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Lecciones de Río


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03/08/2013

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Más que las palabras, lo notable del viaje del Papa Francisco a Brasil fueron sus actitudes. El Papa nos recordó viejas virtudes que pertenecen a la agenda cotidiana de cualquiera, no solo creyentes, tales como la sencillez, escuchar, cercanía, austeridad y valentía.




No solo habló. Sobretodo actuó. Dio una nueva mirada a los pobres. No a “la pobreza” que muestran los números o las estadísticas. Con Francisco, ellos adquirieron rostro, vida, drama y carne. La visita de Francisco a la favela en Río fue distinta. Se nota cuando una persona – religioso, profesional o político – frecuenta o no lugares marginales. Era verdad que, como arzobispo de Buenos Aires, pasó mucho tiempo en las llamadas villas miseria. Fue una declaración del total compromiso que la Iglesia tiene con los postergados. Nos dijo: “Para todas las personas de buena voluntad: ¡No se cansen de trabajar por un mundo más justo, marcado por una mayor solidaridad! ¡Nadie puede mantenerse insensible a las desigualdades que persisten en el mundo!”.

El segundo signo fue su alegría constante. Nada de sonrisas impostadas, para la foto. O gravedades ficticias. Francisco fue una sonrisa permanente en la JMJ Río2013. No es un punto menor. Como señalaba un cronista: “La alegría es uno de los signos más seguros de la presencia de Dios. Es una herramienta poderosa para evangelizar, muchas veces pasada por alto”. Los discípulos de Jesús “regañaban” a quienes traían a sus niños para abrazarlo. Pero Jesús los regañaba a ellos por su falta de compasión. La Iglesia debe ser acogedora, fuente de alegría y paz Y eso no es solo responsabilidad de curas y monjas.

Un tercer aspecto notable de Francisco en Río es su invitación a los jóvenes a “armar lío”. A Francisco no le molesta provocar. Así lo hizo ver: “¿Qué espero como consecuencia de la Jornada Mundial de la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío, va a haber; que acá en Río va a haber lío, va a haber; pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle”. Y agregó: “quiero que la Iglesia se acerque a la gente. Quiero terminar con el clericalismo, con lo mundano, con cerrarnos sobre nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir; si no salen, se convierten en una ONG”. Francisco no teme hacer “lío”, especialmente si el “lío” nace de una vida consecuente con la fe. Con el Papa, Dios está haciendo, como dijo el profeta Isaías, “algo nuevo”. Un regalo no solo para los creyentes, sino para una humanidad anhelante de trascendencia, de encuentro, justicia y paz.

Hugo Tagle

tw: @hugotagle





Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Religión   ·   Paz   ·   Iglesia Católica   ·   Juventud

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