Primer acto: Un funcionario tabasqueño se apersona con un niño que vendía chicles, dulces, chocolates y cigarros en alguna plaza pública y, con toda su limítrofe inteligencia lo hace no solo darle los cigarrillos alegando no tener permitido venderlos, sino que también lo obliga a tirar todos los dulces, chicles, paletas y chocolates de la canasta al piso, según el funcionario –ex funcionario ahora para venia de todos los tabasqueños- para aleccionarlo, dejándolo completamente humillado a mitad del populacho.



