Señorita, tengo hambre...

Cerca de las nueve de la mañana, la docente dirigió la mirada a Tomás L., su alumno de cuarto grado. El cabello oscuro cortado al rape, las manos pequeñas ennegrecidas por la falta de higiene y las cicatrices que recorrían su rostro, conformaban la imagen de Tomás, que quienes compartían el aula con él, estaban acostumbrados a ver.

., su alumno de cuarto grado. El cabello oscuro cortado al rape, las manos pequeñas ennegrecidas por la falta de higiene y las cicatrices que recorrían su rostro, conformaban la imagen de Tomás, que quienes compartían el aula con él, estaban acostumbrados a ver.
Ante el notorio desinterés por la clase, la docente llama la atención del niño, preguntándole por que no prestaba atención. La respuesta fue clara y contundente: "tengo hambre señorita".

La maestra respiró profundo y trató de mirar hacia el patio de la escuela, sin embargo, no pudo evitar que de sus ojos cayera alguna lágrima. Ella sabía que el hambre del niño perduraría y que, con seguridad, era producto de varios días de alimentarse incorrectamente o, mejor dicho, directamente no hacerlo. También era consciente que cualquiera de los  veintitrés compañeros de Tomás tendrían alguna colación en sus mochilas, pero no era ese el caso del alumno mencionado. De repente sintió que el alma se le estrujaba. Un puntazo adormeció su estómago, que ardía como un leño recién encendido. Volvió la mirada hacia el niño y le pidió que fuera a la cocina del establecimiento, allí le darían algo para comer.

El caso de Tomás, es uno más de tantos otros que recorren hoy el mundo. Miles de niños no reciben alimentos suficientes, con el debido equilibrio nutricional. La desnutrición es un mal que golpea a todas las sociedades.

No debemos olvidar que un niño desnutrido está condenado, pero su condena no termina al saciar su hambre. Un niño que sufre mala alimentación no podrá desarrollar al máximo su intelecto, el efecto dominó continúa con las bajas posibilidades de insertarse adecuadamente en la sociedad... y así sucesivamente.

Si hoy lees este artículo y tienes la posibilidad de extender tu mano con algo de comida a quien lo necesite, la misión está cumplida.

(Por razones de protección a la identidad, los nombres aquí mencionados no son reales, aunque sí lo son las situaciones descriptas)

Melina Jaureguizahar Serra






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