Es difícil mantener un dialogo productivo cuando una o ambas partes en conflicto, no ven utilidad alguna en hacerlo. Cuando esto ocurre, a menudo más que el silencio, lo que se oye son gritos. Gritos en las caras de personas que en realidad están muy lejos. Lejos no entre ellos como lejos de lo que ellos representan. Lejos de los millones de familias cuyo bienestar es cada día más esquivo. No hay forma de sacudir el árbol de superficialidades en el cual ellos cuelgan las esperanzas de la gente, entonces, invariablemente recurren a comparaciones con realidades ajenas, lejanas e imprecisas .Pero no responden al clamor por justicia ni mucho menos lo entienden.




