. Joyas de origen y destino desconocido, historias
intensas, piezas de aliento corto pero firme latido que sin embargo
pueden, deben deslumbrar como soles. Están al servicio de algo
sorprendente y maravilloso: el tanteo de la belleza (Javier García Sánchez).
Cabría preguntarse porqué en España no goza de prestigio el cuento literario. Éste
se encuentra fuera del circuito comercial. Posibemente se deba al
constante cierre de medios que dan salida a este género. Además se
confunde cantidad con calidad. Los deportes no se comparan con otros
deportes, es decir, ¿Quién es mejor, el velocista Carl Lewis o el
maratoniano Martín Fiz? Plantearse esta pregunta es absurdo. La
literatura se relaciona con la calidad y no con la cantidad. El ejemplo
más significativo lo tenemos en el escritor argentino Borges. Únicamente
escribió cuentos en su narrativa.
Posiblemente
si preguntásemos qué libro de cuentos le ha gustado o qué cuento es el
que más le ha impactado, lo primero que asociaría el encuestado es el
cuento tradicional infantil. Craso error. No hay que menospreciar la
tradición oral e infantil pero la gente desconoce totalmente la calidad
literaria de los cuentos, incluso en gente teóricamente leída. Todo ello
se da plenamente en España, pero no ocurre lo mismo en los países
anglosajones e
hispanoamericanos; con citar varios ejemplos nos daríamos cuenta del
vigor que tiene este género (Borges, Cortázar, Horacio Quiroga, Dickens,
Lovecraff, Poe, etc.)Pero vayamos al fondo de la cuestión: ¿Por qué puede ser interesante leer cuentos?Básicamente
por su belleza estética y "efecto único". Si la poesía tiene sonetos,
la narrativa cuentos. No debemos olvidar que la esencia y tradición de
la narrativa está en el relato breve. Según Soledad Puértolas, el cuento
no es una crónica, es un producto de la imaginación y responde a la
necesidad fabuladora del hombre, acaso más fuerte que su necesidad de
ser testigo de la realidad.El cuento, si es bueno y nos gusta,
actúa como una fotografía; deja una huella indeleble que con el paso del
tiempo, se va ramificando, aportando nuevas ideas y posibles
interpretaciones. Su carácter semipoético hace que aparezca la sutileza.
Es otro de los méritos de todo buen cuento. En el cuento no se explica
todo, el lector se ve desconocido y misterioso. Todo
ello en una época en la que estamos acostumbrados a la obviedad y lo
evidente hacen que el cuento sea más atractivo. Los buenos cuentos son
pequeñas fotografías que se van multiplicando según la sensibilidad del
lector, acompañándole en muchos momentos de su vida. Como decía
Cortázar, el cuento es una fabulosa apertura de lo pequeño hacia lo
grande. Tiene la obligación de sugerir más de lo que cuenta. Acierta
Baquero Goyanes cuando dice que las sensaciones y sentimientos que
transmite un cuento son muy parecidas a las que provoca la lectura de
algunos poemas. No tiene que ver con la forma ni con los temas, sino más
bien con el "tono".La escritura del
cuento plantea al narrador un desafío que puede ser mucho mayor que el
que presenta una novela. Se trata de contar una historia condensando y
economizando recursos. En el cuento se va de lo sustancial, se evita lo
accesorio donde no solo es complicado elegir las palabras sino también
los temas y motivos. Desde una perspectiva editorial y crítica hay que destacar una revista literaria llamada Lucanor.
Ésta consta de 16 números y tiene una periodicidad semestral; a su vez,
está dividida en dos partes: una de "creaciones" y otra de
"investigación". En la primera aparecen obras inéditas con el fin de
mostrar las diversas tendencias y procedimientos narrativos de
escritores que utilizan este género, y en la segunda, estudios críticos
de distintos autores en lengua española.Asimismo,
y a modo de conclusión, quisiera destacar tres editoriales que se
dedican a la publicación del cuento literario. Se trata de Páginas de
espuma, Menoscuarto, Thule. A diferencia de otras entienden que los
libros no se valoran al peso. Con todo ello no pretendo enfrentar
géneros literarios sino más bien rescatar un genero que considero
olvidado. Eso sí, la última palabra la tiene el lector. Lean y juzguen.(Artículo extraído de la revista Cejillas y Tejuelos y su autor Vicente Zaragoza Senabre)