctima pueden comenzar a avanzar hacia la resolución de la
situación.Porque
este reconocimiento ("te he hecho daño"), no es sino el primer paso. El
siguiente es la exoneracion de la víctima, esto es, la compensación, la
reparación, el alivio... ("qué puedo hacer para reparar el daño que te
he hecho"). Esta exoneración debe partir del agresor también, pero la
sociedad y la justicia serán necesarias para que sea completa.Una
vez que la víctima ha recibido el reconocimiento y ha obtenido la
reparación a través de la exoneración, es el momento de que el agresor
pueda pedir perdón, que en ningún caso será exigible a la víctima.Os
cuento brevemente estas reflexiones profesionales porque todas ellas
han venido a mi cabeza con la última comparecencia del Presidente del
Gobierno ante el Pleno del Congreso de la Nación. Independientemente del
análisis político que pueda realizarse, a mí toda la explicación del
Presidente me ha parecido todo un ejemplo de pseudo-reconocimiento.Comparece
y reconoce un error, pero niega ninguna responsabilidad en los hechos.
Recientemente leía los distintos tipos de negación posibles que utilizan
los padres abusadores y maltratadores (*). Para negar su participación
en los hechos de los que se les acusa, éstos utilizan diversos tipos de
negación que representan distintos grados de dificultad para los
profesionales.Estos niveles son el de negación de los hechos ("no es verdad"), negación de la conciencia ("yo no sabía nada, por tanto no soy responsable de nada y no hay nada más que entender"), negación de la responsabilidad ("la culpa es de otro") y negación del impacto ("tampoco es para tanto, no es tan grave").Creo
que, en una medida u otra, nuestro Presidente ha utilizado todos estos
niveles, con lo cual ese reconocimiento se ha quedado en una nueva
agresión, que creo que se podría haber ahorrado.Algo
bastante diferente a lo que hizo nuestro Rey hace unos meses, en el
famoso episodio de la caza de elefantes. No es que sea tampoco santo de
mi devoción, pero he de reconocer que, al menos en este episodio, (y
echando en falta asímismo la reparación), el reconocimiento pareció
genuino. Un pequeño paso que, viendo como se comportan todos nuestros
políticos, cada vez me parece más importante.(*) Conceptualización de Trepper y Barret, 1989, en "Malos Padres" Stefano Cirillo. Ed. Gedisa. Barcelona 2012. Pgs. 52 y ss.Original en: tribulacioneschino.blogspot.com.es