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Juego sucio, histórico, del Estado español


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06/07/2013


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Es sabido que quien delinque procura ocultar las pruebas del crimen que podría imputarle. Es sabido y coherente, alejado de los supuestos de la legalidad. Pero que un Ministerio de Justicia destruya pruebas de radical importancia, con secretismo, es causa lógica de sospecha de corrupción; de sombra de duda sobre la imparcialidad jurídica. Obliga a replantearse criterios acerca de ciertos comportamientos sobre la naturaleza real, no teórica, de las instituciones más temidas, que no respetadas, por una ciudadanía harta de tantas evidencias de juego sucio.

España y su carácter democrático están descarnadamente en evidencia.



Este indicio de irregularidades-por definirlo con generosa levedad-  es familiar cuando repasamos las grandes injusticias, las oscuras lagunas de nuestro devenir fingidamente democrático. Hoy en día ya no hay que disimular.



¿Por qué en treinta años ni la Fiscalía ni ningún honorable juez se han dignado a investigar el saqueo delictivo de Rumasa, a punta de metralleta, cuando se demostró en 1997 la inocencia absoluta de José María Ruiz-Mateos?



¿Por qué nunca se celebró un juicio para aclarar lo sucedido con el mangoneo del felipismo sobre un holding que jamás tuvo una reprivatización de beneficio público?



¿Por qué la fiscalía y Hacienda arremeten contra quien fue víctima de un latrocinio estatal y se le sumió en absoluta indefensión con los jueces evitando ejercer elemental justicia? El Estado debe lo que robó pero el saqueo quedó impune porque el delincuente es el sistema contra el ciudadano inocente.





¿Por qué el pasado jueves 13 de Junio de 2013, el Ministerio de Justicia llevó en un furgón decenas de cajas con documentación-fuertemente vigilada- fechada en 1987 sobre la expropiación canallesca de Rumasa, con el fin de destruir el abundante material en una planta de reciclaje?



¿A QUÉ ES DEBIDA ESA FLAGRANTE DESTRUCCIÓN DE PRUEBAS TREINTA AÑOS DESPUÉS DEL CRIMEN?



En uno de esos papeles alguien dice que ni se sabe lo que se expropió ni por cuánto se vendió. Un país de estafadores que desde la Política han hecho lo que les ha dado la gana, es un país de mierdas por mucho que se enriquecieran con el golpe perfecto que politizó la justicia para quedar impunes.

España fijó la grandeza en la miseria de las inmundicias más influyentes, de los delincuentes estatales que delinquieron engañando al pueblo y a la Historia condenando a un país al oscurantismo a perpetuidad. No nos extrañe el agujero donde nos encontramos.

Es paradójico que una víctima de un latrocinio estatal haya conseguido destapar más corrupciones que la iniciativa de jueces honrados. Al empresario se debe la condena de tantos chorizos del felipismo destapando escándalos continuados de una pandilla de ladrones que, desgraciadamente, eran demasiado numerosos como para encarcelar a todos los responsables. Esa imposibilidad trajo después peores desgracias iniciadas con el zapaterismo a raíz de una masacre de 192 personas y miles de heridos, mágicamente sin resolver... abracadabrante lo que es el poder de la Política influido sobre la justicia.



Basta ver a mangantes de altos vuelos como Zapatero y Felipe González para comprender lo bajo que ha caído esta tierra de ladrones y malnacidos encumbrados por las víctimas mediante la burla de la justicia, tan sectaria y parcial que no hay venda que se sujete en la cara dura de tantos eximios togados.

Durante décadas de aparente democracia se ha pretendido edificar un país sobre el basamento de múltiples misterios sin resolver, con la ignorancia agradecida de una ciudadanía burlada que tan pronto la cargaron con billones de pesetas por el expolio que practicaron una minoría de delincuentes con influencia,  como la masacraron con un golpe de estado asegurándose de que las causas de la matanza quedaran sepultadas tras vergonzantes decisiones judiciales.





En esta España al descubierto nada es lo que parece, aunque todavía se pretenda disimular tanta vesania. Ni Justicia ni monsergas. Misterios y más misterios en este país de canallas respetados.



Etiquetas:   Corrupción   ·   Justicia   ·   Expropiación

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