. Como español, y especialmente como
madrileño.
Desde que el
Alcalde Alvarez del Manzano dejó el Ayuntamiento de Madrid, los madrileños
llevamos padeciendo a una casta política municipal, una especie de “banda del
derroche”, que solo tiene parangón con la que lleva ya una década instalada en
la nación empobreciéndonos con Zapatero y Rajoy a su frente.
Madrid es el
municipio más endeudado de España, con una deuda que en mayo de 2011 ascendía a
7.500 millones de euros; es decir, casi siete veces superior a la de Barcelona
entonces, ciudad a la que apenas dobla en población, y que tampoco es ningún
ejemplo de racionalidad en el gasto.
Dos años
después, la deuda madrileña sigue clavada en los 7.500 millones, pese a haber
disparado todos los impuestos y multiplicado las multas a los sufridos
conductores y a ciudadanos y empresas por conceptos distintos a la conducción.
¿Austeridad? Ninguna. Solo despilfarro y abuso.
El anterior
Alcalde gastó en torno a 500 millones de euros en la remodelación del edificio
de Correos para que acogiera lujosísimos despachos e instalaciones en los que
él y sus concejales desarrollarían sus ocupaciones diarias. Gracias al euro,
las cifras siempre parecen menos; pero 500 millones de euros son 83.193
millones de pesetas (83.193.000.000 pesetas). Pero nada parece ser demasiado si
es para que nuestros munícipes se sientan cómodos.
Actualmente
le sucede Ana Botella en la Alcaldía y en sus políticas de rapiña, mientras él
continúa haciendo lo propio al frente del Ministerio de Justicia.
Pese a la
profunda crisis en la que nos vemos inmersos desde 2007, en la que el sector de
la construcción prácticamente se ha volatilizado, los insaciables munícipes de
esta banda del derroche casi han multiplicado por dos el Impuesto sobre Bienes
Inmuebles desde entonces. A pesar de que los inmuebles se han depreciado hasta
en un 70% desde el comienzo de la crisis, y resulta sumamente difícil su venta
actual, incluso con grandes rebajas y muchos meses de espera.
El
Ayuntamiento de Madrid (lo escribo sin hache por pura benevolencia) se inventó
además una tasa de residuos que supone anualmente en torno a los 180 euros por
vivienda y unos 600 euros por un pequeño despacho. Se da la particularidad de
que a pesar del sablazo de al menos 600 euros que supone, el Ayuntamiento no
retira residuos de las empresas obligadas a pagarla, que deben incurrir en un coste
añadido contratando a tal efecto a una empresa autorizada por la Comunidad de
Madrid. Pero dicha tasa ya existía, junto a la de alcantarillado y otras, y fue
el socialista Juan Barranco quien las integró en el IBI actual, terminando con su
dispersión. La nueva tasa - que como acabo señalar es nueva en todos los
sentidos por cuanto viene a añadirse a otra con idéntico hecho imponible -, es
ahora denominada eufemísticamente “Tasa por Prestación del Servicio de Gestión
de Residuos Urbanos”, como si de algo de naturaleza ecológica o ecologista, o
de prestación de algún servicio real, y no de mera rapiña, se tratara.
No parece
improbable que inexplicables y repentinos enriquecimientos de concejales del
Ayuntamiento de Madrid tengan su origen en el expolio al que somos sometidos
los madrileños. No, no parece improbable en absoluto.
La tragedia
del Madrid Arena, que acabó con la vida de cinco jóvenes, no ha sido ni de
lejos aclarada. Pero ya se conocen demasiados detalles que deberían prevenirnos
contra cualquier cosa que organizara este Ayuntamiento, incluidos unos Juegos
Olímpicos. Hubo irregularidades de toda índole y las responsabilidades
municipales por estos hechos no tienen discusión sino en el quantum.
En un Estado
de corrupción como el nuestro, donde los cargos/as públicos/as se multiplican
como por arte de birlibirloque, nunca falta un empresario amigo, compadre de
algún político de casta, con buenos asideros en la cosa y dispuesto a aprovechar
los favores de la omnipresencia pública con muy buena rentabilidad. El del Halloween
en el Madrid Arena se apellidaba Flores, y su nombre figuraba subrayado con
rotulador amarillo en los escritorios municipales, quizás para impedir que por
despiste algún otro se le colara.
Experiencias
anteriores en nuestro país nos dieron ya buena cuenta de cómo se distraen
fondos hacia la financiación ilegal de los partidos y a clientelismos varios. Expo,
JJOO, Palau… Y eso que aún la corrupción no se había extendido a todos los
niveles políticos (estatal, autonómico, provincial y municipal), a los partidos
políticos mayoritarios, y a las principales instituciones del Estado, Monarquía
incluida.
Por todo
ello es de temer, con muy alto grado de certidumbre, que la celebración de los
Juegos Olímpicos de 2020 en Madrid vendrá acompañada de un renovado y
contundente “sablazo” a todos los madrileños. Y también que equivaldrá a muchas
toneladas de esos polvos que serán nuevos lodos unos años después, quién sabe
si en forma de naves industriales o apartamentos en la Costa Azul en el
patrimonio personal de algún concejal.
Por
desgracia, la situación actual de Turquía no es precisamente la idónea para hacernos
el gran favor de llevarse los Juegos Olímpicos de 2020. Y ello le otorga a la
candidatura de Madrid una mayor probabilidad, por lo que puedo imaginar a
algunas cargas públicas salivar profusamente.
Mayores esperanzas
sí tengo puestas en Japón. Además, su filosofía más cercana al budismo zen,
junto a la mayor sobriedad y salud ética y moral de sus instituciones, favorecerían
sin duda un mejor aprovechamiento del evento para beneficio de sus ciudadanos,
y no de unos parásitos cualificados.En la ciénaga
de corrupción y mercadeo político que es hoy nuestro Estado, serían contraproducentes. Ni un solo euro escaparía a semejante máquina devoradora de
dinero y de recursos, y devastadora del ahorro ciudadano. Nuestro Estado debe ser previamente dragado e intensamente
desratizado, desinsectado, y desinfectado. Y reducido a un tamaño que
le permita ser un Estado para los ciudadanos; y no como ahora, un Estado
saqueador, contra los ciudadanos y contra toda iniciativa privada.Por todo
ello les pido, señores miembros del Comité Olímpico Internacional, que tengan
piedad. Que no nos castiguen a los madrileños, con los Juegos de 2020. ¡NO A LOS JUEGOS
OLÍMPICOS DE 2020 EN MADRID!