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El aula taller como medio de aprendizaje


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06/06/2011

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La vida de cualquier persona se desarrolla dentro de un ambiente creado por la mano y la mente del hombre.






La sociedad toda requiere del sistema de símbolos impuestos desde antaño para establecer contacto unos con otros, relacionándose de manera exitosa. Ese sistema que ha ido perfeccionándose y complejizándose a través del tiempo, es la cultura.





De allí que la lectura, la escritura, la expresión artística toda, entre otras resulten actividades sumamente naturales, aunque dificultosas en relación a su aprendizaje.





Sin embargo, una vez que el alumno ingresa a esta esfera cultural, le espera una nueva sorpresa tras la puerta que incluye el conocimiento,  la interpretación, la comprensión y la futura producción de textos.





Por ello, las diferentes miradas y enfoques pedagógicos y didácticos han aportado un importante cúmulo de estudios  e investigaciones altamente  influyentes en el campo de la educación.





El taller: un recurso didáctico





La modalidad de enseñanza denominada taller, propone una forma de abordar la clase convencional, desde una mirada innovadora, dinámica y versátil.





La propuesta puede llegar a resumirse en simple palabras diciendo que se toma un tema de aprendizaje, el cual puede estar simbolizado con un objeto concreto o producto de la abstracción, y todas las miradas son dirigidas a él. Se incentiva entonces a que los alumnos conjeturen acerca de este tema, en lo que se conoce como el planteo de las ideas previas.  A continuación, se procederá a evaluar de manera crítica las hipótesis pronunciadas con anterioridad. En este primer punto se espera que los niños desarrollen el espíritu crítico, es decir la capacidad de razonar sus propios supuestos y la veracidad de los mismos.





Un paso más avanzado dentro de la propuesta, consiste en producir ellos mismos contenidos similares al abordado, compartirlo con sus pares y evaluarlos en conjunto. Nuevamente el espíritu crítico toma la posta, mas es imprescindible que ya se halle desarrollado, pues en esta etapa, los valores tales como el respeto y la colaboración son los que afloran.





El alumno productor de contenidos





En todo nuevo emprendimiento, los individuos ven fortalecidas sus ganas de crear y hacer al saber que alguien  ocupará el lugar del espectador. La conciencia de público acrecienta los motivos que impulsan a la mente humana a crear, más aun cuando este espectador es rigurosamente exigente.





Es en este plano que el deseo de ser competentes (no competitivos), eficientes y admirados por las destrezas desarrolladas, elevan al hombre común a un nivel superior, de máximo rendimiento, de exigencias extremas, a fin de cumplir la meta pactada.





Niveles de exigencia





Los niveles de exigencia deben estar previamente planificados. Es decir, el docente debe establecer una serie de objetivos acordes a las edades y manejos de conocimientos que manifiesta el grupo de alumnos, los que actuarán como parámetros limitadores del aprendizaje.





Es importante, entonces, que tanto docente como alumno tengan certezas de la meta, para fija de este modo los pasos a seguir hasta lograrla.





En cuanto a los contenidos y el modo de presentarlos ante el alumnado, deben estar perfectamente adaptados a las edades de los alumnos y a las posibilidades de los mismos. Por ejemplo, es importante conocer el grado de alfabetización, de conocimiento del mundo circundante, la posibilidad de abstraerse, etc.





Una clase de taller que plantee contenidos incoherentes e inalcanzables, determinará simplemente una pérdida de tiempo para el docente y para el alumno en cuestión.





Las producciones





El resultado final del taller, es la producción propia del aprendiz. En ella se plasmarán sentimientos, deseos, esperanzas, creencias, conocimientos y percepciones.





Por ende, el resultado de una producción propi jamás es nulo o insuficiente.





En muchas ocasiones el docente no contará con las herramientas necesarias para interpretar aquello que el alumno desea comunicar. Por ello, las estrategias de indagación son de fundamental importancia.





Jamás se debe exponer lo que se supone que el alumno quiere transmitir, sino que se debe preguntar  e invitar al mismo a explicar su obra.





El mejor premio que puede obsequiarse a quien ha creado una obra y la desea compartir con sus pares, es un caluroso aplauso.







Etiquetas:   Educación

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