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Todos deberíamos ser el Z-40


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18/07/2013

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Como siempre la justicia –considerando que por si misma, al menos en México, resulta sumamente hilarante su sola mención- se vio opacada por la burocracia, cosa triste en realidad pues, con lujo de detalle pudimos ser “testigos” de las condiciones bajo las que se sucedió la detención del capo mayor de los zetas, el afamado Z-40, a quien sus captores, sin demasiada faramalla, le brindaron todas las comodidades propias de los estatutos establecidos por la comisión nacional de derechos humanos.


 

Entiendo perfectamente que, las autoridades y organismos involucrados directa o indirectamente con semejante detención, no podían –no pueden- poner en riesgo tal avance en materia de seguridad, sería ridículo –como ya lo ha sido anteriormente- tener que dar marcha atrás a un proceso legal de tal envergadura por un pequeño descuido.

 

Entiendo también que, la detención de un personaje tan peligroso y tan buscado, atrae como miel a las hormigas a un sinnúmero de periodistas, quintacolumnistas, amarilleros, investigadores, vocales, ejecutores de derechos humanos y anexas, de todo el mundo quienes, dispuestos a todo por obtener un poco de atención de los reflectores más luminosos del planeta, podrían sin más, estropear, con la mano en la cintura, todo lo conseguido.

 

Lo que no entiendo en verdad, es como puede cualquier gobierno hacer alarde de su perfección en materia de derechos humanos en lo tocante a la captura y proceso legal de un personaje al que se le atribuyen al menos 200 homicidios –sin contar el tráfico de armas y sustancias ilegales-, cuando puede presumir también de un descomunal número de procesos criminales arbitrarios donde se pasó, más de una vez, por encima de los derechos humanos de el presunto culpable –digo yo, al final, fuimos muchos los que vimos el documental de “Abogados con cámaras”, donde sin lugar a dudas, quedó al descubierto la disfuncionalidad de nuestros ejecutores de las leyes ¿o me equivoco?-

 

Si un mexicano promedio es descubierto robándose un bolillo y un litro de leche –sin considerar la falta de empleos o el exceso de pobreza extrema en que nos tienen sumergidos-, el peso completo de la “ley” caerá sobre sus hombros como una indetenible tromba, bajo el alegato de haber violado los cánones de la civilidad, pero, ¿qué pasaría si a ese desgraciado ladrón de bolillos lo siguiera una manada de reporteros y abogangsters de las más lujosas esferas?

 

Por favor, no malinterpretes mis palabras amigo leedor, no estoy, por ningún lado, haciendo menos el trabajo de quienes pacientemente se dieron a la tarea de acechar y capturar al zeta mayor, por el contrario, aplaudo sonoramente y hasta de pie –sin sorna alguna de por medio- tanto los esfuerzos de inteligencia realizados, como el despliegue militar y policíaco, como el presunto resultado final de la operación –digo presunto porque aún no se define nada al respecto del futuro legal del señor Z-40 y sobre todo porque no podemos olvidar que, en la larga historia de las detenciones más famosas de México, relucen también, grandes escapatorias por la vía legal, por la vía diplomática, por la vía del nepotismo, por la vía del chanchullo  y por supuesto también, por la vía de la incompetencia-

 

Debemos estar conscientes de la gravedad de esta situación, las leyes mexicanas urgen una reestructuración inteligente y una limpieza profunda –demasiado profunda-, porque no es justo que se comporten salvajemente con quienes vivimos en la legalidad –personalmente he tenido la oportunidad de presenciar y vivir su salvajismo desmedido, propio de una educación deplorable- para terminar besando manos internacionales –igual de sucias que las propias- y rindiendo pleitesías innecesarias.

 

Si te robaste una gallina y te descubrieron, si mataste a una o a mil personas y te lo pueden comprobar, si traficaste drogas y te vieron, si dijiste groserías y te escucharon, si le robaste a tu pueblo mientras lo gobernabas, debes sufrir las consecuencias, sin amenazas, sin insultos, sin calentaditas, sin torturas y sin que nadie viole tus derechos humanos, mientras las cosas no mejoren para quienes le damos de tragar a nuestras autoridades, todos deberíamos llamarnos Z y apellidarnos 40.

 

¿La broma de la semana?, la familia Granier Calles haciendo alarde de su pobre capacidad para robar –les descubrieron las 781 operaciones en efectivo por más de cien millones de pesos- y el peso de la ley brillando por su ausencia.

 

Antonio Andrade

www.antonioandrade.com.mx

@antonio_andrade

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Etiquetas:   Derechos Humanos   ·   Crimen

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Antonio de la Vega, Comunicación Nunca está de más hacer estos señalamientos, por otra parte tan de viejo cuño. Desde que tengo uso de memoria tales distingos son historia de todos los días.


Antonio de la Vega, Comunicación Nunca está de más hacer estos señalamientos, por otra parte tan de viejo cuño. Desde que tengo uso de memoria tales distingos son historia de todos los días.




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