. Nos
legó una obra que, en su edición crítica, incluida la correspondencia,
abarca tres millares de páginas. Desde que en 1930, a los 20 años,
publicó su primer poema en la prensa local de Orihuela, solo dispuso de
12 años de vida, la mitad de ellos en la guerra y en la cárcel. Desde
los 14 hasta los 20 años tendrá que escribir sus poemas sobre el lomo de
una cabra.
A partir de 1930 rehúsa categóricamente el oficio de
cabrero que quieren imponerle en casa. Consigue abandonar el cayado por
la pluma aunque haya de ser la de pasante de notario. Posteriormente, un
hombre de letras, José María de Cossío, le integra en su grupo de
colaboradores para la redacción de la más famosa enciclopedia taurina.
Será
durante la Guerra Civil cuando logre acceder a un indiscutible estatuto
profesional de escritor. El año 1937, concretamente, le deparará la
doble ventura de verse colmado afectiva y literariamente: contrae
matrimonio, tiene un hijo y ve editado Viento del pueblo.A
partir de 1937 correrá una suerte definitivamente adversa, en la guerra
y posguerra, con el colofón de un siniestro asesinato a fuego lento en
prisión.Todo biógrafo de Miguel Hernández, es obvio, ha de trazar
su trayectoria humana y literaria, pero tanto en uno como en otro
recorrido ha de salvar difíciles obstáculos que le ha tendido el propio
poeta. Se
impone, de entrada, deshacer el tópico primero y más enraizado que le
ha sido suministrado por el mismo Hernández, con su machacona
insistencia en una acentuada miseria familiar y personal.El apelativo de pastor-poeta,
tan caracterizador por socorrido, fue una especie de imagen de marca
que se inventó él para no pasar desapercibido. Disfrazado de pastor
consiguió granjearse la protección de Neruda y Aleixandre, entre otros.Miguel
Hernández no tiene inconveniente en dar una versión de lo que ocurre,
según el interlocutor a quien se dirige. Nuestro poeta nunca quedaba
fácilmente satisfecho. Ni siquiera cuando conoció una época de relativo
desahogo económico al servicio de José María de Cossío.Tratándose de la relación Miguel-Josefina, el
tono se eleva, desde la vanguardia biográfica, a zonas más de orden
angelical que humano. Para Concha Zardoya se trataba de <<un amor
purísimo>>.[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=hciQHAHXrTc&w=420&h=315]La
correspondencia del protagonista de una biografía es fuente de
información fundamental. En el caso de Miguel Hernández hay que servirse
de ella con precaución y, en resumidas cuentas, su interés es muy
limitado, ya que gira esencialmente en torno a sus apuros económicos.
Josefina es la destinataria del grueso del epistolario conservado, y
Miguel la mantiene ajena a su quehacer poético. Para remate, la escasa
dimensión literaria de la correspondencia hernandiana ha sufrido mermas
considerables. Solamente conocemos cinco cartas a Carmen Conde y Antonio
Oliver Belmás.Ramón Sijé fue, sin duda, otro corresponsal que gozó de un trato de favor.¿Cómo
era Miguel Hernández? El biógrafo tiene para elegir en una especie de
arco iris que va del color oscuro al verde claro, pasando por el azul.
Por un lado, tenemos testimonio de personas más allegadas: amigos
íntimos, su propia esposa.El cotejo de dos testimonios sobre un
mismo hecho es lo que procede en toda crónica o relato biográfico. En el
caso de Miguel Hernández, sobre aconsejable, resutlta con frecuencia
una necesidad ineludible. Por ejemplo, Ramón Pérez Álvarez testimonia
sobre la muerte de Miguel Hernández:Muerto Miguel
Hernández, le amortaje, le saqué ante la población reclusa formada en el
patio general, dejando una calle en el centro, hasta el recinto
exterior. La banda de música de los reclusos interpretó la
<<Marcha fúnebre>> de Chopin. Eran alrededor de las cinco de
la tarde.No hay duda: Miguel Hernández había
alcanzado, tras la Guerra Civil, una buen merecida reputación nacional
que obligaba a sus propios verdugos a obrar en consecuencia a la hora de
su muerte. Así fue como no pudieron negarse a rendirle el homenaje de
la marcha fúnebre.Nuestro poeta es probablemente el más atípico
de la historia de la literatura española. En pocos autores se produce
una tal simbiosis de vida y obra, una tan indisociable conjunción de
poesía y trayectoria vital. Ambas facetas se presentan en Miguel
Hernández tan indisociables que <<es difícil o imposible pensar
su poesía sin pensar su vida>>, como ha escrito José Ángel
Valente, quien añade: <<Exige o necesita su poesía la noticia del
hombre>>. El
ejercicio de la literatura, tanto por parte del lector como del autor,
lo preside un <<conócete a ti mismo>> que ambos esgrimen, el
uno frente al otro. Al <<muéstrame>> y
<<muéstrate>> que pide el lector corresponde al
<<mírame>> y <<mírate>> de autor. Las
diferencias entre los grandes escritores y los escritores necesarios
puede que estribe en la mayor o menor disociación de sensibilidad y
receptividad colectiva.Antonio Buero Vallejo replica
involuntariamente a Valente cuando afirma: <<Para mí es Miguel
Hernández un poeta necesario, eso que muy pocos poetas, incluso grandes
poetas, logran ser, por la realidad esencial de sus jornaleros, de su
cebolla, de su sudor>>.La vitalidad y seducción del
género biográfico pone de relieve la fascinación que ejerce sobre los
lectores un ser único, aislado entre millones de seres, y enraizado en
un tiempo y un país especialmente autodidacta. Jorge Guillén no tiene
reparo en considerar al oriolano <<un poeta verdaderamente genial,
el más genial después de Federico. Su vida y su obra conmueven hasta el asombro y el enmudecimiento humilde>>.La
vida y obra de nuestro poeta han quedado encastradas y definitivamente
adscritas al conocimiento más trascendental de la historia de España del
siglo XX: la Guerra Civil. Hernández se erigió en Viento de Pueblo
en aquella encarnizada lucha de clases. Pablo Neruda, César Vallejo,
Rafael Alberti entre otros defendieron la causa republicana :
la conquista de la dignidad personal contra la opresión económica de la
oligarquía y la ideología de la Iglesia católica. Así es como su nombre
conlleva toda la inmensa carga social y humana, colectiva e individual,
visible y oculta de esta aguda encrucijada de la historia. Decimos
<<Miguel Hernández> y resuena la República española y su
asesinato. El asesinato de ambos.Una obra no puede hacer caso
omiso de la vida; ni vida y obra, de la época. Ni la vida, ni la obra,
ni la época de Miguel Hernández cobran sentido sin tener en cuenta el
papel determinante de la Iglesia católica. Ella le aupó al ejercicio de
la literatura y ella le abandonó a su suerte miserable en el infierno de
las cárceles franquistas. Fue el precio que le obligó a pagar por
pasar, de presunto poeta al servicio de la Iglesia, a poeta efectivo,
emblemático, de la revolución. (Fuente. El oficio de Miguel Hernández / Eutimio Martín)[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=mwk1n8GdqCU&w=420&h=315]