¿Podemos ser periodistas?

Llevo poco tiempo en el mundo del periodismo, pero lo suficiente como para haberme topado con gran parte de los males de esta santa profesión. Somos el saco al que todo el mundo le gusta pegar, quienes siempre tienen la culpa de todo, los que enrollamos la madeja y a quienes se nos pone en el disparadero, generalmente cuando la clase política ha metido la pata.

 

. Somos el saco al que todo el mundo le gusta pegar, quienes siempre tienen la culpa de todo, los que enrollamos la madeja y a quienes se nos pone en el disparadero, generalmente cuando la clase política ha metido la pata.

No les falta razón a aquellos que critican el servilismo y el mercadeo de las informaciones; ni a quienes piensan que intentamos darle la vuelta a cualquier argumento para crear más polémica. Pero también es cierto que cumplimos un importante trabajo en la sociedad: el de contar a la gente qué está pasando a su alrededor. Ni más ni menos.

No pretendo con mis palabras erigirme en defensora de nadie, y menos de un colectivo tan heterogéneo como es el del periodismo, donde hay gente que se deja llevar por sus opiniones, sus rencores o sus más bajos instintos. Es cierto, lo hay. Pero también hay quienes sólo quieren ser periodistas.

La pregunta que da título a esta columna surgió a raíz del movimiento 15M. He estado presente en alguna asamblea y he intentado seguir sus pasos en internet y en los medios convencionales. Y si algo se ha repetido en todos los foros es que nosotros, los medios, estábamos dando una imagen sesgada de dicha corriente. No dudo que los grandes magnates de la comunicación, los directores más mediáticos y los redactores con afán de protagonismo hayan querido malear la información para hacer que pareciera otra cosa. O no. No soy quien para acusar, pero creo que sí para defender la labor del periodista ‘de calle’. El que tiene un sueldo mísero y apenas llega a fin de mes. El que sale a la calle con un micrófono para contar lo que sucede, con mayor o menor acierto, pero sin ánimo de manipular nada.

Lo que no entiende quien acusa de todos esos males a “los medios” es que, dentro de ese saco, entramos los ‘mandados’. “Currantes” de un oficio desagradecido que trabajan bajo la presión de quien sugiere titulares antes de las ruedas de prensa o aquellos que desestiman tus reportajes cuando el resultado no es espectacular “o el mismo que el de la competencia”. Esos jefes existen, y esos ejemplos son reales. Y tal vez por ello, los periódicos, los informativos y los mal llamados ‘telediarios’ no siempre son lo que deberían ser.

Conozco grandes periodistas locales, a quienes no respalda ningún medio nacional, y que sólo tienen su nombre para dar credibilidad a sus informaciones. Y son personas que no pretenden deformar nada, sino mostrar a la sociedad lo que ocurre a su alrededor. Pero en su día a día se topan con intereses económicos, empresariales o políticos (cuando no todos juntos) con los que tienen que lidiar para que al día siguiente, quien lea su artículo, se esté informando de verdad. No siempre se puede (no siempre te dejan) y no siempre es posible, pero detrás de cada noticia hay un trabajo que no se debería despreciar tan a la ligera.

¿Podemos ser periodistas? Sí. No todos los días ni en todos los temas, pero desde luego, cada vez que un periodista ‘de calle’ se pone frente a su ordenador, en su mente no está el cómo manipular, sino el cómo informar, a pesar de todo. 

UNETE



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