Nos, el Brey

Era común en la antigua Roma usar el pluralis maiestatis, consistente en usar, ya en el lenguaje hablado, ya en el escrito la primera persona del plural. Posteriormente la Iglesia, tan dada a la triquiñuela y la coerción disfrazadas de boato, extendió su uso para deslindar su parcela de poder supremo con respecto al vulgo y al resto de los "mortales". También los reyes hicieron uso del plural mayestático hasta bien entrada la Edad Moderna. Lo que les confería, como a los Papas, ese halo de superioridad, de fusión de la persona con la institución para imponer distancia y miedo entre los súbditos cargados de ignorancia. Así, era fecuente entre los coronados comenzar sus alocuciones y escritos de esta manera:  "Nos, el Rey....".

 

. Posteriormente la Iglesia, tan dada a la triquiñuela y la coerción disfrazadas de boato, extendió su uso para deslindar su parcela de poder supremo con respecto al vulgo y al resto de los "mortales". También los reyes hicieron uso del plural mayestático hasta bien entrada la Edad Moderna. Lo que les confería, como a los Papas, ese halo de superioridad, de fusión de la persona con la institución para imponer distancia y miedo entre los súbditos cargados de ignorancia. Así, era fecuente entre los coronados comenzar sus alocuciones y escritos de esta manera:  "Nos, el Rey....".
Ahora, en pleno siglo XXI, en la Era de Internet; a un paso de la llegada de la Singularidad (genética, internet y robótica), un gobernante español (ah!, aquellos años del imperio), Mariano Rajoy Brey, en su peculiar “estilo percebe” (anclado a la roca ajeno al batir de las olas) pretende nuevamente que el verbo se haga carne; se fusiona y hace suyo el Estado de Derecho y nos amenaza diciendo que no permite que se amenace ni chantajee al Estado de Derecho, es decir a él, que es uno y trino. Y aprovecha una de esas comparecencias forzadas por el protocolo internacional ante la visita de un mandatario extranjero, y haciendo trampa a los medios de comunicación (intermediarios e interlocutores de la ciudadanía) aprovecha una pregunta dictada para leer su alocución preparada en la que intercala un figurado “nos, el Brey…” haciendo suyo el Estado.

Nadie, señor Brey, está chantajeando al Estado pues el Estado no es chantajeable. Están chantajeando a una persona, usted, que es objeto de chantaje por cuanto intercambió (aún siendo presidente del gobierno) unos amables mensajes de texto con un presunto delincuente. Unos mensajes que nos traen a la memoria aquellas conversaciones de un dirigente de su partido con otro presunto delincuente en los que se profesaban tanto amor que las esposas de ambos bien podrían sentirse celosas (“tenemos que hablar de lo nuestro que es muy bonito, amiguito del alma”). En la propia defensa que hace usted de esos mensajes, reconoce la posibilidad del chantaje.

Así que no se envuelva en el armiño del Estado, no pretenda confundir, no se esconda. De la cara y explique urbi et orbi lo que, cada minuto que pasa en silencio, se hace inexplicable. Y, sobre todo, no haga más daño a España. Las mayorías absolutas no son mayorías absolutistas. No espere más. Abandone la estrategia del percebe que tantos rendimientos políticos y personales le ha reportado. Esta vez no hay resiliencia que valga. Se puede encontrar con que desde su propia bancada vayan soltando lastre y algunos de sus diputados, esos que todavía ponen la dignidad y la honradez por encima de lealtades compradas, abandonen su grupo parlamentario.

No lo demore más, señor Brey. Está haciendo a España un daño irreparable. Usted no es el Estado. Usted es un mortal. Tanto como cada uno de nosotros.
UNETE



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