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Muchos piensan que la intentona golpista de 1981 posee el mismo modus operandi que la matanza del 11-M, con chivos expiatorios incluidos; unos, militares que al día de hoy desconocen lo que sucedió y que fueron usados para que se diera un vuelco radical a la izquierda con la victoria electoral del PSOE que conllevó el saqueo del 10% del PIB por el felipismo... otros, células islamistas reclutadas ad hoc por confidentes de la Policía, usados con el fin de dar paso a una profunda desintegración institucional y económica del país. ¿Es posible que perdure en el tiempo una malignidad con los mismos usos y costumbres en décadas? Por supuesto. Los orquestadores de aquellos males de antaño y los más recientes pertenecen a la misma calaña y bajeza moral y algunos de ellos todavía se dejan ver tras los atriles políticos, desde donde compraron voluntades financieras y judiciales para encubrir los crímenes perpetrados desde el poder. Lo decía Mark Twain y tomaron buena nota los forajidos parasitarios que accedieron al gobierno para delinquir manipulando la consciencia de las masas:"Es más fácil engañar a las personas, que convencerlas de que han sido engañadas". Paradigma de ello es la desvergüenza, para todos los españoles, de la delictiva expropiación de Rumasa a punta de metralleta, llevándose todos los balances y cuentas para falsear la situación empresarial; el conchabamiento social- después del político, jurídico, financiero etc.-de entonces, con la insensibilidad por la corrupción que arremetió contra José María Ruiz-Mateos que fue exculpado de toda imputación en 1997 pero al que no se le devolvió absolutamente nada con pretextos ruines de ordenamiento jurídico amañado, pudo provocar, por impunidad y permisividad, el atentado del 2004 sin que se haya hecho nada digno, decente y moral por resolver el crimen. Así es normal que la pandilla estafadora socialista que arruinó un país en ocho años, ya esté pidiendo la salida del gobierno del PP por escándalos que en nada alcanzan las criminales componendas que el zapaterismo llevó a cabo de manera tan impune como repugnantemente aceptada. Basta que estas alimañas esperen agazapadas el momento de volver a gobernar. Son delincuentes encubiertos y llevan siéndolo treinta años de continuados crímenes ejerciendo de sinvergüenzas maestros en cargar culpas ajenas. Mismo modo de actuar, mismos beneficiados. La casualidad no existe, pero sí una corrupción que pudre cualquier legalidad con prebendas sectarias que influyen en los jueces para ocultar los crímenes de manera continuada. Del 11-M se ha constatado desde siempre la falsedad de pruebas para encubrir a los autores intelectuales de la masacre. Ahora las dos rumanas que se han lucrado con la tragedia mintiendo como falsos testigos que acusaban a un cabeza de turco, Jamal Zougam, son requeridas por la Justicia. Antes el juez Bermúdez alabó la valentía de dos parásitos cuyas declaraciones ensombrecieron la búsqueda de la verdad del 11-M, un golpe de Estado encubierto y pagado por la traición aberrante de quienes se beneficiaron con la inicua trama. Bermudez impidió la verdad por la que pugnamos tantos desde casi dos lustros.http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/08/espana/1373265474.html La aberración jurídica es un hecho constatable en esta democracia de la mentira. Mal asunto idolatrar a los jueces en un país injusto, cuyos ciudadanos dicen temerlos que no respetarlos. Las obras hablan de esa carencia del respeto en algunos que visten togas y que no son merecedores de ello. Afortunadamente hay Jueces que sin ser estrellas, brillan con luz propia. España necesita Justicia verdadera y revisionista. Existen profesionales muy preparados en la dignidad para ganarse lo que en cualquier profesión se ha de ganar a pulso. Existen grandes juristas, sin duda, aunque hay insidias que escapan a la sentencia de lo justo. El carácter de lo español tiene la culpa de ello. España es un país de indolentes, insensibles y ruines ciudadanos que solo se acuerdan de los dolores cuando se provocan en las propias carnes. Un destino de drama, tragedia y vergonzantes misterios sin resolución es lo que toca por no haber parado a tiempo este vórtice delictivo, este marasmo de incongruencias en que nos sumieron aprovechando el egoísmo intrínseco de una sociedad enferma de criminalidades permitidas. Luego nos quejamos, con el archivo de los dolores que solo incumben a quien los padece. Hipócrita, cínico país que recoge las siembras de una pútrida naturaleza de picaresca criminal que permanece enquistada sin sanación.