El ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, creo que ha estado recatado y prudente contestando a las risotadas de los caciques de Gibraltar. En lugar de advertirles que finaliza el cachondeo, se ha limitado a decir de forma educada que se acabó el recreo. Y es que España no debe de consentir ni un segundo más la descarada humillación y el despiporre a que nos tienen acostumbrados los oligarcas del Peñón. Es hora ya de frenar de forma contundente y enérgica el pitorreo, las burlas y los desprecios con que habitualmente nos obsequian los regentes del gran pedrusco español.




