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Atentado a la Catedral de Santiago. Ejemplo de intolerancia y fanatismo enfermo.


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27/07/2013

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El cobarde ataque de un grupo de anarquistas a la Catedral de Santiago el pasado 25 de julio, fiesta de Santiago apóstol, me recordó a algunos de esos grupos religiosos fanáticos que pululan por ahí. 


El modus operandi es el mismo: se sienten dueños de la verdad, impiden que otros ejerzan sus derechos a vivir en paz, buscan a través del amedrentamiento silenciar y atemorizar. Aprovechan para ello momentos en que el agredido – la Iglesia católica – no puede hacer nada, como es durante la celebración de la Santa Misa. Es evidente que los feligreses en ese momento no se iban a defender. Imposible. La sorpresa, aprovechar el momento de mayor desvalimiento y la cobardía fueron sus argumentos. Lo único que diferenció a este grupo que entró en una suerte de histeria a la Catedral, es que iban a rostro descubierto. Pero la diferencia es mínima. Ninguno de los agresores fue capaz de “dar la cara”. Las entrevistas a algunos de ellos luego de los atentados solo les sirvieron para, cobardemente, desentenderse de la violencia causada. Quizá en eso los encapuchados que destruyen en las manifestaciones son algo más valientes: Ellos al menos se cubren la cara, quizá de conscientes de la cobardía en que incurren.

La violencia cobarde es lo propio de quien no tiene argumentos o sabe que ellos son tan inconsistentes que requieren de la intimidación, la amenaza, el grito y la ofensa para darse a conocer. En esa polvareda de golpes, garabatos y destrozos, se confunden sus demandas quedando todo reducido a lo que finalmente logran: la destrucción, los rayados, la ofensa y el garabato.

Notable la reacción de la feligresía que no se dejó amedrentar por la cobardía y continuó la celebración de la Santa Misa hasta el final.

Estos hechos cobardes nos deben llevar a reflexionar sobre la forma de construir sociedad y renovar el respeto a los demás, a la diversidad, a la integridad personal y de la propiedad.

El Arzobispo de Santiago nos invitó a pedir el perdón de Dios por las ofensas de esos fanáticos. Una vez más, la violencia es la razón de quienes no saben usar la razón. Con Jesús en la Cruz pedimos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Para los católicos, y para toda persona tolerante de las creencias de otro, impedir la celebración de la Santa Misa y profanar un lugar sagrado – cualquiera sea éste - son hechos que revisten una especial gravedad, por la intolerancia que suponen y por el agravio a la libertad religiosa y de culto. Esta garantía, derecho fundamental de toda persona humana, está reconocida tanto en nuestra Constitución Política como en todos los instrumentos internacionales ratificados por nuestro país.

Llama la atención que autoridades hayan callado ante este hecho deleznable. Incluso parlamentarios que están a favor del aborto debería decir algo, que esa no es la forma de canalizar este tipo de demandas ¿dónde están los defensores del aborto del parlamento, que callan? Desprestigian con su silencio la confianza pública y dan un argumento más para el descrédito en que se encuentra su pobre servicio.

En ese sentido, es legítima la preocupación del Arzobispo de no poder callar su “desconcierto y desazón frente a quienes tienen la grave responsabilidad y obligación de garantizar la libertad y la seguridad de todas las personas. La Catedral Metropolitana es un lugar abierto al público, declarado Monumento Nacional, donde cada día acuden centenares de ciudadanos, que en estos últimos tiempos se han visto amenazados por la instalación de bombas y por otras agresiones”. La intendencia, la alcaldía, deberían dar explicaciones al respecto. Pareciera que tienen otras preocupaciones antes que la seguridad de las personas.

El Arzobispo decretó la reparación de la Catedral y el cierre del Templo Catedral hasta el miércoles 31 de julio. A las 12:30 horas de ese día tendrá lugar una celebración de desagravio, a la cual convoco a todos los feligreses de la Iglesia de Santiago.

Que esto nos sirva de lección a todos. Si la Iglesia pierde, perdemos todos. Se deteriora la convivencia nacional y eso no le conviene a nadie.



P.Hugo Tagle

tw: @hugotagle







Etiquetas:   Religión   ·   Tolerancia   ·   Democracia   ·   Respeto   ·   Iglesia Católica   ·   Catedral Santiago de Chile

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