El cachondeo de los caciques gibraltareños

 El ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, creo que ha estado recatado y prudente contestando a las risotadas de los caciques de Gibraltar. En lugar de advertirles que finaliza el cachondeo, se ha limitado a decir de forma educada que se acabó el recreo. Y es que España no debe de consentir ni un segundo más la descarada humillación y el despiporre a que nos tienen acostumbrados los oligarcas del Peñón. Es hora ya de frenar de forma contundente y enérgica el pitorreo, las burlas y los desprecios con que habitualmente nos obsequian los regentes del gran pedrusco español.  

 

. En lugar de advertirles que finaliza el cachondeo, se ha limitado a decir de forma educada que se acabó el recreo. Y es que España no debe de consentir ni un segundo más la descarada humillación y el despiporre a que nos tienen acostumbrados los oligarcas del Peñón. Es hora ya de frenar de forma contundente y enérgica el pitorreo, las burlas y los desprecios con que habitualmente nos obsequian los regentes del gran pedrusco español.  

Es hora  de que cumplan y respeten las normas establecidas en el tratado de Utrecht de hace 300 años, cuando el rey Felipe V cedió a los británicos la “ciudad y castillos” de Gibraltar. Pero en esta cesión la propiedad se otorgó “sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por parte de tierra”.  Esto quiere decir, entre otras cosas, que en el tratado no se incluye tierra, ni espacio aéreo, ni el mar, por lo que los británicos carecen de legitimidad para las modificaciones y usos territoriales que realizan.  

Por eso es acertado que el gobierno español tome las medidas oportunas para que los caciques  que manipulan el territorio de Gibraltar cesen en sus  risotadas, en sus despropósitos y en los insultos con que últimamente nos obsequian. Hasta ahora los españoles nos hemos mostrado tolerantes contra las imposiciones, los desafíos, y las insolencias de los mandatarios de la colonia gibraltareña, lo que les ha servido para  envalentonarse y sobredimensionar el cachondeo. 

Ante las respuestas comedidas de España a los ataques y agresiones que nos provocan, sobre todo a los pescadores, junto a las actuaciones territoriales, mercantiles y fiscales que desarrollan, reaccionan con prepotencia incrementando el incumplimiento de las normas y parámetros del tratado.  Además de avasallar tratando de impedir las labores de pesca con bloques de hormigón punzantes, se muestran descaradamente ofendidos y ultrajados por la serena respuesta española de control de la frontera.

El gobierno español debe exigir al Reino Unido la inmediata retirada de los bloques de hormigón y, a la vez, el compromiso futuro de no volver a entorpecer con bloques, barcos  ni fragatas las faenas de pesca. Además es necesario revisar el tratado de Utrecht para refrescar a los británicos los aspectos y las normas de obligado cumplimiento referentes a la ocupación, uso y utilización de la gran roca española y su reducido territorio.

Quizás lo más oportuno para evitar estos conflictos sería que, de una vez por todas, España reivindique ante la Unión Europea el retorno de la titularidad de Gibraltar y su Peñón.

UNETE



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