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Trabajo y Depresión


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18/07/2013


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La depresión está de moda. Es un enemigo infiltrado que, en su crecimiento incógnito, cifra parte importante de su impacto. En Google se puede leer que la depresión es  “… un trastorno emocional que hace que la persona se sienta triste y desganada, experimentando un malestar interior y dificultando sus interacciones con el entorno”.


No es para nada un asunto liviano o de baja importancia. En los casos más radicales puede ser de la mayor gravedad. No sólo por sus efectos externos (en Chile acaba de renunciar a su postulación el candidato a la presidencia de la República de la coalición de gobierno) sino porque impacta e inhabilita de manera brutal a la persona enferma.

Lo más complejo es que es difícil detectarla. Difícil porque todos seguramente no le damos importancia a las señales, nos sentimos más fuertes si no inmortales e, incluso, lo que mantiene el escalamiento de esta enfermedad, no lo controlamos y sigue el proceso de daño invisible.

Como gran parte de nuestras vidas en que estamos despiertos, la pasamos en el trabajo, no debe extrañarnos que, si no cuidamos nuestro quehacer en ese ámbito, estamos incubando la propia versión de la enfermedad. Y cuando llega la gota que rebalsa el vaso, ya es tarde, ya tenemos un inmenso problema, personal, familiar y social.

Ante ello, declarando que no soy psicólogo, a continuación me permito la licencia de sugerirles un decálogo, más bien intuitivo, de acciones que contribuyan a evitar que la depresión se incorpore a nuestro registro personal de enfermedades. Corresponden al  resultado de mis propias observaciones de los ambientes de trabajo, y de los comportamientos de personas en el mundo laboral, en muy diversas posiciones de responsabilidad:

  • Capacítese. Pocos asuntos tensionan más que el sentir que no se sabe hacer algo que debería saberse para el desempeño del puesto de trabajo que se tiene asignado. Y el trabajo cambia siempre, sin pausa. Ud., haga lo mismo, no espere al curso de capacitación, simplemente investigue y consulte. Llegará más tranquilo a su nuevo día de empleo.
  • Sonría. Este simple gesto destraba tensiones, detiene el escalamiento de molestias y contribuye a que no pierda el enfoque en el “problema” y cese o se reduzca la tentación a enfrentar agresivamente a otra persona, con lo que el asunto, claramente, no se resuelve. Como dice la metodología Harvard de negociación: “Suave con las personas, Duro con el problema”.
  • No grite. Es el otro lado de la moneda del punto anterior. Con la excusa de colocar un mayor énfasis, en definitiva los gritos se transforman en un reconocimiento de que se carece de mayores argumentos y se intenta imponer un curso de acción por la fuerza. Con ello no sólo se daña sus cuerdas vocales y los tímpanos del interlocutor (que seguramente entrará a competirle en quién grita más fuerte sin tener que detenerse a respirar), sino que Ud., quedará alterado, incómodo, tensionado, en fin, fuera de su eje de tranquilidad emocional. No lo olvide: “suave con las personas”.
  • Camine. El ejercicio físico nunca dejará de ser un factor clave para que nuestro organismo funcione mejor. Si tiene que pedir un documento, en vez de ocupar el intercomunicador, salga de su escritorio y vaya dónde su colaborador (además será un jefe más cercano). Privilegie la escalera por sobre el ascensor, vaya a la estación siguiente del metro a tomarlo, no a la más cercana, cambie sus rutas, en fin, camine, camine, piense que, al menos por 15 minutos, Ud., es Forrest Gump. Ah! Y baile. Si vive en Chile, baile la cueca, mucho mejor.
  • Descanse. El cuerpo humano no es un engranaje cibernético. Necesita descansar para recuperar la concentración, haga pausas, elongue, converse por 5 minutos de asuntos distintos (también pueden ser laborales), en fin, provoque mini quiebres en la concentración. Ese tiempo “perdido”, seguramente le reducirán de manera sorprendente sus tasas de errores. Y menos errores, son menos reclamos, menos retrasos, en fin, menos tensiones.
  • Lea. Da lo mismo, si es una revista, un libro o un comic, pero regálese minutos para que su enfoque mental esté en algo distinto de las complejidades de su vida (no existen las vidas fáciles, el punto es cómo evitamos ser consumidos por las dificultades). La clave acá está en leer asuntos que nos interesen y que, en lo posible no tengan nada, o muy poco que ver, con lo laboral o aquello que nos tiene tensionados.
  • Escriba. El otro lado de esta nueva moneda. Escribir obliga a cambiar el foco de concentración y ello, descomprime los agobios que podamos tener. Escriba un cuento, escriba como se siente, escriba un saludo, comente en facebook, pero escriba. Esa gimnasia mental algo oprimida por la sobre oferta tecnológica actual siempre vale la pena rescatarla.
  • Priorice. Asuma que nunca tendrá todo al día (Se lo digo por si no lo sabía). Si Ud., al iniciar su jornada de trabajo ordena sus pendientes, los coloca en prioridad de lo que es fundamental  ejecutar, y los despacha en esa misma secuencia de ejecución, logrará que nunca lo atrasado sea crítico, con todo lo que ello implica en materia tensional y de conflictos en el empleo.    
  • Replantee. Sea muy claro en sus instrucciones, validando que le entendieron lo que Ud., necesita que le entiendan. Sea, por otro lado, insistente en pedir aclaraciones a las instrucciones que reciba. Si no hay confusiones en lo que se debe hacer, la tasa de errores y de repeticiones (con enojos incluidos) disminuye y los ambientes laborales se hacen más cordiales. Hacer bien el trabajo a la primera es un gran atenuador de dificultades laborales.
  • Almuerce. Si claro, es obvio. Pero estoy seguro que muchos que de quien leen esto, se quedan en su oficina y, con suerte, se “tragan” un sándwich. De modo que el punto no es irrelevante. Esta pausa es fundamental. Y si puede almorzar fuera de los ambientes de su institución, enfrentándose a rostros distintos, espacios físicos diferentes, será mucho mejor.
  • Estoy convencido que estas pocas acciones, si las incluimos en nuestra cultura de comportamientos laborales, nos ayudarán a sobrellevar las presiones del trabajo de mejor forma y a reducir el tremendo riesgo de estar abatidos en cama, lamentándonos con un desánimo lacerador de que ya nada nos importa.

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    Etiquetas:   Clima Laboral   ·   Capacitación

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    2 comentarios  Deja tu comentario


    , Excelente columna. Detalla la complejidad de la patología.



    , Excelente Columna, completa al describir la complejidad de la patología.





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