No a los Juegos Olímpicos en Madrid

Ante la proximidad de la fecha en que se decidirá la sede olímpica que acogerá los Juegos de 2020, la preocupación me invade. Como español, y especialmente como madrileño.

 

. Como español, y especialmente como madrileño.
Desde que el Alcalde Alvarez del Manzano dejó el Ayuntamiento de Madrid, los madrileños llevamos padeciendo a una casta política municipal, una especie de “banda del derroche”, que solo tiene parangón con la que lleva ya una década instalada en la nación empobreciéndonos con Zapatero y Rajoy a su frente.

Madrid es el municipio más endeudado de España, con una deuda que en mayo de 2011 ascendía a 7.500 millones de euros; es decir, casi siete veces superior a la de Barcelona entonces, ciudad a la que apenas dobla en población, y que tampoco es ningún ejemplo de racionalidad en el gasto.

Dos años después, la deuda madrileña sigue clavada en los 7.500 millones, pese a haber disparado todos los impuestos y multiplicado las multas a los sufridos conductores y a ciudadanos y empresas por conceptos distintos a la conducción. ¿Austeridad? Ninguna. Solo despilfarro y abuso.

El anterior Alcalde gastó en torno a 500 millones de euros en la remodelación del edificio de Correos para que acogiera lujosísimos despachos e instalaciones en los que él y sus concejales desarrollarían sus ocupaciones diarias. Gracias al euro, las cifras siempre parecen menos; pero 500 millones de euros son 83.193 millones de pesetas (83.193.000.000 pesetas). Pero nada parece ser demasiado si es para que nuestros munícipes se sientan cómodos.

Actualmente le sucede Ana Botella en la Alcaldía y en sus políticas de rapiña, mientras él continúa haciendo lo propio al frente del Ministerio de Justicia.

Pese a la profunda crisis en la que nos vemos inmersos desde 2007, en la que el sector de la construcción prácticamente se ha volatilizado, los insaciables munícipes de esta banda del derroche casi han multiplicado por dos el Impuesto sobre Bienes Inmuebles desde entonces. A pesar de que los inmuebles se han depreciado hasta en un 70% desde el comienzo de la crisis, y resulta sumamente difícil su venta actual, incluso con grandes rebajas y muchos meses de espera.

El Ayuntamiento de Madrid (lo escribo sin hache por pura benevolencia) se inventó además una tasa de residuos que supone anualmente en torno a los 180 euros por vivienda y unos 600 euros por un pequeño despacho. Se da la particularidad de que a pesar del sablazo de al menos 600 euros que supone, el Ayuntamiento no retira residuos de las empresas obligadas a pagarla, que deben incurrir en un coste añadido contratando a tal efecto a una empresa autorizada por la Comunidad de Madrid. Pero dicha tasa ya existía, junto a la de alcantarillado y otras, y fue el socialista Juan Barranco quien las integró en el IBI actual, terminando con su dispersión. La nueva tasa - que como acabo señalar es nueva en todos los sentidos por cuanto viene a añadirse a otra con idéntico hecho imponible -, es ahora denominada eufemísticamente “Tasa por Prestación del Servicio de Gestión de Residuos Urbanos”, como si de algo de naturaleza ecológica o ecologista, o de prestación de algún servicio real, y no de mera rapiña, se tratara.

No parece improbable que inexplicables y repentinos enriquecimientos de concejales del Ayuntamiento de Madrid tengan su origen en el expolio al que somos sometidos los madrileños. No, no parece improbable en absoluto.

La tragedia del Madrid Arena, que acabó con la vida de cinco jóvenes, no ha sido ni de lejos aclarada. Pero ya se conocen demasiados detalles que deberían prevenirnos contra cualquier cosa que organizara este Ayuntamiento, incluidos unos Juegos Olímpicos. Hubo irregularidades de toda índole y las responsabilidades municipales por estos hechos no tienen discusión sino en el quantum.

En un Estado de corrupción como el nuestro, donde los cargos/as públicos/as se multiplican como por arte de birlibirloque, nunca falta un empresario amigo, compadre de algún político de casta, con buenos asideros en la cosa y dispuesto a aprovechar los favores de la omnipresencia pública con muy buena rentabilidad. El del Halloween en el Madrid Arena se apellidaba Flores, y su nombre figuraba subrayado con rotulador amarillo en los escritorios municipales, quizás para impedir que por despiste algún otro se le colara.

Experiencias anteriores en nuestro país nos dieron ya buena cuenta de cómo se distraen fondos hacia la financiación ilegal de los partidos y a clientelismos varios. Expo, JJOO, Palau… Y eso que aún la corrupción no se había extendido a todos los niveles políticos (estatal, autonómico, provincial y municipal), a los partidos políticos mayoritarios, y a las principales instituciones del Estado, Monarquía incluida.

Por todo ello es de temer, con muy alto grado de certidumbre, que la celebración de los Juegos Olímpicos de 2020 en Madrid vendrá acompañada de un renovado y contundente “sablazo” a todos los madrileños. Y también que equivaldrá a muchas toneladas de esos polvos que serán nuevos lodos unos años después, quién sabe si en forma de naves industriales o apartamentos en la Costa Azul en el patrimonio personal de algún concejal.

Por desgracia, la situación actual de Turquía no es precisamente la idónea para hacernos el gran favor de llevarse los Juegos Olímpicos de 2020. Y ello le otorga a la candidatura de Madrid una mayor probabilidad, por lo que puedo imaginar a algunas cargas públicas salivar profusamente.

Mayores esperanzas sí tengo puestas en Japón. Además, su filosofía más cercana al budismo zen, junto a la mayor sobriedad y salud ética y moral de sus instituciones, favorecerían sin duda un mejor aprovechamiento del evento para beneficio de sus ciudadanos, y no de unos parásitos cualificados.

En la ciénaga de corrupción y mercadeo político que es hoy nuestro Estado, serían contraproducentes. Ni un solo euro escaparía a semejante máquina devoradora de dinero y de recursos, y devastadora del ahorro ciudadano. Nuestro Estado debe ser previamente dragado e intensamente desratizado, desinsectado, y desinfectado. Y reducido a un tamaño que le permita ser un Estado para los ciudadanos; y no como ahora, un Estado saqueador, contra los ciudadanos y contra toda iniciativa privada.

Por todo ello les pido, señores miembros del Comité Olímpico Internacional, que tengan piedad. Que no nos castiguen a los madrileños, con los Juegos de 2020. ¡NO A LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE 2020 EN MADRID!

UNETE



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