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¿Quién es William Hank?


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02/08/2013


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Nombre: William Hank 


Edad: 33 años

Afincado: en EE.UU

Perfil Físico: Alto, 192 centímetros altura, pelo corto, afroamericano, cara aniñada.

Perfil Académico: Agente del FBI más joven de la historia.

Perfil Psicológico: Responsable, metódico, tenaz. Asignado a la protección de Barack Obama sueña repetidas veces que atentan contra su protegido. La anécdota quedaría ahí, si no fuera porque desde pequeño William ha tenido sueños premonitorios que han acabado por cumplirse. Conocedor y consciente de esto, pondrá todo su empeño, coraje, tenacidad y fe en analizarlos y descubrir a los posibles instigadores de un atentado contra su jefe.

Extracto: El descanso de los guerreros. 

Capítulo:3

William Hank se incorporó de la cama gritando. ¡Sálvalo, sálvalo!

Pudo oír su propia voz en el silencio de la habitación. Desconcertado miró alrededor.

Estaba empapado en sudor y el corazón le palpitaba soliviantado. «Todo ha sido un sueño» se repetía una y otra vez. Sí, le respondía una voz en su cabeza, pero un sueño tan real.

Echó un vistazo al  reloj de la mesilla de noche, marcaba las cuatro de la madrugada. Volvió a tumbarse e intentó inútilmente conciliar el sueño, a pesar de saber que el intento iba a ser en vano, su cabeza evocaba una y otra vez la pesadilla que lo había despertado apresuradamente.

Llevaba más de un mes sobresaltándose en la quietud de la noche con sueños perentorios que ahuyentaban al mismo Morfeo. Esta vez fue distinto, la misma visión, sí, pero tan llena de detalles.

Hank alargó la mano y encendió la luz de la lamparilla de noche, emitiendo un profundo suspiro. Era inútil seguir intentándolo, no se volvería a dormir.

Cogió la libreta que celosamente guardaba en la mesilla de la habitación, decidido a escribir en ella lo que había percibido esa noche. Agitó apesadumbrado la cabeza, otro sueño más que anotar, otro sueño revelador de los muchos que desde pequeño le asaltaban.

 ¿Cuánto tiempo había pasado? Se preguntó torciendo su boca en un gesto que imitaba a una risa irónica. Veinticinco años desde la primera vez que su madre le recomendó que anotara en una libreta todas sus pesadillas. 

¡Pobre!― se compadeció de sí mismo― No era nada más que un chiquillo de apenas ocho años,  cuando comenzaron aquellas visiones.

Nuevamente su madre llevaba razón  y escribir en su libreta de “Quimeras” le resultaba tranquilizador.

―Por el amor de Dios― dijo en voz alta totalmente frustrado. Tengo que descubrir qué significa ésta visión.

Abrió la libreta. Solo hacía un par de días que había anotado su devaneo con el hijo de Hypnos  pero ésta vez su sueño fue distinto. En su visión había muchos más detalles… 

…Decidió anotarlo. La visión que había tenido esa misma noche era…tan real. Si observaba en conjunto, formaba un collage perfecto con las otras ensoñaciones que había tenido. Sí, se dijo a sí mismo, lo anotaría sin omitir ni un solo detalle. Tenía que seguir aquel hilo e  investigar hacia donde lo llevaba.

Al terminar de escribir, dejó la libreta de nuevo en la mesilla de noche, se colocó el batín sobre el pijama se calzó las zapatillas de estar por casa y encaminó sus pasos hacia la cocina. 

 Encendió la cafetera y llenó una buena taza de café. Tenía tiempo de saborearlo antes de irse a trabajar.

Con la taza en la mano se dirigió hacia el salón de su apartamento que aunque no muy grande si era bastante acogedor para un solitario agente del Servicio Secreto.

¡Qué orgulloso se sentía de ver hasta donde había llegado su carrera profesional!, no había sido fácil para un chico negro criado en el Bronx.

Desde pequeño William había sido una persona bastante responsable pero cuando su padre murió con apenas doce años supo que debía colaborar en casa, hacer una piña con los que todavía quedaban vivos, su madre y su hermano pequeño.

William Hank no solo se esforzaba en clase el doble que sus compañeros. La constancia era su virtud y en cuanto tuvo edad para trabajar, compaginaba las dos cosas trabajo y estudios para poder contribuir económicamente en casa.

Fue su empeño y tenacidad, su lucha interior la que lo empujó a seguir estudiando y así convertirse en uno de los agentes del FBI más jóvenes de la historia.

Su brillantez no pasó desapercibida para sus jefes que apenas seis años antes lo destinaron para formar parte de la escolta personal de un jovencísimo candidato del partido demócrata y que hoy era el Presidente de todos los americanos. ¡Dios mío, el primer presidente afro americano de la historia. Su nombre Barak Obama.

William Hank  bebió un largo sorbo de café mientras se sentaba en el sillón de su escritorio colocado junto al ventanal, en la zona más iluminada del salón. No fue una tarea fácil encontrar muebles compatibles con su metro noventa y dos de estatura. La altura considerable se veía compensada con un rostro demasiado aniñado y dulce para un trabajo como el suyo. 

Su mente no cesaba de trabajar. Había avanzado algo en su extraño sueño pero sabía que todavía faltaban piezas por encajar en todo el rompecabezas. Estaba convencido de que el más mínimo detalle le ayudaría a la hora de componerlo.

Siempre había sido así. Los sueños iban y venían a lo largo de su vida y siempre actuaban como una señal de que algo inequívoco iba a pasar. Al principio le sobrecogía todas estas pesadillas y más sabiendo que podían tardar más o menos en realizarse,pero siempre sus sueños terminaban por cumplirse.

Conforme los años pasaron William Hank aprendió a no luchar contra ellos. Aprendió a analizar y a sacarle partido a sus  “presentimientos” le costó, ¡vaya si le costó! Pero lo consiguió para orgullo de su madre quien siempre lo apoyó.

Se pasó la mano por su corta cabellera con desesperación. «¿A quién acudir?» se preguntó a sí mismo mientras bebía otro sorbo de café.

Sabía la respuesta, ¡a nadie!

América era un país plural y los casos sobrenaturales para mucha gente no pasaban desapercibidos. Muchos organismos de defensa, policía, el propio FBI contaban entre sus filas con unos verdaderos profesionales “sensitivos”, los llamaban, los cuales colaboraban arduamente ofreciendo sus servicios. El resultado era muy evidente. Casi siempre esclarecían los casos.

Pero él nunca había referido su don a nadie. Tal vez por prudencia o pudor o simplemente porque todavía recordaba la sorna dibujada en el rostro de sus antiguos compañeros cuando sus jefes recurrían a los “sensitivos” a pesar de que la mayoría de las veces sus compañeros se tragaron la sonrisa cuando el caso era resuelto.

Inspiró profundamente. No, a él no le ocurriría lo mismo…

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Etiquetas:   Literatura

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