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La utopía del talento


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07/06/2011

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(Artículo original publicado en www.sinpelosenlalengua.eu)






El talento insaciable, motor del cambio



Marie Curie fue una mujer extraordinaria. En su niñez asistía a clases clandestinas, debido a la ocupación rusa, en las que se enseñaba cultura polaca. Una de sus hermanas murió a causa del tifus y dos años más tarde perdió a su madre por culpa de la tuberculosis. En 1891 se matriculó en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales de la Universidad de la Sorbona, en la que tuvo que esforzarse mucho para estar al nivel de sus compañeros, incluso teniendo una sólida formación cultural previa, adquirida de forma autodidacta. En 1894 se casó con Pierre Curie, del que tomó el apellido, en una sencilla boda. Con la escasa cantidad de dinero que les dieron para la boda se compraron dos bicicletas y viajaron por toda Francia con ellas, alojándose en fondas y comiendo poco. Pierre y Marie se dedicaron el resto de su vida a trabajar juntos, investigando sobre la radiactividad. En 1902 realizaron importantes descubrimientos sobre el radio. Dieron a conocer todos sus descubrimientos sin querer lucrarse de ellos mediante patentes, dejándolos abiertos a la investigación por parte de toda la comunidad científica. En 1903 Marie obtuvo el Premio Nobel de Física junto a su marido y Henry Becquerel. Fue la primera mujer en obtener tal galardón. Con parte de los 15.000 dólares del premio se dedicaron a hacer regalos a sus amigos. Poco después, Pierre obtuvo una cátedra en la Universidad de la Sorbona. En 1906, el marido de Marie murió trágicamente atropellado por un carruaje. A pesar del duro golpe para Marie, rechazó una pensión vitalicia y asumió la cátedra de Pierre, siendo la primera mujer en impartir clases en la Sorbona en sus 650 años de historia. En 1911 obtuvo el Premio Nobel de Química, convirtiéndose en la primera persona en obtener premios Nobel en dos campos diferentes. Mientras transcurría la Primera Guerra Mundial, propuso el uso de la radiografía móvil para el tratamiento de soldados heridos mediante un coche al que se bautizó cariñosamente como “Petit Curie”. Durante todos los años de investigación sufrió llagas y quemaduras debidas a los peligrosos elementos con los que trabajaba. Después de quedarse ciega, murió en 1934 por anemia aplásica, casi con toda seguridad consecuencia de las radiaciones a las que estuvo expuesta en sus trabajos. En 1995 sus restos fueron trasladados al Panteón de París, convirtiéndose en la primera mujer cuyos restos reposan allí.

Marie Curie es un ejemplo de superación, de levantarse ante las adversidades, de vocación desinteresada, de lucha frente a una sociedad que marginaba a la mujer a un papel secundario, de anteponer el placer intelectual del descubrimiento científico a la remuneración económica. Su biografía debería explicarse en todos los colegios, institutos y universidades del mundo. Pero especialmente, Marie Curie es un ejemplo de talento incansable, de un genio insaciable, cuyo objetivo prioritario no es lucrarse sino devolver ese don innato a la sociedad en forma de descubrimientos y conocimientos.

Cualquier movimiento que pretenda verdaderamente mejorar el mundo no debe bajar a la arena política ni económica. Debe difundir una idea que transforme nuestras mentalidades. Y hacerlo de forma incansable, durante años, hasta que esa nueva mentalidad se asiente y pueda perdurar. No importa si la ley electoral es de una u otra forma. Una ley electoral más proporcional quizás puede considerarse más “justa” pero dificulta más la gobernabilidad. ¿Queremos gobiernos formados por varios partidos con un incremento en el intercambio de favores políticos? No importa si las listas son abiertas o cerradas. Listas más abiertas son la invitación a un mayor circo mediático en que los candidatos con mayor capacidad económica sean más visibles que otros. ¿Queremos personajes mediáticos como candidatos políticos? Lo que intento demostrar es que no existen medidas políticas o económicas puras que no generen inconvenientes. Todas tienen sus pros y sus contras.

Un movimiento que pretenda mejorar el mundo debe ir más allá de esa superficialidad, ha de construir una utopía. Y mejor una utopía ética que económica porque aunque parezca increíble, es más fácil cambiar nuestra mentalidad que las leyes económicas. Ha de ser incluyente, no ha de plantear ideales que excluyan ideologías o tendencias políticas en las que se siente representada una parte importante de la población, porque entonces sólo podrá traer enfrentamientos y división. Ha de ser planteada de forma que la inmensa mayoría de personas pueda participar en ella porque se sientan impelidos a construirla. Debe propugnar que todos y todas los/las Marie Curie del mundo sean quienes lleguen más arriba. Es decir, debe instaurar la veneración del talento como valor fundamental en todos nosotros. Detectarlo, cuidarlo, mimarlo, apoyarlo, motivarlo. No podemos pretender que todas las personas talentosas sean tan heroicas como Marie Curie. Ni podemos pretender que el talento por sí solo ya baste. Hemos de encumbrar a aquellas personas cuyo talento es tan intenso, cuya ansia por ser útiles es tan fuerte, que les confiere una honestidad incorruptible puesto que el dinero no satisface dicha ansia. Hemos de eliminar la envidia social, que provoca que intentemos esconder o ignorar a esas personas por miedo a que nos hagan sombra cuando por comparación se haga evidente nuestra mediocridad. Hemos de convertirnos todos en mecenas sociales de esas personas, abriéndoles puertas, ofreciéndoles apoyo de cualquier tipo, ya sea intelectual, emocional o económico. Hemos de promover una educación que detecte a esas personas y las alimente intelectualmente, sin frenar su hambre de conocimiento por culpa de que otros estén menos hambrientos. Hemos de educar a nuestros hijos, tanto en las escuelas como en las familias, en los valores de ese tipo de talento desinteresado, en que es mucho más honorable pasar a la historia como una gran persona que como una persona rica y que a ese tipo de talento la vida le devuelve mucho más que dinero pero también dinero. Hemos de decir a nuestros hijos que no han de estudiar aquello que creen que les puede reportar más dinero en el futuro sino que han de estudiar aquello que verdaderamente aman, aquello por lo que serían capaces de renunciar a prácticamente todo lo material para conseguir un logro, aquello en lo que su mente piense incluso cuando no estén estrictamente trabajando.

Esas son las personas que han de gobernar la sociedad a todos los niveles, tanto político como económico, las que tienen ese talento y esa motivación. Y a esas personas no nos ha de importar pagarles un buen sueldo ni ofrecerles todos los medios, como un coche oficial, por ejemplo. Pero esas personas no surgirán haciéndoles un examen ni vendrán de otro planeta. Esas personas surgirán de la sociedad cuando en todos y cada uno de nosotros, y en nuestras instituciones y empresas, se haya instaurado esa mentalidad que haga posible descubrirlas, motivarlas y encumbrarlas.

 

Marie Curie (Marja Skłodowska) nació en Varsovia (Zarato de Polonia, Imperio Ruso) el 7 de noviembre de 1867 y murió cerca de Salanches (Francia) el 4 de julio de 1934.

 

"Así como el ignorante está muerto antes de morir, el hombre de talento vive aun después de muerto”. (Publio Siro)

“...los fínes por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y si estos fínes no son endebles, sino vitales y vigorosos, son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad"… (Albert Einstein)

"La vida no es fácil, para ninguno de nosotros. Pero... ¡qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo. Hay que sentirse dotado para realizar alguna cosa y esa cosa hay que alcanzarla, cueste lo que cueste”. (Marie Curie)









Etiquetas:   Política

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